La victoria de Paraguay contra Alemania en el Mundial generó una celebración sin precedentes en Asunción, donde el presidente Santiago Peña decretó un día de asueto. Pero más allá del festejo local, el triunfo provocó una reacción global difícil de entender: millones de personas alrededor del mundo, sin ningún vínculo con Paraguay ni su selección, terminaron alentando a un equipo que partía como claro desfavorecido.
El politólogo Tomás Trapé abordó esta pregunta en una columna, señalando que este fenómeno es conocido como el efecto underdog, estudiado por la psicología social desde hace décadas. "¿Por qué personas que no saben ubicar a Paraguay en el mapa, que no conocen un solo jugador y no tienen ningún vínculo con ese país lloraron, se emocionaron o gritaron los penales como propios? Eso es el efecto underdog", resumió.
Este caso no es único. En cada Mundial aparece un equipo inesperado que despierta simpatía global, como sucedió con Uruguay en Sudáfrica 2010 o Marruecos en Qatar 2022. Lo que conquista no es solo el resultado, sino de la posibilidad de que quien parecía condenado a perder desafíe todos los pronósticos.
Sin embargo, esta inclinación no es un instinto biológico. Trapé destacó investigaciones de François Quesque, del Centro de Neurociencia de Lyon, que muestran que los niños pequeños tienden a apoyar al más fuerte, un comportamiento ligado a mecanismos evolutivos de supervivencia. La tendencia a alentar al débil aparece recién con el aprendizaje cultural de valores como la justicia y la igualdad. "Hinchar por el débil no es instinto, se aprende. Es una conquista cultural, una capa de moral adquirida", explicó el politólogo en Infobae.
La teoría de la compensación justa, desarrollada por el psicólogo social Joseph Vandello, refuerza esta idea. Según esta teoría, el underdog cumple una función de equilibrio en la sociedad. "El underdog es el equilibrador de la sociedad", afirmó Trapé. Esta lógica atraviesa relatos clásicos de la cultura occidental, desde David y Goliat hasta Rocky, porque apelan a una necesidad de corregir desigualdades.
David contra Goliat: La necesidad de equilibrio
En experimentos, Vandello mostró que cuando se presenta un equipo favorito y otro desfavorecido, cerca del 90% de las personas eligen apoyar al más débil. Esto ocurre porque se percibe que quien tiene menos recursos pone más esfuerzo, aunque no haya evidencia objetiva. "El efecto underdog depende de una percepción de injusticia, de una desventaja que sentimos que debería corregirse", señaló Trapé.
Esta dinámica no solo se limita al deporte. Trapé planteó una pregunta clave: “¿Hinchamos por el débil o hinchamos contra el poderoso?”. Ambos mecanismos conviven, ya que cualquiera puede verse reflejado en la figura del underdog, sea en el trabajo, en las deudas o en conflictos personales. "Si Cabo Verde puede empatarle a España, quizás nosotros también podemos con nuestros Goliats", reflexionó.
Desde esta perspectiva, también se entienden fenómenos políticos recientes. Trapé recordó la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca en 2011, cuando Barack Obama ironizó sobre Donald Trump sentado en el público, transformándolo en underdog ante millones de espectadores. Además, interpretó que el ascenso político de Javier Milei también se apoyó en esta imagen de outsider y marginal, encarnando una injusticia que parte del electorado quería corregir.
No obstante, el efecto underdog tiene un lado menos evidente. Un estudio de Vandello en 2011 reveló que actos violentos cometidos por un país débil son percibidos como más justificables que los mismos actos de un país poderoso. "El débil no solo genera simpatía; genera absolución. Le perdonamos cosas que al fuerte no le perdonaríamos jamás", advirtió Trapé. Esto explica por qué los outsiders suelen tener mayor tolerancia social tanto en el deporte como en la política.
Finalmente, Trapé planteó una reflexión sobre qué sucede cuando el underdog alcanza el poder. "¿Milei puede seguir vendiéndose como outsider desde la Casa Rosada? ¿Qué pasa el día que el underdog gana? ¿Lo seguimos queriendo o empezamos a buscarle el lado oscuro?". Quizás esta pregunta también ayude a entender por qué millones celebraron la victoria de Paraguay: no por conocer a sus jugadores, sino porque durante un rato sintieron que el mundo había corregido una desigualdad.
