En la Plaza de la Constitución, justo frente al Palacio de la Moneda, José Antonio Kast dio su primer discurso como presidente ante sus seguidores. Estos corearon pedidos de detención para el saliente Gabriel Boric y ondeaban banderas de Estados Unidos y del "Sí", una afirmación simbólica para la historia chilena que remite al plebiscito de 1988 que consultaba por la continuidad o no del régimen de Augusto Pinochet. Por esa consigna hizo campaña el entonces joven católico estudiante de Derecho que ahora recibe la banda presidencial. Salvando las distancias, hay un paralelismo con aquella dictadura que fue un punto final para la presidencia del socialista Salvador Allende, y el nuevo gobierno de extrema derecha que da vuelta la página a la gestión autodefinida de izquierda de Boric.
Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP), dijo a El Destape que el simbolismo de la jornada de asunción fue una confirmación de sus temores. "Escuchando su discurso y lo que han dicho algunos ministros, tenemos la razón en términos de que aquí se nos viene un gobierno muy autoritario. Recordar que el dictador usaba la franja presidencial con el escudo nacional; ningún presidente hasta Boric la había usado así, y ahora Kast lo retomó. Es una señal de reivindicación", aseguró.
Si bien Kast se nutrió en las filas de la Unión Demócrata Independiente (UDI) -donde fueron a parar parte de aquellos que quedaron “huérfanos” con la llegada de la democracia- y su seguidismo a Jaime Guzmán, ideólogo de la Constitución de los militares, el joven pinochetista fue dando pasos para “renovar” las formas de la derecha chilena.
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En 2019 formó el Partido Republicano, el mismo con el que compitió en las dos últimas elecciones, y al que renunció esta semana, según dice, como gesto de que va a gobernar para todos los chilenos y chilenas. Ese mismo año, momento en que el país inicia el llamado estallido social, el referente ultra se opondría a casi todas las consignas de ese levantamiento popular, como lo venía haciendo desde su banca en el Congreso, donde estuvo desde 2002 a 2018, y que fue una tribuna que usó no solo para rechazar, sino para militar en contra de reformas como el matrimonio igualitario, el aborto en tres causales o la distribución de la pastilla del día después.
Con ese legado cabe la pregunta ¿para quién va a gobernar José Antonio Kast? Para eso, además de esas líneas de su perfil, es posible revisar su programa, sus alianzas y sus primeras medidas como Presidente.
El inicio de la era Kast: del legado pinochetista a la “refundación”
En el camino a la presidencia, Kast fue derrotado dos veces y la tercera ganó. Tanto él como las circunstancias cambiaron. Más lo segundo que lo primero. Porque si bien se fue adaptando a la vida democrática, su historia y su reivindicación del pinochetismo no fueron ocultadas. En 2025, el ultraconservador se parecía bastante a aquel estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, pero al mundo le había llegado la hora de un segundo mandato de Donald Trump; al vecindario regional, presidentes como Javier Milei; y a Chile, la desilusiones por cierto fracaso del estallido y su primer gobierno de izquierda desde Allende.
“Kast es un cambio brusco respecto de lo que veníamos viendo, no solamente con el del saliente Gabriel Boric, sino con los distintos gobiernos anteriores. Este se planteó desde el primer momento con un ánimo refundacional, con una estética bastante reaccionaria, pero también rupturista y es el primer gobierno en democracia que asume con un compromiso tan importante con el pinochetismo”, dijo a El Destape el abogado y vicepresidente del Partido Popular de Chile. A su vez, señaló que la primera medida del gobierno entrante, que se firmó el jueves, solo horas después de su primera noche, fue un decreto que permite a Estados Unidos explorar y eventualmente explotar las denominadas tierras raras de Chile. “Nos hace entender que toda esta idea del gobierno de emergencia del que habló Kast en campaña, de las urgencias de la gente, eran solamente eslóganes. El gobierno aún no terminó de instalar delegados presidenciales y secretarías regionales ministeriales que son fundamentales para el funcionamiento cotidiano del Estado, es decir, antes de preocuparse por dejar instalados todos los eslabones entre el Poder Ejecutivo y la ciudadanía, su prioridad fue firmar un acuerdo con Estados Unidos”, agregó. En esa primera medida se ve una política económica y una alianza internacional.
