El atraso cambiario es uno de los pilares fundamentales del programa económico de Javier Milei. La negación de esta situación por parte del equipo económico solo acumula tensiones que, como lo demuestran similares experiencias anteriores, terminan en una crisis económica-financiera generalizada.
El argumento oficialista para descartar la posibilidad de este desenlace se basa esencialmente en que las exportaciones no se estancaron. Es cierto, pero no se incorporan en ese argumento dos cuestiones que explican este aumento: el superávit comercial energético y la fortuna del buen clima para entregar dos años consecutivos de extraordinarias cosechas del agro.
Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.
Otro factor que hoy está relajando también el frente externo es el persistente estancamiento de la actividad y del consumo vinculados al mercado interno. La velocidad de aceleración de las importaciones aminoró por un lado por el derrumbe de la producción industrial, que redujo las compras externas de bienes de capital e intermedios, y por otro por la caída del consumo interno de bienes finales. Algunos rubros están padeciendo este golpe por partida doble: la producción nacional está deprimida y el stock importado no tiene salida porque la demanda está débil. El caso emblemático de este comportamiento es el textil.
MÁS INFO
Gráfico de la evolución del tipo de cambio real multilateral, del BCRA. La tendencia de apreciación en lo que va de 2026 es acelerada: al inicio del año el índice marcaba 94,2 puntos, lo que implica una caída del 11% en apenas tres meses. Elaboración propia en base a datos del Banco Central.
Cada vez más cerca del final de la convertibilidad
El último registro del índice de tipo de cambio real multilateral elaborado por el Banco Central, del 26 de marzo de 2026, es de 83,80 puntos. Arrancó en 162,20 el 14 de diciembre de 2023, el día después de la megadevaluación, y desde ese pico no ha dejado de descender: el tipo de cambio real se ubica hoy a la mitad de donde estaba cuando Milei asumió. El experimento liberal-libertario va por 28 meses de atraso cambiario; en este ciclo, solo en los tres meses y medio iniciales este indicador se ubicó por encima de la referencia base 100.
La serie de este indicador es larga, iniciada en enero de 1997, lo que permite un análisis detallado de cuándo hubo momentos similares. El nivel actual se está acercando al que existía en los años previos al estallido de la convertibilidad. Todavía se encuentra entre un 10% y un 20% por encima del mínimo de entonces, cuando en enero de 2002 anotó 68,90. Pero la tendencia de apreciación en lo que va de 2026 es acelerada: al inicio del año el índice marcaba 94,2 puntos, lo que implica una caída del 11% en apenas tres meses, y no hay señales del equipo económico de que vaya a hacer algo para revertirla.
El Banco Central mide este índice a partir de un promedio ponderado de los tipos de cambio reales bilaterales con los principales socios comerciales del país —Brasil (32%), China (16%), Zona del euro (19%) y Estados Unidos (12%), entre otros— considerando la evolución de los precios de las canastas de consumo de cada socio en relación con la canasta local. Es una de las medidas más amplias de competitividad-precio disponibles, según el Banco Central.
La apreciación acumulada en los primeros meses de 2026 lleva al indicador a niveles equivalentes a los registrados en 2017, durante la administración Macri, un período caracterizado por la misma combinación que hoy se repite: apertura comercial, endeudamiento externo creciente y tipo de cambio apreciado. Ese ciclo derivó en la crisis de 2018, cuando la salida de capitales obligó a una devaluación abrupta y al regreso al FMI con un préstamo récord. En ambos episodios, el ancla cambiaria operó como mecanismo de desinflación de corto plazo con acumulación de vulnerabilidad externa de mediano plazo.
Tomando los saldos mensuales informados por el Banco Central, la cuenta “Servicios” cerró 2024 con un saldo negativo acumulado de 4875 millones y 2025 agregó otros 10.975 millones.
El mecanismo de destrucción
Gustavo Reija publicó en el medio digital 13News-info "El atraso cambiario como destructor silencioso". Afirma que el problema del plan económico de Milei es que la apreciación del tipo de cambio es por diseño, no por casualidad o por un acontecimiento local o externo inesperado. El atraso cambiario genera tres efectos simultáneos que se refuerzan entre sí:
- Encarece los costos en dólares de la manufactura doméstica.
- Subsidia implícitamente las importaciones competitivas.
- Destruye los márgenes exportadores en textil, metalmecánica y economías regionales.
El resultado es cuantificable: "La participación industrial en el PIB cayó a registros históricamente deprimidos, hay cierres en el sector textil, aumentó la capacidad ociosa en metalmecánica y existe la reconversión de empleo registrado a informalidad".
Reija detalla la secuencia destructora: los costos en dólares suben, el margen de las empresas se comprime, la inversión se frena, la producción cae, se destruye empleo, el consumo retrocede, la recaudación tributaria baja y el ajuste económico se profundiza.
