Tiene 90 años: el edificio donde vivían desaparecidos que sigue en pie por vecinos que cuidan la memoria

Justo enfrente de La Mezzetta, donde chocan las avenidas Forest, Elcano y Alvarez Thomas, se impone el Hogar Obrero. Con 94 años y su nombre gigante a lo alto, el edificio de estilo moderno es una joya del barrio de Villa Ortúzar. Fue construido por la Cooperativa El Hogar Obrero con la búsqueda de dar vivienda y una mejor calidad de vida a sus trabajadores asociados, como resultado de la primera experiencia cooperativista de vivienda. Hoy su fachada da la bienvenida a un barrio marcado por sus vecinos, su identidad y su memoria.

20 de marzo, 2026 | 12.04

El Hogar Obrero de Villa Ortúzar tiene dos jardines internos, espacios abiertos que permiten que corra la ventilación, pasillos fríos que delatan su antigüedad y alguna que otra vitrina con material gráfico que celebra su tradición cooperativista. Pero no hay, en ninguno de sus cuerpos, señales de que por ahí hayan pasado víctimas del terrorismo de Estado. Es por eso que los vecinos del barrio insisten, siempre que pueden, en sostener una memoria activa para no olvidar que entre esas paredes caminaron compañeros desaparecidos. 

Villa Ortúzar es un barrio solidario, y en los últimos años sufrió enormes transformaciones que endurecieron el sentimiento de pertenencia de sus vecinos. Como cuando en 2023 la Ciudad mandó a derribar el Galpón de Ortuzar, un espacio de la Plaza 25 de Agosto que funcionaba como centro cultural, bachillerato popular, biblioteca y centro de jubilados. Frente a la noticia de la demolición, vecinos y vecinas del barrio organizaron jornadas de lucha y abrazo a un espacio tan querido como lo era el galpón: ciclos de cine, charlas, ferias, recitales. Ortúzar abraza su identidad, sostenida por espacios que lo conforman desde sus orígenes: entre ellos, El Hogar Obrero. 

Rocio Torres Astigueta

Declarado de Interés Histórico Nacional en 2015, el edificio fue destacado por su tradición solidaria, propia del cooperativismo que otorgó a sus asociados una mayor igualdad de condiciones. El Hogar Obrero cuenta con cinco cuerpos, correspondientes a tres viviendas colectivas conectadas por jardines internos: en 1932 se inauguró la Tercera Vivienda Colectiva de la Cooperativa, en Álvarez Thomas al 1320/1330. Más tarde, sobre Giribone 1325, se ubicó la Cuarta Vivienda Colectiva en 1940, y en el ‘44 finalizó el proyecto de Villa Ortúzar con la Sexta Vivienda Colectiva, en avenida Elcano al 3665. 

“El Hogar Obrero es un sueño hecho realidad que impulsó el partido socialista. En sí es una solución a la cuestión de la vivienda, que siempre fue una lucha de los trabajadores: el derecho al acceso a la vivienda digna”, reflexiona Vera de la Fuente, historiadora e integrante de la Comisión x la Memoria de Villa Ortúzar, sobre el espíritu del Hogar Obrero y la Cooperativa que le dio vida. “El Hogar Obrero es testigo de que es posible dar respuesta a esa necesidad de construir de otra manera”.

Esta construcción lleva el nombre de la cooperativa que lo construyó: la Cooperativa El Hogar Obrero. Fundada por el diputado socialista Juan B. Justo en 1905, buscó mejorar la calidad de vida de sus trabajadores asociados, enfocándose en revertir los problemas de vivienda de la época, de alquileres poco accesibles y condiciones de hacinamiento y precariedad propias de los conventillos porteños, que impactaban en la calidad de vida de los obreros. En 1913 la cooperativa construyó la primera Vivienda Colectiva en el barrio porteño de Barracas: un estilo de vivienda diseñado para ser habitado por sus trabajadores asociados, mejorando su calidad de vida con alquileres bajos, departamentos en mejores condiciones sanitarias, almacén en la planta baja y espacios comunes. Este tipo de vivienda fue la materialización del esfuerzo, autonomía y capacidad de los trabajadores de conseguir sus objetivos comunes.

Vera destacó que la impronta de los vecinos que habitaban el edificio era mayormente socialista, familiar: una comunidad. Pero también señaló que, comenzada la última dictadura, desde el Estado se procedió a “destrozar, modernizar a costa dedestruir y desalojar a las familias que allí residían, dándole la espalda durante décadas a las necesidades y las problemáticas de la vivienda”. Con el terrorismo de Estado, El Hogar Obrero se despidió del espíritu que le dio vida.

Rocio Torres Astigueta

“Hay que pensar sobre lo que pasó acá en la época de la dictadura”, opinó Vera de la Fuente, historiadora y archivista, durante la proyección de Rizoma (en la memoria), en el contexto del cine-debate organizado en defensa del Galpón de Ortúzar. Así se creó la Comisión x la Memoria, con el propósito de mantener viva la identidad y la memoria del barrio. Vera nació y creció ahí, entre sus olores y sus ruidos, entre la gente que iba y venía cuando todavía funcionaba la fábrica textil Sudamtex. Fiel a su vocación, tuvo la necesidad de ahondar en la historia y las personas atravesaron el barrio. 

