Malaria e ilusión

Mientras el Gobierno apuesta a sostener el dólar como ancla de estabilidad hasta 2027, la contracción del mercado interno, la incertidumbre inversora y la fragmentación opositora configuran un escenario atravesado por el ajuste y la disputa electoral. 

12 de julio, 2026 | 00.05

Con la ultra demorada salida del advenedizo Manuel Adorni, el gobierno se despegó rápidamente del daño autoinfligido a su relato anticasta. Fue ayer nomás, aunque parezcan mil años. El ex funcionario ya disfruta del ostracismo, aunque mantenga la custodia a cargo del erario mientras sigue gozando de la célebre “cascada” que tanto costó conseguir.

Si bien cabe sospechar que el daño reputacional ya fue hecho, por ahora el poder mediático –que es quien decide el cómo y el cuánto de la indignación popular– parece más dispuesto a dejar correr el espíritu mundialista que a hurgar en la corrupción oficial. Hasta el Poder Judicial aflojó con el escándalo $Libra. Dicen las malas lenguas que en la nueva calma fue clave el vía libre de Defensa de la Competencia para el Grupo Clarín y la velocidad récord en la designación de nuevos jueces.

Cualquiera sea el caso, el cambio de ánimo es evidente: el Presidente hasta recuperó su sueño imposible del Nobel y publicó un “paper” en Google Drive junto a un humilde coautor. Aquí también se pronunciaron las malas lenguas. Dicen que existiría un tercer escriba, un ghostwriter dominante y muy especial: la IA. Nada nuevo bajo el sol; las sospechas de plagio ya son un clásico de la “producción intelectual” presidencial. Todo dicho sin detenerse en su relevancia conceptual.

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Las dos economías

En la economía, mientras tanto, sigue reinando el wait and see de los inversores y la contracción del mercado interno. Los datos del IPI manufacturero conocidos esta semana muestran una evolución de serrucho a la baja (caída del 5,7 por ciento interanual, aunque con una suba del 0,4 por ciento mensual en mayo). Según los especialistas del sector, el amesetamiento actual se debe a que las empresas están ajustando márgenes de ganancia para sostener las ventas. El objetivo es de corto plazo: mantener los costos fijos a la espera de algún cambio de escenario.

La proyección sigue siendo la de “dos economías”: la de los dólares orientada al mercado externo y la de la contracción industrial y la mayor informalidad en el mercado interno, donde la demanda cae, los precios industriales corren por detrás del IPC y los costos suben. De acuerdo con la consultora I+D, dirigida por el ex UIA Diego Coatz, en el último año la electricidad para grandes usuarios aumentó un 79 por ciento y el gas entre un 30 y un 50 por ciento en promedio, lo que comienza a inviabilizar la estructura de costos industriales.

En la economía orientada a la exportación también hay restricciones. El RIGI luce muy atractivo, pero las inversiones de largo plazo demandan seguridad sobre la continuidad de las políticas. Los mercados están contentos con “el ajuste más grande de la historia”, pero los dueños del capital todavía no están convencidos de la estabilidad política. No están seguros de la reelección presidencial y prolongan el wait; la cautelosa espera.

Los economistas cercanos al oficialismo, como siempre, insisten en que el ajuste es el único camino. La tendencia de los números de recaudación, que ya es de derrumbe, genera incertidumbre. Ya se entró en la secuencia del “perro que se muerde la cola”. Si los ingresos públicos siguen cayendo, el ajuste para mantener el equilibrio fiscal deberá continuar. Las preguntas que vendrán serán sobre qué rubros seguir ajustando: ¿sistema previsional, salarios públicos, salud, educación?

El dólar como ancla

La vieja guardia de la City, aunque parezca imposible, critica por derecha. Sigue creyendo en la panacea de la liberalización absoluta del mercado cambiario, lo que implicaría una nueva devaluación. Por supuesto, con la promesa de posterior estabilidad y salto en la actividad. El mileísmo económico, que demostró un pragmatismo a prueba de balas, sabe que esa liberalización equivale a una devaluación y a un inevitable traslado a precios.

Sabe también que la clave para mantenerse en el poder después de 2027 es una sola: un dólar planchado que ancle los precios. Compensar la malaria de las mayorías con la ilusión de la estabilidad. Todo el programa económico se reduce a este objetivo: mantener el dólar lo más clavado posible. Por eso el programa financiero anunciado a comienzos de semana buscó transmitir que el gobierno ya cuenta con los dólares necesarios para hacer frente a todos los vencimientos de deuda hasta fines de 2027.

El margen de incertidumbre será la magnitud de la demanda preelectoral. Estos son los reparos que aparecen en los informes distribuidos por bancos internacionales como J.P. Morgan.

La interna opositora

La oposición, en tanto, sigue ayudando al oficialismo con su triste interna infinita. Uno de los efectos de estos enfrentamientos es que hoy no existen economistas considerados referentes, sino una gran dispersión con una amplia variedad de propuestas y visiones. No hace falta repetir que abundan quienes se empeñan en demostrar que no hubo aprendizaje de los errores del pasado reciente. Los hay desde quienes proponen romper con el sistema financiero internacional hasta quienes creen que deben volver a pisarse las tarifas o que el déficit fiscal es una cuestión menor.

Para el gobierno se trata de un dilema de difícil solución. Por un lado, le conviene que la oposición aparezca ante el electorado como el reflejo del pasado al que no se quiere regresar. También le conviene la interna permanente y la atomización del voto. La ilusión es que no haya un candidato único.

Pero, al mismo tiempo, una oposición impredecible pone nerviosos a los mercados frente a la posibilidad de que, a pesar de todo, Milei no consiga la reelección. Este escenario implicaría una profundización de la dolarización preelectoral de carteras, lo que dificultaría el objetivo central de clavar el tipo de cambio.

Sin embargo, aun en este escenario desfavorable, la apuesta oficial es que se repita la experiencia de las elecciones intermedias: que la bronca por la malaria del mercado interno sea eclipsada por el temor al regreso de lo que ya se rechazó en 2023 y 2025. Lo que ocurriría esta vez no sería tanto que gane Milei, sino, sobre todo, que pierda el peronismo desunido y percibido como el pasado.

Mientras las nuevas canciones tardan en aparecer, las viejas caras en algunos actos completan el aporte de una oposición que no enamora a nadie.

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Claudio Scaletta

Lic. en Economía (UBA). Autor de “La recaída neoliberal” (Capital Intelectual, 2017).