A la vez, entrega una evaluación de la serie histórica del dólar informal a valores constantes. El precio del dólar paralelo actual, deflactado por la inflación acumulada desde los distintos picos de los últimos diez años, se ubica en niveles mínimos de la década. El máximo histórico de octubre de 2020 representaría, a precios de hoy, aproximadamente 5.030 pesos —un 250% por encima de la cotización actual—. El pico de octubre de 2023, en plena incertidumbre electoral, equivaldría a cerca de 3.950 pesos. Incluso el máximo nominal de julio de 2024, ajustado por inflación acumulada, representaría aproximadamente 2.350 pesos —un 64% por encima del valor vigente—. "En términos reales, el dólar de marzo de 2026 es el más barato de los últimos diez años, con la única excepción parcial del período 2016-2018", concluye.
Turismo al exterior, otro talón de Aquiles
El atraso cambiario no solo castiga a la producción de bienes. También empieza a perforar con fuerza la cuenta de servicios del frente externo. En febrero, la cuenta “Servicios” del balance cambiario registró un déficit de 741 millones de dólares. El principal agujero estuvo en el rubro de consumos con tarjetas, viajes y pasajes, con un rojo de 649 millones. Al detallar ese concepto, el Banco Central estima egresos brutos por 898 millones: 662 millones por gastos con tarjeta vinculados a viajes, 119 millones por transporte de pasajeros y 117 millones por giros al exterior de operadores turísticos. El egreso neto por viajes y pasajes fue de 562 millones de dólares en un solo mes. Este resultado es una consecuencia directa del dólar atrasado: se abarata salir, viajar y gastar afuera, mientras se encarece producir, invertir y vender en el país.
No se trata de un dato circunstancial. En enero, la cuenta “Servicios” ya había arrojado un déficit de 946 millones. De ese modo, el primer bimestre de 2026 acumuló un rojo de 1.687 millones.
Tomando los saldos mensuales informados por el Banco Central, la cuenta “Servicios” cerró 2024 con un saldo negativo acumulado de 4875 millones y 2025 agregó otros 10.975 millones. Con el rojo del primer bimestre de 2026 y sumando diciembre de 2023 como punto de arranque estadístico de la actual gestión, el saldo acumulado negativo de la cuenta “Servicios” asciende a 17.557 millones de dólares.
La calma que precede a la tempestad
El último informe de Vectorial señala que la economía transita "una etapa de aparente estabilidad financiera que convive con desequilibrios crecientes bajo la superficie". Destaca que, mientras el tipo de cambio se aprecia y el Banco Central continúa comprando reservas en un contexto de fuerte apuesta al carry trade, el índice de riesgo país permanece elevado y el acceso al financiamiento externo sigue vedado, obligando al Gobierno a profundizar su dependencia del mercado local en dólares.
Indica que la política monetaria, con tasas reales negativas y un peso apreciado, busca reactivar el crédito y sostener el consumo, pero lo hace sobre una actividad económica que no logra consolidar una recuperación sólida y que es cada vez más heterogénea: el crecimiento continúa concentrado en agro, minería e intermediación financiera, mientras industria, comercio y construcción permanecen rezagados.
Al mismo tiempo, la economía real muestra señales de fragilidad estructural —mayor dependencia de importaciones, inversión aún insuficiente, deterioro del mercado laboral y consumo sostenido crecientemente por endeudamiento— configurando "un escenario en el que la estabilidad cambiaria actual aparece menos como un punto de llegada que como una escala transitoria, cuya sostenibilidad dependerá de la continuidad de los flujos financieros y de la capacidad del modelo para generar crecimiento con bases productivas más amplias".
Una política de ganadores y perdedores
El atraso cambiario no es un efecto colateral del programa de Milei; es su núcleo distributivo. Detrás de la narrativa oficialista de la estabilización y la inflación reprimida, la apreciación cambiaria y el ancla de salarios deprimidos son vías para consolidar una transferencia de ingresos desde los sectores productivos —industria, economías regionales, pymes exportadoras— hacia el sector financiero, los importadores y los tenedores de activos en dólares que apuestan al carry trade.
El tipo de cambio barato no es un error; es el precio que pagan los trabajadores y empresarios vinculados al mercado interno para sostener, en términos políticos, el proyecto de Milei.
La variable que concentra la principal incertidumbre del modelo en el corto plazo es cómo el Gobierno sale de la trampa cambiaria. Si el FMI, para aprobar la próxima revisión del acuerdo, contempla alguna corrección cambiaria, podría precipitar lo que Milei quiere evitar: una devaluación que licúe lo construido en la narrativa oficial sobre la inflación. La historia enseña que cuando el mercado cambiario se sostiene sobre flujos financieros y no sobre fundamentos productivos, el ajuste no se evita; solo se pospone y se agrava.
El índice de tipo de cambio real multilateral en 83,80, con tendencia a profundizar el atraso cambiario, no es un dato estadístico más. Es el contador regresivo de un modelo que se sabe cómo termina. La convertibilidad no colapsó de un día para el otro: se fue agotando entre elogios externos y desequilibrios internos que se acumulaban bajo la alfombra de la propaganda oficial. La pregunta no es si este esquema es sostenible, sino cuánto tiempo más aguanta.
