La segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas y la evaluación del programa en el marco del Artículo IV del Fondo Monetario Internacional expone, inicialmente, un respaldo, en tono exagerado, al plan económico de Milei. En forma textual, dice que “el programa de estabilización de la Argentina continuó mostrando resultados impresionantes, aunque los desafíos derivados de las incertidumbres políticas desaceleraron algunos de esos avances”.
También acompaña la excusa libertaria del denominado “riesgo kuka” sin mencionarlo de este modo, sino que lo hace con lenguaje tecnocrático: “Las incertidumbres políticas durante 2025 desaceleraron temporalmente el crecimiento y el proceso de desinflación”.
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Ahora bien, el staff de economistas dedicados a evaluar el caso argentino debería ser señalado por Javier Milei como mandril, debido a que, desde una visión económica conservadora, realizó las mismas observaciones críticas de los economistas ortodoxos locales, que encolerizan al presidente.
El mismo documento que elogia al Gobierno también expone las zonas más vulnerables del experimento libertario: atraso cambiario, reservas negativas, déficit fiscal global maquillado, deuda difícil de refinanciar, estadísticas cuestionadas y demora en implementar una agenda de reformas regresivas.
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El Fondo pide siempre lo mismo
En forma sintética, reclama un esquema cambiario más flexible, o sea, sin tantos controles directos e indirectos sobre el movimiento del tipo de cambio. Incluso estima que la paridad se apreció un 13% en lo que va del año y que debería ubicarse un 15% más elevada. Esto implica un precio del dólar oficial de 1640 pesos.
El FMI advierte que continúan las restricciones cambiarias con un tipo de cambio múltiple (exchange restrictions and MCP continue). Las limitaciones son para empresas, pago de importaciones y giro de dividendos. Define el régimen cambiario como other managed, que significa “administrado”; o sea, no es de flotación libre, como publicita el ministro de Economía, Luis Caputo. Señala, además, la existencia de restricciones cruzadas entre el mercado único de cambios, el CCL y el MEP.
Menciona, además, que el pass through de un ajuste cambiario hacia la tasa de inflación, en el ciclo político de Milei, fue del 60% al 70% y en forma lenta, a diferencia del período 2019-2023, que era del 100% en forma inmediata.
Exige una mayor independencia y transparencia en la comunicación del Banco Central, y una modificación en el esquema de control de los agregados monetarios.
No existe el superávit fiscal global
El golpe a la línea de flotación de la narrativa liberal-libertaria oficialista lo aplicó con la metodología de medición del resultado de las cuentas fiscales. Primero, elogió la política fiscal al indicar que se mantuvo prudente y consistente con la meta del gobierno de alcanzar el equilibrio de caja global. Precisa que el superávit primario federal alcanzó el 1,4% del PIB en 2025. Pero los mandriles del FMI escribieron un pie de página a esta última evaluación de las cuentas fiscales. Dicen que esa medición “excluye pagos de intereses de bonos cupón cero, registrados bajo la línea. Si el componente real de los intereses capitalizados se registrara sobre la línea, el déficit global sería de alrededor de 0,8% del PIB”.
Mencionan que el gobierno de Milei continúa apuntando a un equilibrio fiscal global, restringiendo el gasto mediante la racionalización de subsidios, una mejor focalización de la asistencia social y la priorización del gasto en infraestructura. Afirman que “existe reconocimiento de la necesidad de seguir reformando los marcos tributario, previsional y fiscal para fortalecer la durabilidad del ancla fiscal y la sostenibilidad de la deuda a mediano plazo”.
Como se adelantó en El Destape, el megaajuste del gasto público, anunciado el 11 de mayo pasado, por unos 2,5 billones de pesos, fue una condición innegociable para la aprobación de la segunda revisión del acuerdo. En términos tecnocráticos, el documento del FMI lo expresa del siguiente modo: “Los resultados (fiscales) de comienzos de 2026 fueron consistentes con el objetivo de equilibrio global: los ingresos más débiles vinculados a la actividad fueron compensados por caídas del gasto primario”.
Esto implica el reconocimiento de que la reducción persistente de la recaudación impositiva por la debilidad de la actividad económica, en especial la asociada al mercado interno, puso bajo presión el ancla fiscal, lo que obligó a pasar la motosierra por casi todas las áreas del sector público.
El FMI ordena la agenda de reformas de Milei
El señalamiento fiscal no queda limitado a la contabilidad del déficit. A partir de esa evaluación, el FMI despliega una agenda de reformas estructurales. Es allí donde el documento deja de ser una revisión técnica y se convierte en una hoja de ruta del programa de Gobierno.
En el capítulo tributario, el Fondo no propone simplemente “bajar impuestos”, como repite la propaganda libertaria. Plantea una reorganización de la carga fiscal: reducir tributos que afectan a sectores exportadores y financieros, y compensar esa pérdida ampliando la base de Ganancias, reformando el Monotributo, fortaleciendo impuestos selectivos y trasladando parte de la presión hacia provincias y consumidores.
La guía de acción se extiende al sistema jubilatorio. La reforma previsional no aparece en el documento como algo menor. El FMI enumera el menú: separar beneficios contributivos y no contributivos, eliminar gradualmente moratorias, endurecer el vínculo entre aportes y jubilación, armonizar regímenes especiales y vincular la edad de retiro con la esperanza de vida. Traducido del lenguaje tecnocrático: jubilaciones más condicionadas por la historia laboral formal, cuando la informalidad no es una excepción, sino un rasgo estructural del mercado de trabajo.
