Un Gobierno cerrado sobre sí mismo y una economía estancada

¿Milei está nervioso y más irascible? Más allá del estilo del Presidente, la situación económica actual explica las preocupaciones que dominan al Gobierno a 13 meses de las PASO del año próximo.

30 de abril, 2026 | 00.05

Dicen que el Presidente está de mal humor, irritable, que por eso redobló sus viejas prácticas de insultador serial. En principio, la afirmación es extraña, el personaje Milei siempre fue irritable e insultador. Lo único que cambia, a veces, es el volumen. Además, los analistas políticos explicaron en su momento que esta irritabilidad de su carácter resultó útil para que todo un pueblo, irritado con el gobierno del Frente de Todos y su alta inflación, se identifique con la bronca inmanente del ahora Presidente, esa que le hace torcer la boca e impostar la voz ronca en cada alocución. El espectáculo Milei siempre fue soez, pero el escenario de sus actos de campaña fue, literalmente, una pantalla con explosiones. Este imaginario le permitió sintonizar con el clima de época. El pueblo, al menos el que lo votó en primera vuelta, aspiraba precisamente a que explote todo, que explote la política y los políticos, la presunta casta y, con ellos, que explote el Estado.

Ya en el tercer año de mandato, lo que se observa es que las explosiones sucedieron. Explotó la política y explotó y sigue explotando el Estado. Lo que en cambio no explotó fue la llamada “casta”. El nuevo gobierno se nutrió en partes iguales del reciclado de la casta cambiemita y de los recién llegados, una multitud plebeya y aspiracional dispuesta a monetizar, a como dé lugar, el paso efímero por la función pública. En este universo, la transición en tiempo récord del ex vocero y actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni, de abanderado de la moral anticasta a una vida privada de nuevo rico, expresa el paradigma del libertarianismo realmente existente. Y si alguien tiene dudas, puede hurgar en la jornada gubernamental del miércoles 29 de abril, con la plana mayor del Poder Ejecutivo en el Congreso haciéndose cómplice. Y no solo eso, con un operativo de cortes de calles y vallado del palacio legislativo que involucró a miles de efectivos de las fuerzas de seguridad, con el único objetivo de evitar que se haga visible cualquier expresión de disconformidad popular. Más casta no se consigue.

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Lo que se observa es un gobierno cerrado sobre sí mismo y construyendo un relato de éxitos con cada vez menos fieles. Existe un choque entre imagen propia y realidad. La sociedad argentina nunca fue especialmente intolerante con la rapiña menor de algún funcionario. En el manejo de la cosa pública siempre priorizó los resultados por sobre la moral. El cambio de clima del presente puede tener dos explicaciones. La primera es la puja intraburguesa. El Presidente insultó a demasiados empresarios muy poderosos y “las negras también juegan”, a lo que se agrega que, también al interior de las clases dominantes, el modelo tiene ganadores y perdedores. La segunda, probablemente más potente, es que el fracaso del plan económico comienza a ser evidente. Muchos de los votantes de Milei en segunda vuelta ya perdieron la paciencia y, en el año tres, ya no resulta creíble atribuir las tribulaciones del presente exclusivamente a los gobiernos precedentes.

¿Por qué puede hablarse de fracaso del plan económico? El último informe de la consultora Audemus lo resume en una sola frase: existe un proceso de “estanflación con baja acumulación de reservas”, frase que necesita ser desmenuzada.

Tras el triunfo electoral de medio término, el gobierno enfrentaba dos demandas en principio contradictorias: bajar la inflación e impulsar el crecimiento. La elección oficial fue claramente por bajar la inflación apostando a la herramienta que utilizó desde siempre tras el ajuste devaluatorio de partida: el ancla cambiaria. Para lograrlo, al menos durante el primer semestre del año, cuenta a priori con viento de cola. En concreto con tres factores: la baja demanda interna de divisas y algún ingreso de capitales tras el triunfo electoral, el crecimiento de las exportaciones por el efecto precios internacionales tras el bloqueo del estrecho de Ormuz y la cosecha récord del agro. Al menos hasta el segundo semestre puede preverse que no existirán sobresaltos cambiarios.

Sin embargo, a pesar de la abundancia de divisas que la sostienen, la apreciación cambiaria post electoral no fue suficiente para frenar la inflación. Aquí también operaron el efecto precio de la guerra y la inercia de los precios regulados que comenzaron a soltarse. La inflación, al menos hasta marzo, se resistió a bajar del piso del tres por ciento mensual. Al mismo tiempo, el tipo de cambio apreciado y la caída de la demanda resultaron letales para la actividad interna, lo que configuró el escenario de estanflación y baja del consumo que comenzó a impactar fuertemente en la “sustentabilidad política del modelo”, el gran eufemismo para la “pérdida de apoyo popular” que relevan las encuestas y los índices de confianza.

En el mientras tanto, también para sostener la apreciación, el gobierno sigue sin acumular reservas internacionales. Lo que deteriora las expectativas para el segundo semestre, cuando los dólares ya no serán tan abundantes. Dicho de otra manera, si no se acumulan reservas en el primer semestre en el segundo reaparecerá la dolarización de excedentes, hoy en calma.

La inflexibilidad a la baja del riesgo país expresa estas incertidumbres del modelo, pero a la vez las refuerzan, porque le dificulta al gobierno tomar deuda y emprender políticas expansivas. Es más, sin financiamiento externo se ve obligado a lo contrario, a reforzar las políticas monetarias y fiscales, y por extensión de ingresos, restrictivas. Un verdadero círculo vicioso que se agravará a partir de la necesidad de afrontar los vencimientos de deuda del segundo semestre. Resulta difícil saber sí el Presidente está más nervioso de lo normal. Lo que sí puede afirmarse es que, a “solo” 13 meses del cierre de listas para las PASO presidenciales, razones no le faltan. Gajes del oficio.