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La “pistola en la cabeza” es llegar a fin de mes: cómo crece la deuda en los sectores populares

Al menos 6 de cada 10 familias de barrios populares tuvo que endeudarse para afrontar gastos corrientes. Mientras crece la mora, se expande un entramado financiero paralelo que sostiene la vida cotidiana ahí donde el ingreso ya no alcanza.

10 de agosto, 2026 | 00.05

La deuda dejó de ser una herramienta para comprar un electrodoméstico o afrontar un gasto extraordinario y pasó a ser la forma de pagar la comida, los servicios, los medicamentos o simplemente llegar a fin de mes. En este escenario, mientras la mora se mantiene en niveles récord, un informe mostró que, para miles de hogares de barrios populares son las personas conocidas, los prestamistas y las aplicaciones los que conforman un entramado financiero "paralelo" que cada vez más sostiene la vida cotidiana, ahí donde el ingreso ya no alcanza.

“Nadie les puso una pistola en la cabeza”, sostuvo el presidente Javier Milei en una entrevista reciente, descartando alguna ayuda oficial a las familias que no pueden pagar sus deudas. Sin embargo, mientras para el jefe de Estado se trata de decisiones estrictamente individuales, los datos exhibieron, una vez más, otra realidad: cuando los ingresos dejan de alcanzar de manera estructural, la deuda deja de ser una decisión financiera excepcional y se convierte en un mecanismo para sostener la vida cotidiana.

El fenómeno no se limita a que existan más personas endeudadas. También cambia la forma en que se financian los hogares: crece la mora en el sistema formal y, al mismo tiempo, cobran mayor peso los familiares, los vecinos, los prestamistas barriales y las plataformas digitales: 6 de cada 10 hogares de barrios populares afirmó que tuvo que pedir plata prestada o tomar un crédito para afrontar necesidades cotidianas incluso después de haber recortado gastos y consumos diarios.

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Cuando el ajuste ya no alcanza, aparece la deuda

Cuando los ingresos dejan de alcanzar en el día a día, para algunas familias la crisis implica pasar a depender de un sistema financiero “paralelo” que les permita sostener la reproducción cotidiana de los hogares. Mientras crece la deuda –y la mora- en el sistema formal, los hogares de sectores populares recurren cada vez más a un entramado financiero paralelo -familiares, vecinos, prestamistas del barrio y aplicaciones- para pagar comida, medicamentos, servicios o llegar a fin de mes.

Mientras la economía muestra una mejora de la actividad concentrada en unos pocos sectores, otros —en particular los intensivos en empleo— permanecen estancados o se retraen. En paralelo, aumentaron el desempleo, la informalidad y el cuentapropismo, una combinación que golpea especialmente a los jóvenes (7 de cada 10 ocupados menores de 29 años tiene un empleo informal, según datos oficiales). Un informe del Instituto Universitario CIAS advirtió que el 75% de los jóvenes consideró que la situación económica empeoró durante los últimos doce meses. La percepción no se limita a una evaluación general: seis de cada diez jóvenes señaló que en lo que va de 2026 sus hogares tuvieron que reducir el consumo o el gasto en algún rubro corriente.

Los datos surgen de un relevamiento realizado por el centro de estudios entre mayo y junio de este año a jóvenes de 16 a 24 años de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y exhibieron la magnitud del ajuste sobre las necesidades inmediatas. El 40% de los jóvenes afirmó que en su hogar se redujo el gasto en alimentos, mientras que el 18% mencionó ropa o calzado, el 17% recreación o salidas y el 14% servicios como luz, gas, garrafa o telefonía. Es decir, antes de recurrir al crédito, los hogares achican todo lo que pueden, incluso lo más básico para subsistir, pero cuando ni siquiera esos recortes alcanzan, aparece otra herramienta para sostener el consumo cotidiano: la deuda

En este contexto, el presidente Javier Milei aseguró recientemente en una entrevista que “nadie les puso una pistola en la cabeza" a las familias que tomaron deuda, sin embargo, los datos muestran que lejos de una elección directa, los hogares terminan optando por el endeudamiento como una de las consecuencias del propio modelo económico implementado por la admiración nacional. El Mapa de la Deuda (elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad y la Fundación Friedrich Ebert) graficó con claridad la realidad argentina: entre julio de 2024 y junio de 2026, la deuda real creció 85,6%, mientras que la deuda en mora aumentó 793,8%. La tasa de mora pasó de 3,6% a 17,5%. En junio de 2026, 19.661.610 personas tenían deuda y 4.907.603 estaban en mora. El stock real alcanzó $ 52 mil M y la deuda real en mora $ 9,1 mil M.