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Si se buscan indicios de su modelo productivo y financiero durante la campaña, hay pocos detalles y algunas líneas directrices. Prometió el repunte de la economía resumido en el eslogan “Chile va a despegar”, objetivo al que dijo que llegaría a través de políticas de austeridad en el gasto público, con un recorte fiscal de 6.000 millones de dólares por 18 meses: “3.000 millones por ajuste del Estado y 3.000 millones por ajuste legislativo”, señaló. También anunció rebajas impositivas para grandes y medianas empresas, la eliminación del gravamen que se aplica a las ganancias de capital, así como otras facilidades para quienes quieran invertir en Chile.
Lira también pone el foco en la política de recortes. "Es gravísimo cuando se envía el primer día de gobierno un decreto para que todos los ministerios reduzcan su presupuesto en un 3%. Eso significa que se afectan Justicia, Educación, Salud y Desarrollo Social. Todos nuestros temores se cumplen al recortar los presupuestos que tienen que ver con las necesidades de la población", comentó.
Pero su principal foco de campaña fue la seguridad, el crimen organizado y la inmigración -estos últimos fueron por momentos intercambiables en su discurso-. En lo que tiene que ver con seguridad ciudadana, propuso su llamado “Plan barrido total” para recuperar espacio público y el orden con, por ejemplo, tolerancia cero al comercio ilícito. Frente al crimen organizado, dijo que impulsaría el “Plan Implacable” -sí, todos nombres cinematográficos- para construir cárceles de máxima seguridad y aislamiento total para cabecillas narcos, siguiendo el modelo italiano. Además, dijo que va a terminar con los “narcofunerales”; va a endurecer las penas; revisará la aplicación de la legítima defensa y que va a crear una “fuerza de tarea” para la recuperación de las zonas ocupadas por la criminalidad.
Para Lira, desde la campaña de Kast "fueron muy ágiles y tuvieron los recursos económicos para meter miedo con los narcos, con los traficantes, con el miedo a la calle. Mostraron que ellos van a hacer desaparecer a los delincuentes y sabemos que eso no es así". Además, en cuanto al gabinete de Kast, la dirigente de DD.HH. advirtió sobre los perfiles elegidos: "Hay que mencionar que ministros como el de Defensa, Fernando Barros, fue del equipo defensor de Pinochet en Londres. El ministro de Justicia, Fernando Rabat, es del equipo jurídico de Paulo Rodríguez Grez, fundador de la organización paramilitar Patria y Libertad. Esas son las señales que uno sabe para qué lado va: orden, amenazas y represión".
En tanto, a fines de enero, Kast fue a El Salvador a visitar la cárcel de máxima seguridad de Nakyb Bukele, el CECOT, y en una conferencia con su par centroamericano dijo: "Queremos establecer vínculos de colaboración en áreas donde podamos contribuir, como la tecnología minera, la educación y la agricultura, pero también queremos solicitar su colaboración para mejorar nuestro sistema penitenciario y conocer mejor su sistema de justicia penal”. Pero como incluso Bukele relativiza la extrapolación de “su método” a otros países, Kast tuvo que matizar: “No necesariamente, como usted dijo, haciendo lo mismo, sino más bien, de acuerdo con nuestra realidad, perfeccionando constantemente las medidas para mejorar la calidad de vida de nuestros compatriotas".
Para Sanhueza, el voto que le permitió a Kast ser presidente es “un voto de impugnación, no es un voto de adhesión necesariamente”, algo que comparó con la elección de Gabriel Boric en 2021. De esta forma, matizó la adhesión al nuevo presidente por su tradición “pinochetista” y levantando el peso del voto contra el gobierno saliente así como la preferencia por la agenda securitizadora con la que llegó el ultra.
“Me parece que dentro del amplio espectro de las izquierdas y centroizquierdas va a tener que haber un proceso de reflexión importante porque no se le entrega la banda presidencial a la ultraderecha todo por culpa de la ultraderecha, también existe evidentemente una sensación de abandono, de golpe de timón, de giro y de espalda a la ciudadanía justamente donde viene un gobierno que se viene a hacer cargo de esa sensación de inseguridad, de desastre económico, de peligro o de desborde migratorio que a la luz de los hechos no se ha cumplido”, dijo el político y militante de izquierda.
Otro punto nodal del programa de Kast fue la inmigración. En su campaña propuso el Plan Escudo Fronterizo. Ese escudo sería físico (con la construcción de zanjas, muros, torres, vigilancia permanente y centros de expulsión), tecnológico (con drones, cámaras, etc.) y también diplomático (sin dar detalles). Previo a su elección llegó a hacer un minidocumental al respecto bajo la idea de que “Chile ha sido invadido”, por lo que considera “inmigración ilegal” y el crimen organizado, y por la inacción del gobierno saliente. Prometió deportaciones masivas y vuelos chárter -pagados por los propios migrantes-, y el fin de lo que llamó envío de remesas ilegales al exterior e impedir el acceso a servicios sociales a los migrantes irregulares.