Las reservas del Banco Central siguen en negativo
Los técnicos del FMI piden una compra más acelerada de dólares para mejorar el stock de las reservas internacionales netas, meta cuantitativa incumplida en la segunda revisión del acuerdo, correspondiente a los objetivos de 2025. Estiman que son negativas en 6.500 millones de dólares, cálculo realizado a mayo, pese a las fuertes compras realizadas por el Banco Central a lo largo de este año.
Con respecto a la sustentabilidad de la deuda, encienden luces de alerta, como la mayoría de los economistas, menos los fundamentalistas libertarios, al señalar que los vencimientos en moneda extranjera entre mayo de 2026 y diciembre de 2027 ascienden a unos 35.000 millones. Y dicen que se podrán pagar solo si el gobierno de Milei consigue volver al mercado voluntario de crédito internacional, para refinanciar la deuda.
El texto de evaluación lo dice del siguiente modo: “Los directores recibieron con satisfacción el programa de compras de divisas del Banco Central y pidieron una implementación sostenida, combinada con continua flexibilidad cambiaria, para recomponer de manera decisiva los colchones externos y fortalecer la capacidad de la Argentina para manejar shocks. Saludaron la estrategia de financiamiento de corto plazo de múltiples frentes de las autoridades y enfatizaron la importancia de asegurar un acceso oportuno y duradero a los mercados internacionales de capital para refinanciar grandes obligaciones del sector público en moneda extranjera y reducir gradualmente la exposición al Fondo”.
Aquí aparece la señal de desesperación del propio organismo, para reducir la exposición crediticia con el FMI. El ajuste fiscal exigido y la presión para reducir el riesgo país, condición necesaria para habilitar un nuevo ciclo de endeudamiento en el mercado internacional, tienen como objetivo primario aliviar la carga de la deuda argentina en la cartera crediticia del organismo.
Falta de transparencia: INDEC y BCRA
La fragilidad no es solo externa. También aparece en la calidad de la información pública y en la comunicación de las instituciones económicas.
Otro impacto al mentón libertario es la crítica a la intervención política en el Indec, al señalar que la tasa de inflación está confeccionada sobre la base de una canasta de consumo desactualizada. Fue el propio Milei quien interrumpió el proceso de adaptación de la información estadística, al obligar a las autoridades del INDEC a postergar la difusión del nuevo índice de inflación. Esto provocó la renuncia del titular del organismo de estadísticas públicas, Marco Lavagna.
A esta grosera irregularidad en materia de estadísticas públicas se le agrega la crítica de los técnicos del FMI a la falta de transparencia en la información y la deficiente comunicación del Banco Central. La observación apunta al incumplimiento de la tradicional publicación regular de informes trimestrales de la entidad monetaria. En un gesto de maquillaje a su cuestionada gestión, el titular del Banco Central, Santiago Bausili, realizó una conferencia de prensa, el pasado lunes 18 de mayo, en la que presentó el Informe de Política Monetaria, correspondiente al primer trimestre.
El documento del Fondo detalla lo que Bausili minimizó en la rueda de prensa. Explica que, desde el tercer trimestre de 2025, el crédito real se estancó y los préstamos en mora aumentaron, especialmente en el segmento de préstamos al consumo, “reflejando condiciones monetarias restrictivas y cierta moderación del crecimiento de los ingresos reales de los hogares”.
El informe incomoda al discurso oficial de transparencia. En el recuadro sobre gobernanza y anticorrupción, el FMI advierte que persisten debilidades en declaraciones juradas de los funcionarios—como si estuvieran hablando del jefe de Gabinete, Manuel Adorni— , conflictos de intereses, transparencia de compras públicas y privatizaciones, además de preocupaciones por la independencia judicial. Otro capítulo que Milei difícilmente quiera leer en voz alta.
Los mandriles de Washington
Los reconocimientos a la estrategia económica y política general del gobierno de Milei recorren el informe del FMI. Pero los mandriles de Washington aprendieron de la experiencia traumática de acuerdos anteriores con Argentina, en los cuales el staff técnico quedó desprestigiado y muchos de ellos fueron desplazados de sus puestos privilegiados en el organismo.
Ahora advierten que, en el plan de Milei, “las vulnerabilidades siguen siendo elevadas. La inflación todavía es alta, los colchones de reservas son escasos y continúa el trabajo para lograr un acceso duradero al mercado, lo que vuelve a la Argentina especialmente vulnerable a shocks externos e internos; estos últimos reflejan preocupaciones persistentes sobre la continuidad de las políticas”.
Agregan que, pese a las mejoras incipientes, la posición externa sigue siendo vulnerable, y concluyen que “los riesgos de corto plazo para el escenario son más equilibrados, pero siguen siendo elevados, ya que condiciones financieras globales más estrictas por tensiones geopolíticas más intensas y las incertidumbres políticas antes de las elecciones presidenciales de 2027 podrían pesar sobre la implementación del programa”.
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El FMI no se limita a evaluar la consistencia macroeconómica del programa. También realiza una lectura del mapa político. Celebra que las elecciones de medio término de 2025 hayan fortalecido la capacidad del gobierno para sostener vetos presidenciales y avanzar con reformas estructurales. Pero monitorea si Milei conserva fuerza política suficiente para ejecutar el programa de ajuste.
Ahora, con los cuestionamientos realizados, Milei debería salir a criticar públicamente el análisis global del FMI e insultar a sus economistas. No se atreverá. Su plan económico, su proyecto político y su relato de estabilización cuelgan del piolín del Fondo Monetario Internacional.