Sobre ello, en los barrios populares, la falta de ingresos suficientes empieza a cubrirse con deuda: el 57,0% de los jóvenes consultados por el CIAS afirmó que, en lo que va del año, su hogar tuvo que pedir plata prestada o tomar un crédito para afrontar gastos cotidianos. No se trata de financiar la compra de un electrodoméstico o un gasto extraordinario, sino de conseguir dinero para sostener el día a día. De hecho, la relación entre ajuste y endeudamiento es directa: entre los hogares que redujeron su consumo, el 66% también tomó deuda. 

De ese modo, no es sólo aumentó la cantidad de hogares endeudados, sino que cambió e fin para el qué se utiliza la deuda. Cuando el préstamo sirve para comprar comida, pagar un servicio o llegar a fin de mes, deja de ser una herramienta excepcional para convertirse en parte de la administración cotidiana del hogar y en ese proceso empieza a tomar forma un sistema financiero propio de los sectores populares, sostenido por vínculos familiares y comunitarios, prestamistas barriales y, cada vez más, plataformas digitales.

El sistema financiero que se arma por abajo

Cuando el crédito formal deja de ser accesible o suficiente, la deuda no desaparece, cambia de lugar. En los barrios populares, una parte importante del financiamiento cotidiano se organiza por fuera de los bancos y de las tarjetas. El relevamiento del CIAS evidenció que, entre los hogares que tomaron deuda, el 68% recurrió a familiares o amigos y el 39% a prestamistas del barrio. Las billeteras virtuales aparecen en el 21% de los casos y las tarjetas de crédito en el 18%.

La diferencia no es menor ya que el circuito que permite sostener los gastos cotidianos no está compuesto únicamente por productos financieros tradicionales, sino por una red que combina vínculos familiares, relaciones de cercanía, prestamistas barriales y plataformas digitales. En ese entramado, la frontera entre "crédito" y "ayuda" también se vuelve más difusa. Pedirle dinero a un familiar, comprar fiado, recurrir a un vecino o acudir a un prestamista pueden cumplir una misma función económica: conseguir liquidez cuando el ingreso mensual ya fue absorbido por los gastos básicos. El dato del informe al que accedió este medio puso sobre la mesa hasta qué punto esas redes tienen peso para no pocos hogares argentinos: entre quienes se endeudaron, los canales informales fueron utilizados con mucha mayor frecuencia que las tarjetas, por ejemplo.

El fenómeno también tiene una contracara. A medida que más hogares necesitan recurrir al crédito para sostener consumos básicos y una parte creciente de los deudores queda en mora, se reduce la capacidad de volver a financiarse por las vías tradicionales. Los datos recientes sobre endeudamiento muestran que las personas endeudadas exclusivamente con fintech presentan niveles de mora superiores a quienes tienen deuda sólo con bancos, mientras que el segmento de otros proveedores de crédito registra niveles todavía más elevados, tal como se aprecia en el mapa elaborado por el Mapa de la Deuda, en base a la Central de Deudores del Banco Central (BCRA)

El problema es que esa solución tiene un límite. La deuda tomada para financiar una compra excepcional puede cancelarse con ingresos futuros, la deuda utilizada para comprar alimentos, pagar servicios o llegar a fin de mes necesita renovarse una y otra vez. El resultado es un circuito que se retroalimenta: ingresos insuficientes, ajuste del consumo, deuda para cubrir gastos básicos, acumulación de obligaciones y, finalmente, mora. La discusión, entonces, no pasa solamente por cuánto deben los sectores populares, sino por qué necesitan endeudarse para vivir. El dato más contundente del relevamiento es, justamente, que más de la mitad de los hogares consultados tuvo que recurrir al préstamo o al crédito para comer, comprar un remedio, pagar el transporte.

En definitiva, la situación de los barrios populares evidencia que las familias se ven obligadas a tomar deuda pero por las consecuencias de un modelo económico que genera empleos cada vez más precarios, peor remunerados e inestables, ingresos estancados y trabajadores que aun duplicando su jornada laboral no llegan a comprar lo básico para subsistir.