La Pampa del Leoncito volvió a ser noticia por un episodio que puso bajo la lupa la fragilidad de uno de los paisajes naturales más particulares de San Juan. Un hombre ingresó con una camioneta a la planicie protegida y dejó profundas marcas sobre el terreno, en un hecho que provocó el repudio de las autoridades locales.
El lugar, conocido también como Barreal Blanco, parece a simple vista un enorme desierto blanco rodeado de montañas. Pero detrás de esa superficie aparentemente árida existe un ecosistema particular, con fauna que incluye guanacos, zorros colorados y pumas, además de especies vegetales propias de distintas regiones andinas. La zona también posee una de las condiciones astronómicas más excepcionales del país: más de 300 noches despejadas al año.
Dónde queda Pampa del Leoncito y cómo llegar
La Pampa del Leoncito está en el departamento de Calingasta, en la provincia de San Juan, a unos 30 kilómetros de la localidad de Barreal y prácticamente al pie de la Cordillera de los Andes. Su otro nombre, Barreal Blanco, responde al característico color blanquecino de su superficie.
Para llegar desde Barreal se debe tomar la Ruta Provincial 149 en dirección hacia Uspallata. El acceso al Parque Nacional El Leoncito aparece aproximadamente a 20 kilómetros de Barreal, mientras que la propia Pampa del Leoncito está a un costado de la ruta, antes del ingreso al parque. La Administración de Parques Nacionales identifica a Barreal como el centro poblado más cercano al área protegida.
La planicie tiene una extensión aproximada de 12 kilómetros de largo por 5 de ancho y ocupa el punto más bajo del valle de Calingasta. Su aspecto actual es el resultado de un proceso geológico que se desarrolló durante miles de años: el agua se acumulaba en la depresión, se evaporaba por las condiciones extremadamente secas y dejaba sedimentos que terminaron formando la superficie arcillosa que caracteriza al lugar.
Un paisaje que parece un desierto, pero alberga una gran biodiversidad
La apariencia de la Pampa del Leoncito puede resultar engañosa. La planicie blanca es apenas una parte de un ambiente mucho más amplio y diverso. El Parque Nacional El Leoncito conserva 89.706 hectáreas y reúne tres ecorregiones: Monte de Sierras y Bolsones, Puna y Altos Andes.
En esas distintas alturas aparecen especies como jarillas, retamos, coirones y yaretas. Entre los animales que habitan el área se encuentran guanacos, suris, cuises, zorros colorados y pumas. También existe una especie de pez exclusiva de la zona: el bagrecito del Leoncito (Silvinichthys leoncitensis), que evolucionó en un ambiente aislado durante miles de años.
El contraste es parte del atractivo del lugar: una superficie que parece completamente estéril se encuentra rodeada por montañas y forma parte de un ecosistema en el que conviven especies adaptadas a condiciones extremas.
Por qué Pampa del Leoncito es importante para la astronomía
El valor del lugar no termina en su paisaje. La combinación de aridez, escasas precipitaciones, baja contaminación lumínica y más de 300 noches despejadas al año convirtió a esta región de San Juan en un sitio privilegiado para observar el cielo.
Por esas condiciones se instalaron allí el Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) y el Observatorio Carlos U. Cesco, dos instalaciones de relevancia internacional. El Parque Nacional El Leoncito fue creado mediante la Ley 25.656, sancionada en 2002, y es el primer parque nacional argentino cuya misión oficial incluyó la protección del cielo nocturno.
Esa historia ayuda a entender por qué el ingreso de vehículos a zonas restringidas no es un detalle menor. El episodio reciente volvió a poner en discusión cómo proteger un patrimonio natural que necesita períodos muy extensos para recuperarse de determinadas alteraciones del suelo.
La preocupación no es solamente teórica. Después del ingreso de la camioneta, las autoridades y especialistas señalaron la profundidad de las huellas y el tiempo que puede demandar la recuperación natural del terreno. Estudios previos realizados sobre huellas en la zona habían estimado períodos de recuperación de varias décadas; en este caso, por la profundidad de las marcas, las autoridades advirtieron que el proceso podría extenderse hasta alrededor de un siglo.
