El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha dado un severo aviso a Armenia, su aliado de larga data: si sigue insistiendo en querer adherirse a la Unión Europea, puede despedirse del petróleo y el gas rusos a bajo precio.
El líder ruso lanzó la advertencia antes de las elecciones parlamentarias que se celebrarán este domingo en Armenia, en las que las encuestas apuntan a una victoria del partido del primer ministro prooccidental Nikol Pashinián.
No se trata de una amenaza en vano. Armenia, un país sin litoral de 3 millones de habitantes con vínculos centenarios con Rusia, depende en gran medida de Moscú, que ha impuesto prohibiciones temporales sobre importantes exportaciones armenias antes de las elecciones.
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Pero las palabras de Putin también reflejan una verdad incómoda para Moscú. Mientras libra una guerra en Ucrania sin un final a la vista tras más de cuatro años de combates, Rusia está intensificando y complicando cada vez más sus maniobras de retaguardia en todo el mundo para intentar conservar su influencia geopolítica.
Mientras Moscú centra sus recursos en la guerra de Ucrania, la Unión Europea y Estados Unidos han estado cortejando y presionando a los aliados e intereses tradicionales de Rusia, tanto en lo que Moscú considera su barrio como en lugares más lejanos.
Desde La Habana y Caracas, hasta Belgrado y las estepas de Asia central, e incluso en África occidental, donde las fuerzas de Moscú están ayudando a combatir a los islamistas, la influencia rusa se encuentra bajo presión.
PREOCUPACIÓN RUSA
Armenia, destinataria desde hace tiempo de la generosidad rusa y sede de una base militar rusa, firmó el mes pasado un acuerdo de asociación con EEUU y Pashinián obtuvo el respaldo incondicional del presidente Donald Trump.
Armenia, que en su día formó parte de la Unión Soviética, también aprobó el año pasado una ley que establece la base jurídica para su adhesión a la UE.
"Por supuesto, nos preocupa profundamente la política de acercamiento de las autoridades armenias a la comunidad euroatlántica, cuya política fundamental va dirigida contra Moscú", dijo a los periodistas María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia.
"Los anglosajones se jactan abiertamente de 'separar' a Armenia, como ellos dicen, del abrazo de oso de la 'Rusia autoritaria'".
Blogueros y analistas de guerra rusos afirman que Rusia se enfrenta a un intento concertado y en gran medida occidental —al igual que en otras regiones del mundo— de expulsarla de la amplia región del Cáucaso meridional, de la que forma parte Armenia.
"En tales condiciones, la cuestión de adaptar la estrategia rusa (para adoptar el poder blando y las palancas económicas) se convierte en clave", dijo el canal analítico ruso de Telegram "The Secret Chancery", que cuenta con más de 400.000 seguidores.
Una fuente cercana al Gobierno ruso señaló que Moscú podía ver que países como Armenia "estaban todos a la espera de ver cómo terminaba la guerra (en Ucrania)" y que algunos ya estaban forjando nuevos lazos mientras Moscú se encontraba en gran medida distraída en otros frentes.
Para Moscú, el hecho de que Armenia acogiera el mes pasado una reunión de líderes europeos, entre los que se encontraba el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, fue la gota que colmó el vaso.
Desde entonces, Rusia ha prohibido temporalmente la importación de muchos productos armenios, ha advertido de que podría cortar las exportaciones de petróleo, gas y diamantes en bruto a bajo precio, ha sugerido que Armenia podría ser expulsada de la Unión Económica Euroasiática —un bloque comercial liderado por Rusia— y ha llamado a consultas a su embajador en Armenia.
Dmitri Medvédev, el franco vicepresidente del poderoso Consejo de Seguridad de Rusia, también insinuó que el primer ministro de Armenia podría, si no tiene cuidado, correr la misma suerte que el revolucionario bolchevique León Trotsky, a quien Iósif Stalin asesinó con un picahielo.
(Edición de Timothy Heritage; edición en español de María Bayarri Cárdenas)