La Comisión x la Memoria de Villa Ortúzar promueve el ejercicio de la memoria activa, a partir de la confección y colocación de Baldosas por la Memoria, y a través de otras actividades como bicicleteadas, recorriendo espacios clave del barrio vinculados a la última dictadura militar. Esta última actividad ocurrió el año pasado: se llamó Memoria en Bici, y su punto de partida fue El Hogar Obrero, donde la Comisión intervino pegando afiches con la historia de cada uno de sus vecinos desaparecidos por el terrorismo de Estado. Estas actividades fueron promovidas por Vera, para quien el edificio El Hogar Obrero ocupa un lugar clave no sólo de su identidad como orturenze, sino para los vecinos del barrio. “Todas estas cosas nos permitían darnos una historia a nosotros, a quienes éramos”, plantea Vera. “Eso que El Hogar Obrero significa para mí está presente en todo el barrio, no es ajeno a su historia”. 

Los desaparecidos del Hogar Obrero

Mario Podgaetzky vivió en el edificio de la avenida Álvarez Thomas, y fue secuestrado en su estudio jurídico en Liniers un 14 de octubre de 1976. Fue el primer desaparecido del Hogar Obrero. Transitó los pasillos y jardines que hoy son disfrutados en democracia. Nacido el 7 de agosto de 1937, Mario era abogado y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Cedió sus conocimientos y servicios para capacitar y organizar a delegados y trabajadores en lucha. No se conoce su suerte luego del secuestro. 

Esther Wejcman desapareció un 10 de enero de 1977. Fue abogada y militante del Partido Comunista. Vivía en el cuerpo de Álvarez Thomas al 1326 junto con su marido, Benjamín Ernesto Hertzl Glaz, quien recorrió varias comisarías incansablemente tras la desaparición de su mujer. A pesar de su búsqueda, Benjamín fue secuestrado días más tarde, el 26 de enero de 1977, en una pensión en Constitución. 

David Ariel Cordero y Patricio Enrique Slamon eran compañeros. Vivían, estudiaban y militaban juntos. Fueron secuestrados en el domicilio de David, en Giribone al 1325, un 21 de abril de 1977. Patricio era argentino-uruguayo y estudiaba arquitectura. Era militante de la Juventud Universitaria Peronista y Montoneros, y tenía 21 años cuando se lo llevaron. David, que compartía la misma carrera universitaria y espacios de militancia que su amigo, tenía 22 años al momento del secuestro. 

Como Mario, Esther, Benjamín, David y Patricio continúan desaparecidos, sin registro ni testimonios de su paso por un centro clandestino de detención. Desde la Comisión x la Memoria fue publicado un mapa que muestra con nombre, apellido y día de su desaparición, a las víctimas de terrorismo de Estado de todo el barrio: el edificio El Hogar Obrero, junto con la ex fábrica textil Sudamtex, son los espacios del barrio con mayor número de víctimas.  

La memoria es un proceso de reconstrucción constante. Un documento puede revelar la identidad de compañeros cuya historia se desconocía, o puede ayudar a reformular la de aquellos que recordamos todos los días. Ese fue el caso de Ana María Woichejosky, desaparecida un 7 de noviembre de 1976. Madre de dos hijos, militó en el Frente de Lisiados Peronistas, en el Frente Revolucionario 17 de Octubre y participó en el Frente Antiimperialista por el Socialismo. Ana María fue secuestrada en la Feria Artesanal de la Plaza San Martín a sus 43 años. En 2009, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó sus restos en una fosa común del Cementerio de Avellaneda. Estuvo detenida en el Centro Clandestino de Detención “Puente 12”, y fue asesinada junto a otros compañeros el 4 de enero de 1977. 

La Comisión x la Memoria de Villa Ortúzar contaba con datos oficiales que afirmaban que Ana María había vivido en el edificio, del lado de Álvarez Thomas. Luego de ponerse en contacto con uno de sus hijos, los vecinos pudieron reformular esa información. Se trataba del domicilio de su ex marido, Osvaldo Luis Tonso, donde también vivieron sus dos hijos: Daniel y Darío. Ana María no vivió personalmente en el edificio, pero sí lo visitaba con frecuencia previo a su desaparición. Así funciona la memoria: mantenerla viva es un proceso colectivo de búsqueda, aciertos y desaciertos, esfuerzo e investigación. Es la constante lucha por la verdad frente a un Estado genocida que, a falta de documentos oficiales ni registro de sus crímenes, privó a un país de parte de su identidad. Una identidad que hoy se sigue reconstruyendo.

Vera se pregunta si los vecinos del Hogar Obrero saben. Si saben que ahí mismo caminaron víctimas del terrorismo de Estado, a pesar de no estar inscripto en sus pasillos. Si saben quiénes fueron, quiénes recorrieron o vivieron en los departamentos que ellos habitan hoy. “Que no sea un lugar sin pasado” insiste. Que el presente del Hogar Obrero esté marcado por sus desaparecidos. “Es importante que haya una pregunta que lo recorra”. 

El Hogar Obrero es fruto de la tradición socialista y cooperativista de un grupo de militantes a principios del siglo pasado. Es resultado del aporte de los trabajadores, y hoy es reflejo de la historia de un barrio. Es la fachada que deja ver su aguante e identidad, sostenidas por los vecinos que le dieron vida de forma comunitaria, por aquellos que todavía se encuentran desaparecidos y por quienes los siguen buscando 50 años más tarde, repitiendo sus nombres para que su hogar no los olvide.