Atahualpa Yupanqui, folklorista: "La cultura no es leer muchos libros, sino haber comprendido el espíritu de las cosas"

La frase de Atahualpa Yupanqui que defiende la sabiduría del paisano frente al académico.

15 de abril, 2026 | 05.00

En la entrevista de 1977 en el programa A fondo, Atahualpa Yupanqui no lanza esa frase como un eslogan corto, sino que la desarrolla dentro de una reflexión sobre la diferencia entre la instrucción (acumular datos) y la cultura (entender la vida).

"La cultura no es leer muchos libros; la cultura es haber comprendido el espíritu de las cosas. Hay mucha gente que ha leído mucho, pero que no ha entendido nada del drama humano ni del paisaje que lo rodea."

Don Ata solía expandir este concepto para defender la sabiduría del paisano analfabeto. Para él, un hombre de campo que sabía observar el clima, el comportamiento de los animales o el dolor de su vecino era mucho más "culto" que un académico que solo repetía textos.

En otro tramo de sus reflexiones, complementaba esta idea diciendo: "He conocido analfabetos que eran señores de la cultura, porque sabían interpretar el silencio de la tierra."

Quién fue Atahualpa Yupanqui, el payador que llevó la cultura argentina al mundo

Atahualpa Yupanqui nació como Héctor Roberto Chavero en Pergamino, provincia de Buenos Aires, en 1908. Pero su verdadera identidad se forjó en el camino, en los pueblos del norte, en las peñas y en las chacras. Fue payador, guitarrista, compositor, poeta y escritor. Pero ante todo, fue un hombre que escuchaba.

Su obra incluye más de 300 canciones, entre las que se destacan "Los ejes de mi carreta", "El arriero", "Luna tucumana" y "Zamba del laurel". Pero su legado no se mide solo en discos. Se mide en la profunda huella que dejó en la cultura popular argentina y latinoamericana.

Yupanqui no era un artista de escritorio. Recorría los caminos a caballo o en tren, con su guitarra al hombro, durmiendo en galpones y compartiendo mate con los paisanos. De esos encuentros nacían sus canciones y sus reflexiones. Por eso su mirada sobre la cultura no era académica: era vivencial.

En los años 60 y 70, su fama trascendió fronteras. Actuó en París, Berlín, Tokio y Nueva York. Pero nunca cambió su esencia. Siempre se presentaba con poncho y alpargatas, con la humildad del que no olvida sus raíces.

Un paisano que sabe leer el clima es más culto que un académico repetidor.

Por eso, cuando hablaba de cultura, no pensaba en bibliotecas ni títulos universitarios. Pensaba en el paisano que sabe leer las estrellas, en la mujer que teje con lana de oveja, en el niño que aprende a domar mirando a su padre. Para él, esa era la verdadera cultura.

Atahualpa Yupanqui murió en Nîmes, Francia, en 1992. Pero su voz sigue viva cada vez que alguien canta una zamba, cada vez que un joven toma la guitarra y cada vez que alguien se detiene a escuchar el silencio de la tierra.