La situación sociolaboral luego de 28 meses de gobierno de Milei, en base a datos oficiales y de consultoras privadas, muestra lo siguiente:
- Aumentaron las personas sin trabajo y con pluriempleo.
- La precarización y la informalidad se extendieron en el mundo laboral.
- El ingreso de la mayoría de la población perdió poder adquisitivo.
- El consumo masivo mantiene una tendencia decreciente.
- El dinero de los hogares destinado a pagar servicios públicos y privados absorbe una porción cada vez mayor del presupuesto familiar.
- La actividad económica está estancada o en recesión, excepto en sectores que no generan puestos de trabajo en cantidad.
- La capacidad de compra de la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar descendió a lo largo del año pasado.
- El haber mínimo jubilatorio pierde poder adquisitivo por la aceleración de la inflación y el congelamiento del bono compensatorio en 70.000 pesos.
- La tasa de inflación aumenta desde mayo del año pasado con salarios moviéndose por debajo de esa suba.
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Con este panorama general negativo, resulta difícil sostener, con un mínimo de rigor intelectual, que el ciclo liberal-libertario mejoró los indicadores de pobreza e indigencia. Para llegar a esa conclusión hay que convalidar dos distorsiones decisivas en la medición. La primera es hacer el cálculo con un índice de precios desactualizado, elaborado con la canasta de bienes y servicios de 2004/2005, cuando ya existe el IPC con la canasta 2017/2018. La segunda es la modificación de la metodología de medición de la pobreza aplicada por el INDEC.
Ambos elementos alteran una evaluación seria de la información oficial. La baja de la pobreza que exhibe el INDEC no puede leerse como el reflejo de una mejora real en las condiciones de vida, sino como el resultado de una medición distorsionada por una canasta vieja y por cambios metodológicos que sobrerrepresentan esa caída. El manoseo de las estadísticas oficiales llegó a tal punto que hasta Marco Lavagna, quien durante dos años convalidó ese manejo irregular, terminó renunciando cuando el Gobierno intervino para bloquear la publicación del nuevo IPC. Ese índice, obviamente, iba a registrar una suba más elevada que el actual, que sigue siendo la referencia oficial para medir pobreza e indigencia.
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Menor cobertura de la AUH y la Tarjeta Alimentar
Una de las primeras medidas en el área social que Milei dispuso al inicio de su gobierno fue aumentar por encima de la inflación los montos de la AUH y la Tarjeta Alimentar. Esa decisión ofreció un colchón de contención frente al fuerte ajuste del gasto público y, en especial, ante el impacto devastador de la megadevaluación sobre los ingresos de la mayoría de la población.
Sin embargo, por la propia lógica del ajuste regresivo, con caída de la recaudación tributaria y la exigencia de seguir reduciendo el gasto público para equilibrar las cuentas, estos dos programas sociales también quedaron alcanzados por la motosierra libertaria.
Tras la mejora registrada en 2024, en el escenario actual estas transferencias cubren cada vez menos las necesidades básicas de los hogares pobres. Esa insuficiencia se vuelve todavía más evidente cuando se las compara con una canasta actualizada según la estructura de gasto de los hogares relevada en la encuesta 2017/2018.
En febrero de 2026, los hogares que reciben la AUH y la Tarjeta Alimentar cubrieron entre el 39 y el 62 por ciento de la canasta básica alimentaria, y entre el 18 y el 28 por ciento de la canasta básica total, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA. Pero esos porcentajes cambian según cuál sea la canasta de referencia. “Cuando se aplica una medición más actualizada de los gastos del hogar, la cobertura cae entre 6 y 10 puntos porcentuales adicionales”.
El informe del ODSA-UCA, elaborado por Fernando Gallegos Piderit y Alejo Giannecchini, que monitorea trimestralmente la evolución de estas transferencias desde 2009 y mensualmente desde 2016, destaca dos cuestiones relevantes.
