El detrás del inofensivo acto de tirar monedas al agua para pedir deseos: expertos advierten el impacto en el ambiente

El Consejo Profesional de Química de la Provincia de Buenos Aires emitió una alerta ambiental después de que se retiraran 383 kilogramos de monedas del lecho del río Iguazú. La institución explicó que las aleaciones de cobre, níquel y zinc se corroen en el agua y liberan iones metálicos tóxicos que afectan a peces, invertebrados y microorganismos. Pidió campañas de concientización y monitoreo periódico del agua.

04 de mayo, 2026 | 18.00

La noticia de que buzos extrajeron 383 kilogramos de monedas del fondo del río Iguazú movilizó a los especialistas. El Consejo Profesional de Química de la Provincia de Buenos Aires salió al cruce de una práctica cultural que muchos consideran inofensiva: arrojar monedas a cursos de agua como ofrenda o por superstición. Según el organismo, lejos de ser un acto simbólico inocuo, se trata de una fuente concreta de contaminación química.

Las monedas están compuestas por aleaciones metálicas como cobre, níquel y zinc. Al quedar sumergidas, se oxidan y corroen. El proceso libera iones metálicos que alteran la composición del agua y resultan tóxicos para la fauna acuática. Incluso en bajas concentraciones, estos metales afectan la respiración y el metabolismo de peces, invertebrados y microorganismos.

Un problema que se acumula

El Consejo advirtió que los metales no desaparecen. Por el contrario, se acumulan en sedimentos y organismos vivos, un fenómeno conocido como bioacumulación. Cuanto más tiempo pasa, mayor es el daño. En el caso de las Cataratas del Iguazú, un ecosistema de alta sensibilidad ambiental, la magnitud del material extraído demuestra que el problema es persistente. La acumulación progresiva puede comprometer el equilibrio ecológico y la calidad del agua.

Qué hacer, según los especialistas

Frente a esta realidad, la entidad subrayó la necesidad de cambiar conductas a través de la educación ambiental. Propuso desalentar estas prácticas con campañas de concientización basadas en evidencia científica. También pidió fortalecer las políticas de prevención y control en áreas protegidas.

Además, recomendó a las autoridades ambientales locales que tomen muestras de agua de manera periódica para cotejar los valores guía de protección de la vida acuática en cuerpos de agua dulce. Los resultados, dijo, deberían comunicarse a la población.

“La protección de los recursos hídricos requiere del compromiso colectivo y de una comprensión clara de los procesos químicos que subyacen a problemáticas que, aunque cotidianas, no están exentas de consecuencias”, concluyó el Consejo.