El brutal caso de violencia escolar de San Cristóbal expuso un fenómeno mucho más amplio. Después de la masacre, se descubrió la presunta influencia de distintas comunidades digitales que glorifican los ataques armados. Las autoridades estiman que G.C., el chico de 15 años que mató a Ian Cabrera, de 13, actuó motivado por uno de estos grupos online.
Según la investigación, el adolescente tenía un seudónimo en las redes sociales con el que compartía videos de masacres escolares y accedía a foros de material extremadamente violento. Pese a ser consciente de la gravedad de sus conductas, habría continuado inmerso en esos espacios hasta concretar el ataque del pasado lunes.
Tras el hecho, usuarios de las mismas comunidades virtuales lo elogiaron como si fuera un héroe, mientras que otros se burlaron porque el ataque no cumplió con las expectativas que se suelen construir alrededor de estos episodios.
La red "True Crime Community"
La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) elaboró un informe reservado que advierte sobre la expansión de la llamada “True Crime Community”. Se trata de una red digital transnacional caracterizada por la fascinación, el análisis y la emulación de crímenes violentos, según pudo acceder Infobae.
El estudio señala que este fenómeno tiene antecedentes en la proliferación de foros tras la masacre de Columbine en 1999, en Estados Unidos. Aunque el término “true crime” refiere originalmente a un género narrativo sobre crímenes reales, en estos entornos derivó en grupos radicalizados que construyen narrativas en las que los tiradores son figuras idolatrables.
Entre las prácticas detectadas por el informe se encuentran la circulación de material audiovisual editado para generar impacto emocional y la identificación psicológica con los agresores. En casos extremos, estos procesos pueden derivar en la planificación de nuevos ataques.
En Argentina, la SAIT identificó al menos siete causas con características similares, reforzando la preocupación por un posible efecto contagio.
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Glorificación, aislamiento y efecto contagio
El informe destaca que estas comunidades no responden a una ideología política, sino a un conjunto de creencias centradas en la exaltación de la violencia como fin en sí mismo. En este esquema, la notoriedad pública es valorada, las víctimas quedan relegadas y los agresores adquieren un estatus simbólico superior.
Los analistas también identificaron rasgos comunes entre los integrantes. Se integran en su mayoría por adolescentes o jóvenes adultos con antecedentes de aislamiento social, problemas de salud mental, experiencias de bullying o conflictos familiares y un consumo intensivo de contenidos violentos.
Además del tirador de San Cristóbal, las autoridades detuvieron a otro adolescente que había amenazado a distintas escuelas de Santa Fe y mantenía vínculo con el atacante. Un hecho que refuerza la hipótesis de que estos entornos digitales podrían actuar como catalizadores de conductas violentas.
