Los satélites de Trump celebran y la izquierda busca acomodarse en medio de la ola MAGA en América Latina

Mientras el ecosistema trumpista festeja un supuesto "efecto contagio" de la derecha en el continente, la realidad del 2026 muestra un tablero donde la Casa Blanca no solo premia a sus aliados, sino que asfixia el margen de maniobra de la izquierda y el progresismo regional. 

04 de julio, 2026 | 11.14

A veces es necesario pasar a través del espejo, como hizo Alicia, para entender qué ven del otro lado. “Trump logra 8 triunfos en 7 años en América Latina”, se lee en MaxNews, uno de los pasquines digitales que adulan al presidente estadounidense. ¿A quiénes anotan en esa lista? El primero es el salvadoreño Nayib Bukele, primer mandatario de la región en ser recibido en la Casa Blanca tras el regreso del republicano. Lo sigue, por supuesto, Javier Milei, invitado de honor en la cena previa a la investidura, y el tercero es el ecuatoriano Daniel Noboa, quien se apresuró a recibir a las primeras delegaciones de la gestión Trump II. Detrás de ellos aparecen los liderazgos más recientes o en ascenso: el boliviano Rodrigo Paz, el chileno José Antonio Kast, el hondureño Nasry "Tito" Asfura, la peruana Keiko Fujimori y el colombiano Abelardo de la Espriella. ¿Y a quién le atribuyen el mérito de este ajedrez? Exclusivamente al presidente de Estados Unidos. Bajo esta lógica, no hay margen para que nadie se despegue del eje de Washington: es alineamiento o una guerra de asfixia.

¿Cómo se ve a estos líderes desde las terminales trumpistas? Como los alumnos ejemplares y portadores de las predicaciones del magnate: “Ley y orden, nacionalismo económico, seguridad fronteriza, antisocialismo y resistencia a las estructuras políticas arraigadas”. Sin embargo, a los analistas norteamericanos se les escapa una diferencia sustancial con el predicador del nacionalismo económico: la mayoría de estos líderes están lejos de esa doctrina proteccionista, aunque en el resto de los conceptos está claro que saben actuar bajo el mismo libreto.

Esta sintonía provoca que todo el tablero político de la región se mueva a un ritmo frenético orquestado desde la Casa Blanca. La música no solo suena para los gobiernos alineados de siempre, sino para todo el vecindario. Por estos días, Javier Milei cumple su parte y baila una vez más al ritmo de Y.M.C.A. en la Embajada de EE. UU. en Argentina, al tiempo que Keiko Fujimori restablece su dinastía en Perú —abriendo el interrogante de si alejará al país de su gran inversor, China— y en la derecha colombiana asoma un nuevo rostro con Abelardo de la Espriella, tan subordinado que no esperó las felicitaciones de Trump, sino que se anticipó a llamarlo él mismo.

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“America First no significa América solo, significa América unidos con nuestros socios”, dijo el embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas, en las celebraciones anticipadas por el 4 de julio. Pero más allá de la retórica diplomática, el verdadero giro dramático se ve en la —hasta ahora— vereda de enfrente. Venezuela sorprende —aunque ya no tanto— al darle la bienvenida a delegados israelíes tras la tragedia del doble terremoto, mientras que el Uruguay de Yamandú Orsi anuncia cooperación con el norte. Los contradictores de Washington se quedan sin oxígeno. Mientras Trump vuelve a provocar a Cuba, un Lula cada vez más aislado y sin poder de agencia lidera un deslucido encuentro del Mercosur, cercado por líderes del "Escudo de las Américas" como José Antonio Kast y Santiago Peña. Como broche de oro, la Casa Blanca ya amenaza a Claudia Sheinbaum con congelar la renovación del T-MEC.

Al hacer doble clic sobre estos casos, se evidencia la magnitud de la entrega. Tel Aviv vio la puerta de Caracas abierta por Estados Unidos y aprovechó la oportunidad tras 17 años de relaciones congeladas. La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, agradeció a Israel el envío de expertos en desastres para colaborar ante los devastadores sismos, una misión que “podría marcar un primer paso hacia el restablecimiento de las relaciones”, según la prensa israelí. En tanto, en Montevideo desfilaron blindados militares donados por Estados Unidos para misiones de paz, luego de que el Gobierno uruguayo habilitara su uso para el patrullaje interno. “No es un tema de imagen, es de acción; hay que resolver”, se justificó Orsi, pero el impacto simbólico es innegable: se ven fierros militares extranjeros volcados a la seguridad interior. Esto demuestra que Uruguay ya no es el páramo pacífico que solía ser ante los crecientes desafíos del crimen organizado, y evidencia cómo la izquierda local no parece ofrecer una alternativa convincente para hacer frente a los discursos de securitización y mano dura que promueve Washington.

