Imaginá darte un chapuzón en un agua limpia y transparente, pero sin rastros de cloro ni químicos. Esa es la propuesta que ganan terreno en las casas de verano con las biopiscinas, un concepto que busca integrar el agua como un ecosistema vivo, en vez de un simple recipiente artificial. Para quienes buscan un equilibrio entre disfrute y cuidado ambiental, estas piletas naturales son la opción ideal.
Los arquitectos Sandra Iperico y Adrián Maldonado, fundadores de Cuenca Biopiscinas, llevan más de diez años explorando esta forma diferente de pensar el agua. “Nosotros pensamos la biopiscina como agua viva”, explican. “Un agua que no está alterada por productos químicos y que se comporta de manera natural”.
La diferencia fundamental con una piscina convencional es que la biopiscina se divide en dos sectores: uno para nadar y otro regenerativo. En esta segunda área, plantas acuáticas, piedras y microorganismos trabajan juntos para depurar el agua. “La limpieza no se logra agregando químicos, sino permitiendo que la biología haga su trabajo”, detallan desde Cuenca.
El resultado es un agua con tonos naturales similares a los de un río o lago, muy distinta al color turquesa artificial que se ve en las piletas tradicionales. Pero el verdadero desafío comienza cuando la obra está terminada: el sistema sigue vivo, y el agua, las plantas y el entorno interactúan y evolucionan con el tiempo y el uso. “No es un objeto terminado, es un proceso vivo que se va transformando”, aclaran los arquitectos.
En cuanto al funcionamiento, el corazón del sistema es un biofiltro natural, una zona donde microorganismos depuran el agua de forma continua. El agua circula constantemente gracias a bombas y filtros, evitando el estancamiento y asegurando la oxigenación permanente. Además, el sistema se adapta a las estaciones, trabajando más en verano y menos en invierno, siguiendo los ritmos naturales.
Tras la instalación, Cuenca Biopiscinas realiza un seguimiento post-obra para supervisar cómo evoluciona el ecosistema y ayudar al usuario a mantener el equilibrio del agua. Para eso, forman equipos con biólogos locales, asegurando que cada biopiscina se adapte a las condiciones climáticas y biológicas de su región.
Cuánto cuestan las biopiscinas
Actualmente, Cuenca trabaja en distintas regiones de Argentina y Uruguay, adaptando cada proyecto según el clima, la biología y la cultura local. El proceso completo, desde el diseño hasta la instalación, suele durar alrededor de tres meses, aunque depende del tamaño y complejidad del sistema.
En cuanto al costo, el valor de referencia ronda los u$s 580 por metro cuadrado. Desde Cuenca aclaran que, aunque pueda ser similar al precio de una piscina tradicional, el producto final es muy distinto: “Una biopiscina es el resultado de un trabajo interdisciplinario que involucra arquitectos, biólogos y técnicos especializados, desde el diseño inicial hasta el funcionamiento biológico del agua”.
