La guerra expone la fragilidad económica de Milei

El conflicto en Medio Oriente no encuentra a la economía argentina en una posición de fortaleza. La recaudación acumula siete meses de caída real, las reservas netas son negativas y el superávit fiscal descansa sobre la licuación de ingresos y poda de gasto. Un shock externo que expone la precariedad del edificio económico de Milei. 

08 de marzo, 2026 | 00.05

El barril de petróleo Brent, referencia para el mercado argentino, alcanzó casi los 92 dólares, para luego cerrar en 87. Los capitales especulativos están disminuyendo la exposición en plazas periféricas. El escenario económico global es de alza de la inflación, eventual suba de la tasa de interés internacional y estancamiento con riesgo de recesión. Este es el nuevo escenario internacional. La cuestión es con qué fortalezas y debilidades lo enfrenta la economía argentina.

El principal interrogante es cuánto puede durar el conflicto. De lo que no existen dudas es de sus consecuencias negativas inmediatas. Frente a un panorama incierto, los países adoptan medidas de emergencia —por ejemplo, China suspendió la exportación de combustible— y, además, llegan a esta coyuntura con herramientas preventivas acumuladas durante los años previos, como reservas internacionales de libre disponibilidad.

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Ni una ni otra opción está en el plan de acción del gobierno de Javier Milei. La explicación más plausible de semejante negligencia es la apuesta oficial a que los Estados Unidos de Donald Trump volverán a acudir al rescate. Esa apuesta se apoya en dos antecedentes del año pasado: el primero, en abril, con el crédito de 20 mil millones de dólares del FMI —por presión de EE.UU.—, y el segundo, en octubre, con la intervención directa de la Secretaría del Tesoro de EE.UU. en el mercado cambiario local. Este eventual rescate es probable, pero no seguro debido a la debilidad político-electoral que está mostrando Trump rumbo a las elecciones de medio término, el 3 de noviembre próximo.

Mientras tanto, vale plantear el siguiente interrogante: ¿cómo recibe la economía de Milei una guerra en Medio Oriente? La respuesta no requiere un análisis complejo: frágil y vulnerable. El ministro de Economía, Luis Caputo, llegó a sostener, en una presentación en la Fundación Mediterránea, que “el orden macroeconómico” es la defensa más potente para enfrentar una economía global convulsionada.

En un anterior artículo de El Destape advertí que la debilidad del plan económico liberal-libertario se encuentra en la escasez de reservas internacionales disponibles (reservas netas), con un horizonte muy exigente de pago de intereses y capital de la deuda en dólares. A esto se agrega un cuadro fiscal crítico.

“El orden macroeconómico” es una ficción del oficialismo, convalidada por la amplia red de la derecha mediática, empresarial y política. Pero los datos duros de la economía real exhiben otra historia. La escalada del conflicto en Medio Oriente amplifica las fragilidades domésticas que se ocultan. La economía de Milei enfrenta esta crisis global con reservas netas internacionales negativas, vencimientos exigentes de deuda en dólares, una economía estancada rumbo a la recesión, cierre de empresas y despidos masivos y un frente fiscal que agrega presión a una situación ya delicada.

La recaudación, el termómetro que no miente

Un síntoma de la fragilidad estructural del programa económico de Milei-Caputo está en los ingresos. Un esquema de ajuste recesivo termina erosionando los ingresos. Y como el equilibrio fiscal es la bandera política e ideológica del oficialismo, la poda del gasto se vuelve permanente, hasta el límite que impone la tolerancia social.

La recaudación tributaria cayó en términos reales durante siete meses consecutivos hasta febrero de 2026. De los últimos diez meses, ocho arrojaron saldo negativo en términos reales. El informe semanal de la consultora Vectorial destaca que el persistente deterioro fiscal consolida una tendencia que debilita gradualmente la capacidad de mantener los superávits primarios sin recurrir a mayores ajustes en el gasto. Los números en perspectiva histórica son aún más elocuentes. Febrero de 2026 se ubica por debajo del promedio de los últimos años, con apenas $16,2 billones en valores constantes. Ese nivel es notablemente inferior al pico de febrero de 2022, cuando se registraron $19,7 billones, y se mantiene por debajo de la media histórica de los últimos diez febreros. Sólo febrero de 2024 —el peor momento de la gestión Milei en sus inicios— registró un valor ligeramente inferior. Es decir: los ingresos del Gobierno volvieron a ser similares a los del momento más crítico de su propio mandato.

Una vez más queda al desnudo el fundamentalismo ideológico de la ortodoxia: la promesa es que la baja de impuestos se compensará con mayor crecimiento de la economía y, por lo tanto, habrá una mayor recaudación. Como se sabe, esto no sucede. Los datos lo confirman mes a mes, y el superávit primario no escapa a esa lógica. Se sostiene, pero sobre bases cada vez más endebles.

El superávit primario es el principal estandarte de la política económica de Milei. Es el ancla narrativa del programa. Pero un superávit sostenido sobre la base de un ajuste brutal del gasto, con ingresos tributarios que caen en términos reales mes tras mes, es un equilibrio frágil. No es lo mismo un superávit fiscal construido sobre una economía que crece y genera más recaudación, que uno sostenido mediante la licuación de jubilaciones, la paralización de la obra pública y el recorte de transferencias a provincias. El deterioro de la recaudación no sólo responde a cuestiones coyunturales, sino que refleja fundamentalmente la debilidad estructural de la actividad económica y el comercio exterior.

