La nueva maternidad y paternidad: por qué cada vez elegimos tener hijos más tarde

Cada vez más argentinos eligen ser padres después de los 35, impulsados por cambios culturales, económicos y emocionales que transformaron la idea de formar una familia.

20 de mayo, 2026 | 10.12

Durante décadas, formar una familia antes de los 30 parecía casi una obligación social. Hoy, la escena cambió por completo y cada vez más personas eligen ser madres y padres después de los 35, e incluso cerca de los 40. La decisión ya no aparece ligada únicamente al “mandato” familiar, sino a factores económicos, emocionales, profesionales y culturales que redefinieron la idea de la adultez.

En Argentina, los datos muestran con claridad este fenómeno. Según el último informe del Censo 2022, el promedio de hijos por mujer bajó de 1,7 en 2001 a 1,4 en 2022, una de las cifras más bajas registradas en el país. Además, los estudios demográficos indican que la maternidad se desplazó hacia edades más avanzadas y que los nacimientos se concentran cada vez más entre mujeres de 25 a 34 años.

¿Qué hay detrás de esta decisión?

Para especialistas en salud mental, una de las claves está en la transformación del concepto de realización personal. El médico y especialista en bioética Mario Aldo Sebastiani explicó que hoy la maternidad y la paternidad dejaron de vivirse exclusivamente como un destino inevitable y comenzaron a pensarse como una elección consciente. En distintas entrevistas y publicaciones, el profesional remarcó que detrás de la decisión de tener hijos aparecen cuestiones vinculadas a proyectos personales, estabilidad emocional, deseo genuino y condiciones de vida.

Los psicólogos también observan un cambio profundo en la forma en que las nuevas generaciones entienden la crianza. Ya no alcanza con “tener hijos”; aparece la necesidad de sentirse preparados emocionalmente para acompañar, cuidar y sostener económicamente una familia. Esa búsqueda de estabilidad suele retrasar la decisión.

A eso se suma el contexto económico argentino. El costo de criar un hijo se convirtió en una preocupación central para muchas parejas. En los últimos años, diversos informes del INDEC mostraron que la canasta de crianza supera ampliamente los cientos de miles de pesos mensuales dependiendo de la edad del niño. En paralelo, el acceso a la vivienda, la inestabilidad laboral y la dificultad para proyectar a largo plazo generan que muchas personas prioricen primero consolidar su carrera o independencia económica.

El costo de criar un hijo se convirtió en una preocupación central para muchas parejas.

Pero el cambio no es solo financiero. También hay un fuerte componente cultural. Las generaciones actuales crecieron con más posibilidades de viajar, estudiar, cambiar de trabajo, emigrar o desarrollar proyectos personales antes de pensar en formar una familia. La maternidad y la paternidad ya no aparecen como el único camino posible hacia la realización adulta.

Los números reflejan esta transformación social. Un estudio sobre natalidad y fecundidad en Argentina reveló que la tasa global de fecundidad cayó más de un 53% entre 1980 y 2020. Además, los hogares sin hijos crecieron de manera sostenida y hoy representan más de la mitad del total en el país.

En la Ciudad de Buenos Aires, la tendencia es aún más marcada, la edad promedio de las madres pasó de 29,3 años en 2006 a 32,4 en 2023. Los especialistas señalan que esto está relacionado con una mayor inserción laboral de las mujeres, el acceso a métodos anticonceptivos, la educación sexual y la posibilidad de planificar cuándo tener hijos.

También cambió la mirada sobre la paternidad masculina. Mientras décadas atrás muchos hombres quedaban relegados a un rol más distante, hoy existe una mayor exigencia social y personal respecto de la presencia emocional y el compromiso cotidiano en la crianza. Esa transformación hace que muchos varones también posterguen la decisión hasta sentirse preparados para asumir un rol más activo.

Aunque la maternidad tardía suele asociarse a mayores desafíos biológicos, los especialistas coinciden en que el fenómeno responde principalmente a una nueva manera de entender la vida adulta. Tener hijos dejó de ser una obligación cronológica y pasó a ser una decisión atravesada por deseos, miedos, proyectos y posibilidades reales.