En enero, Kast también fue a República Dominicana para, entre otras cosas, visitar el muro que divide ese país con Haití. "Es un hito dentro de lo que ha sido la seguridad, el control fronterizo que han realizado exitosamente las autoridades de República Dominicana encabezadas por el presidente. Quiero agradecer al presidente por (...) mostrarnos lo que es una solución integral del control de fronteras", dijo Kast a los medios, parado al lado de su par dominicano, Luis Abinader.
Además, Kast dijo públicamente, reiteradas veces, que el 11 de marzo, es decir, cuando asumiera si llegaba a la presidencia, iban a expulsar 300.000 migrantes a Venezuela. “A la luz de los hechos vemos que está ocurriendo todo lo contrario, ya que vimos que en ceremonia de asunción tuvo como invitados de honor a Juan Guaidó y María Corina Machado, quien además tuvo un encuentro en el centro de Santiago con más de 10.000 venezolanos”, dijo Sanhueza. Kast también había prometido para el minuto uno de su 11 de marzo, que enviaría retroexcavadoras para cavar una zanja en la frontera de Chile con Bolivia y Perú, cuestión que no ocurrió. Y agregó: “Hay una serie de cuestiones que apuntaban a hacerse cargo de las urgencias de la ciudadanía o de la sensación de inseguridad y de otras cuestiones simbólicas que tampoco se han cumplido. Él dijo que se iba a bajar el sueldo a la mitad una vez llegara al poder, no solo no se lo va a bajar, sino que se pronostica un aumento en el sueldo del gabinete y del presidente. También el irse a vivir a la casa de La Moneda fue una señal que genera cierta adhesión en la gente, un gesto republicano ya que antes de Allende, los presidentes solían vivir allí y ahora él lo retomó, así que ahora nadie estaba hablando de la firma del acuerdo con Estados Unidos sino que todos hablaban de que almorzó en el casino del palacio presidencial -donde almuerzan los funcionarios- con todos los trabajadores y que su esposa sirvió los platos”.
Alianzas Internacionales: El "Escudo de las Américas" y la Internacional Reaccionaria
Kast viene redoblando esfuerzos por trazar alianzas internacionales, sobre todo desde su segunda candidatura presidencial cuando rivalizó en un balotaje con Gabriel Boric en 2021, cuando cobró más relevancia y terminó de enterrar a la derecha tradicional. Desde entonces, se alineó con la extrema derecha de España, siendo uno de los primeros firmantes de la llamada Carta de Madrid, que impulsa el partido Vox de Santiago Abascal. Participó en sus eventos, donde asisten, por ejemplo, Marine Le Pen y Giorgia Meloni; también participó de las convenciones conservadoras, CPAC, nacida en Estados Unidos y exportada a distintas partes del globo.
Y cuando Trump volvió a la Casa Blanca, formó filas detrás de sus iniciativas, como la que vimos este mes en Miami, cuando el republicano convocó a los mandatarios de derecha y extrema derecha de la región para formar lo que llama Escudo de las Américas. En ese evento, el republicano estadounidense dijo: "Estamos trabajando con ustedes para hacer lo que sea necesario. Usaremos misiles, si quieren que usemos un misil. Son extremadamente precisos. Piu, directo a la sala de estar. Ahí se acabó ese miembro del cártel. Pero haremos lo que necesiten, si quieren". A este evento asistieron parte de los potenciales aliados de Kast, algunos ya mencionados como Bukele y Abinader, pero también Javier Milei, con quien en otras ocasiones posaron junto a una motosierra.
Especialistas como el internacionalista Juan Gabriel Tokatlian han definido a esta alianza de ultraderecha a la que se suma Kast como "internacional reaccionaria" y a Donald Trump como su tótem. Respecto a la reunión a la que convocó el magnate en Miami, el especialista dijo que “es la expresión de que Estados Unidos ha entendido que es posible unificarlos, coordinarlos. Es posible que su proyecto —expresado en la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional de alinear y disciplinar a América Latina— ahora encuentre una oportunidad”, describió.
Una ausencia significativa fue la de Lula da Silva, que si bien estuvo invitado por Kast e incluso se habían reunido en otra ocasión, pero el brasileño rechazó el convite porque los hijos de Bolsonaro, Eduardo y Flavio, también viajaron a Santiago para la asunción. Este último es el que se perfila a competir contra el petista en octubre, por designio de su padre.