- La cobertura de estas dos transferencias de ingresos destinadas a los estratos más bajos de la sociedad lleva cinco meses cayendo. Desde el tercer trimestre de 2025, tanto la canasta alimentaria como la canasta total aumentan mes a mes por encima de la inflación general, erosionando el poder de compra de la AUH y la Tarjeta Alimentar. Respecto de ese piso, la cobertura perdió entre 1,2 y 7,5 puntos porcentuales, según el tipo de hogar y la canasta utilizada.
- La canasta oficial subestima el gasto real de los hogares. La medición vigente se basa en una encuesta de gastos de los hogares de 2004/2005. Una canasta alternativa construida con datos de 2017/2018 resulta entre un 42 y un 55 por ciento más cara que la oficial. Esto implica que los porcentajes reales de cobertura podrían ser un tercio menores que los que muestra la estadística oficial.
Desde mediados de 2025, la jubilación mínima viene experimentando un descenso en términos reales a causa del aumento progresivo de la variación del Índice de Precios al Consumidor.
Poda de los ingresos reales de las y los jubilados
Otro grupo social muy sensible a la variación de ingresos para ubicarse por encima o por debajo del umbral monetario de pobreza es el de las y los jubilados. El recorrido del poder adquisitivo de este sector ha sido descendente y, pese a ello, el índice de pobreza del INDEC muestra una mejora. Ese desacople también forma parte de los dibujos estadísticos del mileísmo.
Otro informe del ODSA-UCA destaca que, en febrero de 2026, el haber mínimo jubilatorio fue de 359.254 pesos sin bono compensatorio y de 429.254 pesos incluyendo el bono compensatorio de 70.000 pesos. Esto representa una caída del 8,1 por ciento del haber en términos reales respecto del monto de junio de 2024, que fue el punto más alto después del pico inflacionario de 2023/2024.
Desde mediados de 2025, la jubilación mínima viene experimentando un descenso en términos reales a causa del aumento progresivo de la variación del Índice de Precios al Consumidor.
Entre junio de 2025 y febrero de 2026, el haber mínimo sin bono se redujo un 2,6 por ciento y el haber bonificado un 5,3 por ciento, medidos a precios constantes.
Por un lado, esto se debe a que la actualización mensual de los montos se realiza en base a la variación del IPC de dos meses atrás. Al ir en aumento esa variación mes a mes, la actualización resulta insuficiente para alcanzar el nuevo nivel de precios.
Por otro lado, el bono compensatorio de 70.000 pesos se mantiene congelado desde marzo de 2024 y cada mes representa una porción menor del haber mínimo bonificado.
Alteraciones en la metodología de las estadísticas oficiales
En una evaluación más amplia, el ODSA-UCA publicó informes recientes, en septiembre y diciembre de 2025, donde cuestiona la magnitud de la baja de la pobreza informada por el INDEC y advierte que existe un “descenso sobrerrepresentado” por factores metodológicos.
Una parte significativa de la caída de la pobreza reportada por el INDEC no responde a una mejora real del poder adquisitivo, sino a cambios en el instrumento de medición del Instituto. Se modificó la forma de preguntar por los ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares, logrando una mayor captación neta de ingresos laborales y no laborales que antes se omitían o se subestimaban.
Por eso, en este artículo no se publica la cifra del índice de pobreza del INDEC. Hacerlo sería convalidar un dibujo estadístico construido a partir de intervenciones deliberadas del Gobierno sobre la metodología de elaboración.
Se sabe, por experiencias pasadas, que las estadísticas oficiales alteradas distorsionan el análisis y, sobre todo, la orientación de las políticas públicas. El festejo desmesurado de Milei y compañía por esas cifras de fantasía, aceptado acríticamente por el dispositivo de la derecha, no puede ocultar lo esencial.
Si aumentan el pluriempleo, la precarización y la informalidad, si cae el poder de compra de la AUH, la Tarjeta Alimentar y las jubilaciones mínimas, si el consumo masivo sigue en retroceso y si los hogares destinan cada vez más dinero a cubrir servicios básicos, entonces la supuesta mejora social que reflejan los números oficiales no describe lo que está sucediendo en la vida cotidiana.
La política económica y social liberal-libertaria, en realidad, está golpeando el bienestar general y hundiendo en la miseria a cada vez más personas.
