Efecto Selección: una popular golosina argentina desembarcó en Bangladesh y abre el mercado a más productos

La empresa Georgalos logró exportar por primera vez uno de sus productos históricos. El país asiático es el octavo mercado más grande con casi 178 millones de habitantes, quienes alentaron al seleccionado en los últimos mundiales.

23 de julio, 2026 | 20.48

El Mundial 2026 terminó hace unos días, pero la consagración de la Selección Argentina en la edición Qatar 2022 permitió que nuestro país estableciera un lazo con Bangladesh, una de las naciones que más apoyó a la Albiceleste en ese entonces y lo hizo ahora tras la obtención del subcampeonato en Estados Unidos.

Esta fraternidad no solo permitió la reapertura de la embajada argentina en Daca, capital de Bangladesh, que había sido cerrada por la dictadura militar, en febrero del 2023, sino que también permitió cerrar acuerdos comerciales que habilitaron la llegada de una golosina muy popular: el Mantecol.

Georgalos, dueña de la marca Mantecol, logró enviar su producto estrella a Daca, marcando así un hito en la expansión al mercado de Asia. La incursión surgió como respuesta al apoyo masivo que el pueblo bangladesí brindó a la Selección Argentina durante los últimos dos mundiales.

La llegada de Mantecol a Bangladesh

Inicialmente, se había planteado como una estrategia de posicionamiento y agradecimiento en redes sociales, pero cambió hacia un plan de negocios con el que Georgalos apunta a instalarse en un mercado de casi 178 millones de habitantes. La logística contempló un traslado de más de 17 mil kilómetros desde nuestro país a Bangladesh.

La empresa apunta a capitalizar el reconocimiento de la cultura argentina en la región con el fin de consolidar la presencia de sus productos de forma permanente. Desde la dirección de marketing de la compañía, resaltaron que la recepción del producto fue altamente positiva, superando las expectativas iniciales de la campaña.

"Lanzamos la acción publicitaria en el Mundial y nos dimos cuenta de que hay una oportunidad por la buena recepción que tuvo", afirmó Gustavo Giménez, directivo de la firma. 

Cómo llegó Mantecol a Bangladesh

Bangladesh es el octavo mercado más poblado del mundo y ofrece una escala de consumo masivo para las golosinas argentinas. Según informaron, la empresa se propuso alcanzar -al menos- al 15% de la población local, apuntando a la venta por volumen para compensar los costos elevados de la logística.

Para llevar a cabo la llegada de la golosina, muy popular durante Navidad y Año Nuevo en Argentina, la empresa inició negociaciones con distribuidores e importadores locales en Daca. En cuanto a la estrategia comercial, apuntan tanto a las cadenas de supermercados como a comercios de barrio, dada la gran cantidad de comercio callejero.

Sin embargo, para llevar adelante este plan de expansión, debería cumplir con un requisito clave: obtener la certificación Halal. Se trata de un sello técnico y religioso que garantiza que un alimento, producto o servicio cumple con los preceptos de la ley islámica y que es apto para el consumo de la comunidad islámica.

En Bangladesh y otras regiones de Asia, existe el halva, una preparación tradicional de Medio Oriente que tiene características similares a las del postre argentino. "Debimos hacer la certificación Halal, la obligatoria para entrar al universo islamita", puntualizó Giménez. Tener la certificación garantiza que todo el proceso de elaboración respeta las leyes de consumo permitidas por la mencionada religión.

Las exportaciones argentinas hacia Bangladesh se duplicaron en los últimos años. En 2022, los envíos representaron u$s 740 millones y para el 2025 el número escaló hasta los u$s 1470 millones, traccionado principalmente por el complejo sojero y cerealero.

¿Cómo nació el Mantecol?

La empresa Georgalos fue fundada por el inmigrante griego Miguel Georgalos, quien arribó a la Argentina en 1939 con apenas 24 años. Había vivido unos años en Polonia, donde aprendió pastelería en la panadería de unos parientes en Varsovia. Sin embargo, la complicada situación de Europa, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, lo obligó a cambiar sus planes y buscar nuevos rumbos.

En el puerto conoció a un compatriota que lo ayudó con el idioma y le ofreció alojarse provisoriamente en su casa de la calle Muñiz, en el barrio de Flores. Miguel recurrió a sus habilidades culinarias. El dueño de la casa le preguntó qué sabía hacer y él le contó de su experiencia en Polonia, mencionando un postre que era bastante popular entre la comunidad árabe, un símil del Mantecol pero a base de pasta de sésamo. Este postre era el halva.

Así inició su emprendimiento doméstico con la idea de producir aquel postre típico, pero se topó con un problema: no encontró sésamo, la materia prima principal en la receta. Entonces, empezó a pensar con qué podría reemplazarlo y apareció el maní. Básicamente, reemplazó la pasta de sésamo por la pasta de maní, y cuando lo hizo, descubrió que el producto era muy apetecible. Así creó el Mantecol.

En los 80, Miguel Georgalos empezó con problemas de salud y se retiró en 1988, pasándole el mando a su hijo, Juan Miguel. La empresa estaba muy atomizada en su patrimonio y las deudas superaban la capacidad de pago. En 1995, se presentó en concurso de acreedores. Ese mismo año, Miguel Georgalos falleció. Su nieto cree que parte de su deterioro de salud está relacionado con el dolor de ver cómo la empresa que lo había permitido tener a toda la familia junta también generó las peleas que los dividieron.

Su hijo, Juan Miguel, lideró la reestructuración, pero en 2001, en medio de la crisis del país, debió tomar una decisión difícil: vender Mantecol a Cadbury Stani por u$s 22,5 millones. La cláusula les impedía hacer el producto por ocho años. En 2022, la familia fundadora retomó la propiedad de la marca Mantecol. Hoy, la firma es gestionada por la tercera generación de la familia, bajo la presidencia de Miguel Zonnaras, nieto del fundador.