Con este panorama de la recaudación, el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas concluye que, si el gobierno mantiene su estrategia de preservar el equilibrio fiscal a cualquier costo, este escenario de debilitamiento de los ingresos obligará a profundizar los recortes sobre un gasto público que ya se ubica en niveles históricamente bajos, tanto a nivel nacional como provincial.

La debilidad del plan económico liberal-libertario se encuentra en la escasez de reservas internacionales disponibles (reservas netas), con un horizonte muy exigente de pago de intereses y capital de la deuda en dólares.

Tres canales de contagio: energía, agro y finanzas

El reporte de Vectorial identifica tres impactos de la guerra en Medio Oriente en la economía argentina: los precios de la energía, el mercado global de materias primas agrícolas, y las condiciones financieras internacionales.

  1. El petróleo ya ronda los 90 dólares el barril. Eso tiene una doble lectura. Por un lado, abre una ventana de oportunidad para Vaca Muerta, con exportaciones más rentables y mayor atractivo para las inversiones en el sector. Por otro, presiona sobre la inflación doméstica vía el encarecimiento de los combustibles. Un shock energético es un elemento desestabilizador del ya fracasado proceso de desinflación de Milei.
  2. El mercado de fertilizantes es otra fuente de riesgo. La disrupción en las cadenas globales de suministro que genera cualquier conflicto de esta escala puede elevar el costo de los insumos para la campaña agrícola, afectando márgenes, producción y, en última instancia, las divisas que el agro aporta. El cierre del Estrecho de Ormuz no sólo es una mala noticia para el petróleo; también podría ser una mala noticia para la seguridad alimentaria mundial. Ingredientes esenciales para fertilizantes, como urea, azufre, amoníaco y fosfatos, se producen en la región y pasan por el Estrecho. Las consecuencias podrían resultar en menores rendimientos en cultivos importantes como el maíz, el trigo y soja. Estos cultivos dependen en gran medida de la aplicación de fertilizantes.
  3. El canal financiero es quizás el más inmediato y el más visible. En contextos de conflicto internacional, los inversores globales buscan refugio en activos seguros —dólares, bonos del Tesoro de Estados Unidos— y huyen de los mercados emergentes. La plaza argentina, con un riesgo país que ya venía presionando al alza, es una de las primeras en sufrir esa recomposición de carteras. La mayor aversión al riesgo global no solo encarece el financiamiento externo, sino que suma presiones en el mercado cambiario.

Las reservas, el talón de Aquiles

Todo esto ocurre sobre un piso de reservas internacionales netas que no alcanza para dar tranquilidad. El Banco Central sigue comprando divisas, pero esa señal positiva es insuficiente frente a un escenario de estrés externo. Sin embargo, las reservas netas —descontados los pasivos del Central con organismos internacionales y otros compromisos— siguen siendo insuficientes para enfrentar un escenario de crisis externa prolongada.

El horizonte de vencimientos de deuda en dólares —intereses y capital— es exigente. El Gobierno apostó a que el acceso a los mercados de capital y el roll-over de la deuda serían relativamente fluidos. Pero esa hipótesis descansaba en un contexto financiero internacional más benévolo. Una guerra que se extiende, un dólar global que se fortalece, y capitales que se retiran delos mercados denominados emergentes es un combo que hace más difícil o directamente imposible el refinanciamiento en condiciones razonables.

La economía de Milei recibe este momento de crisis global con un margen de maniobra muy estrecho.

Un edificio de equilibrios frágiles

La economía de Milei recibe este momento de crisis global con un margen de maniobra muy estrecho. Las herramientas disponibles son pocas. El ajuste fiscal ya está muy avanzado y profundizarlo tiene costos sociales y políticos que se acumulan. Las reservas netas no alcanzan para absorber shocks prolongados. El acceso al financiamiento externo depende de condiciones globales que se están deteriorando. Y la recaudación, que debería ser la señal de que la economía crece y genera recursos genuinos, sigue cayendo en términos reales.

Ese es un punto central para entender por qué la guerra encuentra a la economía de Milei vulnerable. Porque no la recibe una economía robusta, con reservas abundantes, mercado interno dinámico, crédito productivo y fortaleza fiscal basada en crecimiento. La recibe una economía sostenida por equilibrios muy frágiles: atraso relativo del tipo de cambio dentro de bandas, licuación de ingresos, apertura importadora, superávit fiscal asentado en poda de gasto y una desaceleración inflacionaria que depende, en buena medida, de mantener pisados los salarios, el dólar y el gasto público. Cuando aparece un shock externo que encarece la energía, fortalece al dólar y enfría el apetito por riesgo, todo ese edificio muestra su precariedad. 

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Alfredo Zaiat

Alfredo Zaiat es economista y periodista. A principios de 1983 ingresó en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, y se recibió de licenciado en economía. En los últimos dos años de su carrera (1987 y 1988) se volcó al periodismo. Simultáneamente hizo la carrera de investigación y obtuvo una beca para estudiantes relacionada con la integración entre Argentina y Brasil.

A fines de junio de 1987 ingresó a trabajar en el diario Página/12 donde ejerció como redactor, jefe de la sección «Economía» y director del suplemento económico «Cash».

En 2017 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito en la categoría Comunicación - Periodismo, por su trayectoria como periodista económico.