Ayer vivimos horas intensas. Viene saliendo todo excelente. Todavía es muy temprano para saber el nivel de éxito, pero tuvimos buena telemetría y eso para nosotros es todo un triunfo”.
Lo dice Sonia Botta, coordinadora del grupo que desarrolló el microsatélite Atenea, que ayer (1° de abril) despegó de Cabo Cañaveral a bordo de la misión Artemis II con destino a la Luna y fue liberado a 40.000 km de la Tierra. Botta no cabe en sí de la alegría: en el espacio se supone que todo tiene que funcionar, pero… a veces no se da. De hecho, de los cuatro satélites que viajaban en la misión Artemis, dos se perdieron (el K-radcube, surcoreano, que iba a utilizar un dosímetro fabricado con un material que imita el tejido humano, y Tachele, alemán, diseñado para probar la electrónica de los vehículos lunares frente a la exposición a la radiación en el espacio profundo). Las estaciones terrenas de esos países no los pudieron localizar, pero fuentes del Conicet dieron a conocer que desde el Instituto Argentino de Astronomía, perteneciente a ese organismo, y la Conae los ubicaron y pudieron bajar los datos.
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“A las 00:58 se produjo el contacto con el microsatélite argentino Atenea a 40.000km de distancia de la Tierra, apenas segundos después de haber sido puesto en órbita por la misión Artemis II de la NASA –detalla en un comunicado la agencia espacial argentina–. Luego, a las nueve de la mañana, el satélite alcanzó su máxima distancia a 70.000 kilómetros de la Tierra”.
Y agrega: “Desde el momento del lanzamiento, comenzó una secuencia autónoma de activación y verificación de subsistemas del microsatélite. Pasadas cinco horas, tal como estaba previsto, fue liberado, y en su entrada en órbita se encendió la computadora de a bordo y se realizaron las maniobras iniciales de estabilización. Con la primera señal, se logró la comunicación a más de 40.000 kilómetros de distancia de la Tierra. Desde entonces, la señal captada por las estaciones de la Conae se mantuvo fuerte y continua. Así se cumplió un objetivo central de la misión: establecer y sostener comunicaciones a gran distancia (…) Atenea es el microsatélite argentino lanzado a mayor distancia de la Tierra hasta la fecha”.
Al mérito de haber sido el único país de América Latina seleccionado para mandar una carga útil en ese vuelo (y uno de cuatro en el mundo entre 50 propuestas), se suma la enorme satisfacción de que todo salió como estaba previsto. Cien puntos. “Todo se completó en tiempo y forma –cuenta Emiliano Baum, responsable de la oficina de soporte de sistemas de estaciones terrenas de la Conae y delegado de ATE, apenas levantado después de pasar la noche siguiéndole las huellas al aparato argentino–. Fue una grata sorpresa. Apenas lo desplegaron lo captamos. Acabamos de dejar de tomar datos en [la estación terrena de] Córdoba y seguían grabando en la de Tolhuin”.
Atenea, diseñado por estudiantes e ingenieros de las universidades nacionales de La Plata, San Martín y Buenos Aires, asistidos por la agencia espacial argentina, fue pensado para ensayo y aprendizaje, y como demostración tecnológica. Llevó un sistema de comunicaciones en Banda S, un receptor GPS, dosímetros para radiación y un fotomultiplicador [un sensor de vacío extremadamente sensible que detecta luz muy débil]. Entre otras cosas, se esperaba que pudiera analizar las “ondas de rebote de GPS” para ver si pueden utilizarse en el espacio profundo, algo que solo se hizo un par de veces hasta ahora, todos intentos recientes.
Las estaciones terrenas de la Conae estuvieron abocadas a la recepción de los datos que enviaba. Los ingenieros y técnicos registraron con sus antenas el eco de los latidos emitidos cada 10 segundos, con información sobre su estado de salud y datos científicos.
“Siempre, lo primero es tratar de ‘ver’ la señal, que puede no ser fácil; hay que hacerlo cuando prende y envía el pulso, y en ese momento dejar configurado el offset de la antena a partir del elemento orbital [TLE, Two-Line Element set, formato de datos que permite predecir con precisión la posición y velocidad del satélite en el tiempo] –explica Baum–. Hay un TLE que se hace a partir de una fórmula matemática, da una serie de datos y predice una trayectoria. Esa información es la que se le da a la antena que se va moviendo en el horizonte para seguirlo. En general, tenés un TLE previo, elaborado en función de los datos del lanzamiento y donde se supone que lo va a dejar el lanzador; después, el aparato te pasa algún otro dato que junto con los de la primera vez que lo ves te permiten ir haciendo un TLE más pulido, más certero. La dificultad en esta ocasión es que, como la misión es tan breve, no tenés tiempo para hacer todo eso”.
Baum subraya, sin embargo, que este resultado exitoso no debería ocultar la sangría incesante del ecosistema espacial argentino. Para atender este lanzamiento, entre 15 y 20 personas de Conae involucradas en el mismo suspendieron medidas de fuerza que estaban en marcha por la asfixia a que está sometido el organismo, con recorte brutal del presupuesto, disminución de la planta y cancelación de todos los programas importantes. “La empresa VENG está parada mientras sus directivos viajan a congresos en todo el mundo y no autorizan ni la compra de remaches para hacer reparaciones –cuenta Baum con amargura–. ‘Reventaron’ el Saocom 2 [la próxima generación de satélites de observación terrestre de Conae con lanzamiento proyectado para 2030], lo mismo con la serie SARE (Sistema Argentino de Alta Revisita, que iba a implementar una constelación de ‘enjambre’ de pequeños satélites de arquitectura segmentada con alta frecuencia de revisión, bajo costo y lanzamiento previsto a partir de 2027 mediante el cohete Tronador II, cuyo desarrollo también se detuvo], no están autorizando la compra de lo que necesitamos para hacer la renovación del parque tecnológico, tienen que afrontar juicios por una antena que no pagaron y otras dos paradas en los Estados Unidos, ¿y hacen este ‘show’ por un microsatélite?”, afirma en referencia a la autopublicidad del Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, en la red social X.