Respecto a Cuba, Trump se muestra confiado y sentencia: "Viene hacia nosotros". La asfixia generalizada llevó a la isla a una crisis humanitaria crítica. A cualquier precio y caiga quien caiga, el magnate está dispuesto a tirar el agua de la bañera con el nene adentro: busca voltear al Gobierno cubano estrangulando a su población.

Otro que intenta mantener la cabeza erguida es Lula en Brasil, pero la cuenta regresiva hacia las elecciones de octubre provocó que —al igual que en Colombia— Trump no dudara en intervenir directamente. El estadounidense anunció un aumento de aranceles, designó a organizaciones criminales brasileñas como terroristas e hizo publicaciones de fuerte contenido político en apoyo a Flavio Bolsonaro. Paradójicamente, el propio Flavio —mientras lidia con las internas del clan familiar frente a Michelle Bolsonaro— le pidió a Trump que dé marcha atrás con los aranceles, argumentando que la medida terminará perjudicando a la economía y beneficiando colateralmente al líder del Partido de los Trabajadores. Más allá de este tiro por la culata, a Lula le toca un escenario regional hostil; presenció por estos días una cumbre del Mercosur donde quedaron expuestas todas las diferencias con sus “socios” ultras. Santiago Peña, el anfitrión paraguayo, lo puso en palabras al admitir un "sabor amargo". Lula bien podría preguntarse: “¿Qué tengo en común con Rodrigo Paz (Bolivia), José Antonio Kast (Chile) o Daniel Noboa (Ecuadror)?”. Queda Orsi en Uruguay, pero resulta insuficiente. En el norte, Sheinbaum —cuyo país opera casi como un apéndice comercial de Estados Unidos— está severamente condicionada por las amenazas del magnate de salirse del T-MEC. Si bien la ruptura también sería costosa para Washington, la líder de Morena siente la respiración del republicano en la nuca.

Para el New York Post (NYP), esta “tendencia latinoamericana” hacia la derecha no inició con Bukele, sino con Milei en 2023, “después de prometer acabar con el intervencionismo estatal y adoptar la economía de libre mercado”. El medio estimó que el factor clave detrás de este giro es "el atractivo característico de Trump, en particular su enfoque en la lucha contra las drogas, las pandillas y el terrorismo". Queda claro que la agenda de seguridad son los anteojos con los que el republicano mira a la región, y su “colaboración” pocas veces va más allá de esos temas.

Es innegable que la región sufre una crisis de seguridad frente a las mutaciones del crimen organizado. Sin embargo, la gravedad del escenario radica en que la única respuesta de los mandatarios locales sea levantar el teléfono y llamar al Despacho Oval para pedir recetas de alto impacto que les permitan sobrevivir políticamente, en lugar de articular y proponer políticas soberanas desde el sur global.

El mes pasado, el mismo NYP afirmó que “el rápido éxito de Milei le granjeó una gran popularidad en toda Latinoamérica”. Esta lectura se dio inmediatamente después de la victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia, construyendo una narrativa de causa y efecto. “Los sudamericanos y centroamericanos se han contagiado enormemente de la fiebre MAGA”, destacó el periódico, agregando que esta preferencia regional por los ultras contrasta con los "izquierdistas" estadounidenses que presionan por copiar los supuestos fracasos del intervencionismo latinoamericano.

Entender este simbolismo de Milei, así como el deseo manifiesto de Bukele de ir por una re-reelección al inscribir su tercera candidatura, implica asumir que Washington hará todo lo posible por mantener las piezas de este ecosistema en pie. Cuando el NYP criticó ferozmente la carta de economistas internacionales que advertían sobre el experimento libertario argentino, sentenció: “Ningún economista de renombre escribió jamás cartas abiertas advirtiendo de que la perversa mezcla de fascismo, socialismo y sindicalismo de los peronistas o kirchneristas llevaría a Argentina a la miseria”. Esta defensa corporativa demuestra que, para el entramado comunicacional e ideológico de Washington, no se trata de simples elecciones vecinales: es una cruzada de vida o muerte para la supervivencia global del organismo MAGA.

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Dacil Lanza

Es periodista especializada en política internacional en medios como la agencia Télam, el diario italiano Il Manifesto, la revista Nueva Sociedad y Cenital. En El Destape Radio es parte de Palermo Wuhan los sábados de 7 a 10 de la mañana. Hizo coberturas en Brasil, Chile, Colombia y España. Como freelance viajó a otra región que la apasiona: Medio Oriente, donde conoció Israel, Palestina y Egipto.