La imitación -con adaptación- de las políticas represivas de Bukele; el rechazo a los migrantes de Abinader y el completo alineamiento con Washington son parte de sus señales de política exterior. Esto último también quedó expuesto en los días previos a la asunción cuando rechazó un encuentro con Boric por una concesión a una firma china de la construcción de un cable subterráneo que unirá Hong Kong con Valparaíso. Estados Unidos acusó a China de interferencias y espionaje en el país latinoamericano, y Kast obedeció y plantó al saliente mandatario de izquierda.
Pero Sanhueza relativizó este aparente rechazo y rivalidad con China. “La derecha chilena por una cuestión ideológica siente una afinidad bastante ortodoxa con Estados Unidos. No obstante, Kast envió hace un par de semanas a una delegación del partido republicano presidida por Ruth Hurtado, que es la mujer de más confianza dentro del partido, a China. No podemos darnos el lujo de romper relaciones con China ya que es nuestro principal socio comercial. Luego viene Estados Unidos y Brasil. Kast tiene mucha más afinidad con Donald Trump, pero por debajo estaba enviando también la señal a China de que estamos comprometidos con ello y que no vamos a abandonar”.
La plaza y el palacio divididos: Expectativas y temores
El 11 de marzo también asumió un Congreso donde el escenario no está totalmente inclinado hacia los ultra como la presidencia. Aunque los bloques de derecha afines al nuevo gobierno -incluyendo al Partido Republicano y sectores de Chile Vamos- se quedaron con una representación significativa cercana a la mayoría simple, no tienen los votos necesarios para controlar la Cámara baja por sí solos. El panorama en el Senado es similar, con una correlación de fuerzas prácticamente equilibrada entre los sectores de derecha y la centroizquierda. Los dos bloques quedaron empatados con 25 escaños cada uno.
“Creo que el Congreso va a estar mucho más complicado de lo que se podría pensar. Ahora hubo un primer revés para la nueva oposición por la presidencia de la Cámara y el acuerdo administrativo que distribuye quienes presiden las distintas comisiones de Constitución, de Trabajo, Mujer, Derecho Humano, etc. No obstante, el oficialismo no tiene un bloque homogéneo que podríamos decir que se cuadre de manera ortodoxa con el gobierno. Por un lado, a la derecha del gobierno, está el Partido Nacional Libertario, que ayer su mismo dirigente máximo, Johannes Keiser, planteó que ellos van a hacer oposición, una de tipo colaborativa y crítica, y que van a impedir que este gobierno se izquierdice. Luego está el denominado Partido de la Gente, que hizo campaña bajo el lema ‘ni facho, ni comunacho’, distinguiéndose evidentemente de ambas partes del tablero”, explicó Sanhueza.
Según datos de la encuestadora CADEM, una de las principales de Chile, el 52% de los encuestados manifestó optimismo ante el nuevo Gobierno, mientras que un 25% cree que le irá mal o muy mal y 21% considera que será regular. Estas voces de descontento y preocupación, se manifestaron por ejemplo en la movilización del 8M donde, por ejemplo, Judith Rios, de 34 años, dijo a la agencia de noticias AFP: "Me da mucho miedo este gobierno, y lo digo abiertamente. Le temo al gobierno de Kast". En tanto, Andrea Zuniga, docente de 42 años, afirmó: "Yo creo que (...) nos vamos a unir más, van a haber más marchas porque la señal que está dando el nuevo gobierno, insisto, va en contra de todos nuestros principios como mujer y como sociedad.
Lira confía en la reacción ciudadana frente a posibles retrocesos en derechos. "El año pasado incorporaron un proyecto para dar libertad a criminales de 70 años, y felizmente ahí la población reaccionó: el 75% estuvo en contra de que se le diera libertad a los criminales de lesa humanidad. Por lo menos en ese sentido hoy tenemos un pequeño proceso de no permitir que eso pase", confió.
En suma, la llegada de Kast a la presidencia no solo representa un cambio de mando, sino una reconfiguración profunda del pacto entre el palacio y la plaza en Chile. Entre el legado pinochetista del nuevo líder, su militancia conservadora, su agenda de mano dura, su aspiración a la "refundación", además del alineamiento estratégico con la “internacional reaccionaria”, se vislumbra un giro radical. Pero este quizás no tenga el camino allanado: un Congreso fragmentado y una sociedad civil que, como advierte Alicia Lira, mantiene viva la memoria y la vigilancia sobre los derechos humanos, podrían imponer un límite a las ambiciones de los ultra.