De hecho, Atenea se originó como un proyecto del Centro Tecnológico Aeroespacial de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Usat1, iniciado en 2021 y que había recibido un subsidio por 80.000 dólares destinado a cubrir el costo del lanzamiento. Afirma el decano de la Faculad de Ingeniería y director del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), Marcos Actis: "Nos sentimos muy orgullosos de que el satélite propuesto y defendido en el concurso de la NASA, al que nos invitó la Conae, diseñado y construido en la UNLP, que lleva dos instrumentos de ciencia, de pruebas, construido también uno en nuestra Facultad y otro en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), están midiendo, recibiendo y mandando datos. Como decimos nosotros, el satélite está vivo, ya empezando a regresar hacia la Tierra y tal vez en su última vuelta”.
“Atenea es un satélite universitario financiado en su mayor parte por las universidades –subrayó Filmus–. Cuando uno lee las comunicaciones del secretario de Ciencia, tranquilamente puede pensar que la Conae está recibiendo mayor financiamiento por parte del Estado. Pero no es así: está desfinanciada [su Presupuesto 2026, que acaba de aprobarse, se reduce casi un 40% en comparación con 2025]. No es gracias, sino a pesar de este gobierno que pudimos colocar este aparato. La posibilidad de que la Argentina participe junto a la NASA en este proyecto tiene que ver con el trabajo que desde hace muchos años científicos, investigadores, ingenieros de la CONAE, de VENG y de nuestras universidades vienen realizando en la actividad espacial. Esto no es de un día para el otro, se debe al conocimiento acumulado y la tecnología desarrollada durante estos años. Esto se hizo, por supuesto, sobre la base del convenio Artemis que firmamos en 2023, pero también con el esfuerzo que realizó en particular la Universidad de La Plata”.
Una persona que abandonó la Conae en los últimos meses y que prefiere no revelar su nombre destaca: “Atenea no existiría ni desde la formalidad del acuerdo con NASA, ni desde el desarrollo técnico, si no existiera la Conae. Las exigentes etapas de revisión pudieron superarse gracias a la experiencia acumulada durante décadas. Conae aportó gente fundamental, Veng también, por supuesto, y sobre todo la Universidad de La Plata tuvo un papel muy destacado, porque para participar se necesitaba un proyecto que ya estuviera avanzado, pero la verdad es que ni la UBA, ni el Instituto Argentino de Radioastronomía, ni la Conea, ni la Universidad de San Martín, por sí solos podrían haber hecho lo que se hizo. Hoy estamos recibiendo los datos porque Conae tiene las estaciones terrenas. Muchas veces parece que el satélite es el fin último, y no: el fin último es tener los datos y poder aprovecharlos. Y ahora se está yendo gente que no se hubieran ido en otras circunstancias, aún en circunstancias dificilísimas, si los proyectos hubieran seguido en marcha”.
La Argentina fue en los últimos años uno de los países de América latina con mayor capacidad espacial propia, y el desfinanciamiento sostenido amenaza con desmantelar la inversión pública acumulada. Según el grupo EPC, el presupuesto de 2026 para la Conae es casi un 40% menor que el de 2025. En los últimos dos años, el organismo viene sufriendo una fuga de talentos hacia el sector privado o al exterior. Perdió alrededor del 15% de su personal.
Proyectos suspendidos o paralizados de la Conae
- Lanzador satelital Tronador
Era el emblema de la soberanía espacial argentina, diseñado para que el país pudiera completar el ciclo completo: fabricar sus propios satélites y tener sus propios cohetes para lanzarlos. Luego de haber resistido los intentos de desfinanciamiento durante la gestión de Macri, el proyecto fue desactivado definitivamente con la llegada de la administración actual. El financiamiento está congelado y los recursos humanos formados se perdieron.
- Satélite de observaciones marinas SABIA-Mar
El Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar, concebido dentro del Plan Espacial Nacional está construido en un 80% pero su lanzamiento sigue sin fecha confirmada. Hay incertidumbre en la firma de contratos vigentes para su lanzamiento.
- Satélites de Arquitectura Segmentada SARE
Una concepción revolucionaria que planteaba poner en órbita constelaciones de pequeños satélites que compartirían recursos y datos en órbita. El proyecto se encuentra virtualmente paralizado desde la gestión Macri; tuvo un presupuesto de USD 20 millones en 2016 pero no fue ejecutado. El primer lanzamiento de la serie estaba previsto para 2027. Con el desfinanciamiento actual, ese cronograma es inviable.
- SAOCOM 2, la próxima generación de satélites radar)
Sucesor de los exitosos SAOCOM 1A y 1B en órbita, sufre el quebranto financiero extremo que afecta al resto del ecosistema espacial argentino. Actualmente sin fondos asignados.
- Estación Terrena Antártica (Base Belgrano II)
No está claro con qué antenas se equipará y la situación presupuestaria pone en duda su finalización.
- Satélite meteorológico regional
Se había llegado a firmar una carta de intención. Pero el enfriamiento de las relaciones con los países de la región y la desinversión en el sector lo dejaron sin futuro.
