El buque de guerra británico HMS Medway navegó por aguas argentinas entre el jueves y el viernes pasados sin previo aviso a las autoridades argentinas. La incursión provocó el repudio del gobierno de Tierra del Fuego, pero no hubo reacción de la Cancillería que conduce Pablo Quirno, en línea con la política oficial de evitar cualquier tensión con el Reino Unido. En ese mismo marco, esta semana quedó confirmado que el presidente Javier Milei cumplirá su deseo de viajar a Londres a fines de octubre, en el contexto de una “Argentina Week”. De concretarse, se convertirá en el primer presidente argentino en realizar una visita oficial a Inglaterra en más de 20 años.
La Armada Argentina detectó al HMS Medway cuando navegaba hacia el Estrecho de Magallanes. El buque había zarpado desde Malvinas con destino a Punta Arenas, Chile, sin aviso previo al Gobierno argentino. Más tarde, las autoridades británicas aseguraron que sí habían informado sobre el desplazamiento y aludieron a un mensaje de WhatsApp que un funcionario del Ministerio de Defensa del Reino Unido le envió a Daniel Martella, secretario de Asuntos Internacionales de la cartera que conduce Pablo Quirno. Sin embargo, en el Gobierno fueguino sostienen que esa comunicación fue posterior al paso del navío por aguas argentinas.
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"Estamos frente a una provocación inadmisible. El Reino Unido mantiene una ocupación colonial ilegítima sobre una parte de nuestro territorio, militariza el Atlántico Sur, explota unilateralmente recursos naturales que no le pertenecen y ahora desplaza un buque de guerra sin respetar siquiera los mecanismos de información", protestó el secretario de Malvinas de Tierra del Fuego, Andrés Dachary. Fue la única reacción oficial porque desde la Cancillería argentina no hubo ninguna comunicación y la preocupación principal de los funcionarios fue cómo se había filtrado la información.
En virtud de lo establecido en el Acuerdo de Madrid que la Argentina y el Reino Unido firmaron en 1990, existe un mecanismo de notificación previa para todos los movimientos de unidades militares en el Atlántico Sur. En gobiernos anteriores, y con especial énfasis durante las gestiones peronistas, la Argentina protestó en numerosas ocasiones cuando detectó intromisiones en su espacio marítimo o aéreo. Esa política quedó de lado durante la gestión de Javier Milei, al menos en el plano público. El episodio del HMS Medway volvió a ponerlo en evidencia: especialistas que siguen la cuestión Malvinas señalan que ya hubo varias incursiones de aeronaves y embarcaciones británicas que, en al menos tres oportunidades, atravesaron la zona económica exclusiva sin que hubiera reacción oficial.
“Hay una actitud amigable de parte del gobierno de Milei y los británicos aprovechan para avanzar, para ver hasta dónde pueden tirar del hilo”, afirmó el ex diputado y ex secretario de Malvinas Guillermo Carmona. A su entender, esa misma lógica se replica en otro frente sensible de la disputa de soberanía: la explotación petrolera en la cuenca de Malvinas, donde interviene la firma israelí Navitas Petroleum. En ese caso también hubo una denuncia del gobierno de Tierra del Fuego contra Navitas ante la Autoridad de Valores de Israel, a la que acusó de “violar la ley y ocultar la ilegalidad de sus operaciones petroleras”. Sin embargo, en ninguna de las tres visitas que Javier Milei realizó a Israel el Presidente le planteó la cuestión al primer ministro Benjamin Netanyahu, pese a que se trata de una compañía con conocidos vínculos con el oficialismo israelí.
De todos modos, el gobierno de Milei mantiene la formalidad del reclamo por Malvinas. Dos semanas atrás, el canciller Pablo Quirno participó tanto de la sesión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas como de la Asamblea General de la OEA, ámbitos que emitieron sendas declaraciones en respaldo de la posición argentina y reclamaron al Reino Unido que retome las negociaciones, tal como establecen las resoluciones de la ONU. Ese respaldo fue posible por la colaboración de países aliados, pese a los reiterados gestos de una política exterior alineada de manera incondicional con Estados Unidos e Israel, muchas veces en tensión con líneas históricas de la diplomacia argentina.
Pero esa formalidad no está acompañada de medidas activas en favor del reclamo por Malvinas, ni de la búsqueda de llevar la posición argentina a otros foros internacionales como se hizo, por ejemplo, durante los gobiernos kirchneristas. Esto, además, se combina con actitudes condescendientes como en el caso de la incursión de HMS Medway de la semana pasada, que coincidió con la confirmación del viaje de Milei a Londres, una vieja ambición del Presidenta. Dos años atrás, cuando el ex primer ministro Boris Johnson anduvo por Buenos Aires, Milei lo llevó a conocer el balcón de la Casa Rosada y le contó sus deseos de visitar Inglaterra y también de reunirse con su ídolo Mick Jagger.
