Uno de los daños que genera la pérdida de la capacidad de compra de los trabajadores es la caída del consumo en el sector gastronómico. Según la última actualización del particular Índice de la Milanesa que se elabora en la Ciudad de Buenos Aires, el poder adquisitivo en restaurantes sufrió un fuerte desplome en el arranque del año. La brecha entre la evolución de los precios del menú y los ingresos reales ha configurado el escenario de consumo popular más bajo en casi una década.
El indicador, desarrollado y actualizado de forma periódica por el laboratorio de políticas públicas iCiudad, calcula de manera exacta cuántos platos de milanesa de ternera con guarnición puede comprar un trabajador formal porteño en un restaurante tradicional con su sueldo mensual promedio. La elección del menú no es azarosa: la milanesa con papas fritas o puré representa el consumo popular por excelencia de la clase media y media-baja en la cultura porteña, por lo que su costo refleja fielmente la temperatura del consumo masivo fuera del hogar.
El desplome del consumo: 53 milanesas menos en tres años
La actualización del indicador correspondiente al primer bimestre de 2026 expone un retroceso drástico. Según detalló el informe, un trabajador porteño promedio con empleo registrado pudo adquirir un promedio de 104 milanesas con guarnición por mes durante los primeros dos meses del año.
"El sector gastronómico es uno de los primeros en sentir el impacto cuando los salarios pierden contra los precios, y lo que muestra el índice es que esa brecha no se cerró: se amplió", advirtió el director de ICiudad, Santiago Battista, tras la publicación del documento y remarcó que no existe una recuperación genuina en la economía real si los asalariados siguen recortando su capacidad de gasto básico.
Una tendencia histórica destructiva y la caída a la mitad desde la pandemia
La recesión del bolsillo no se trata de un fenómeno aislado del último mes, sino de la profundización de una tendencia descendente y sostenida que arrastra la economía de la Ciudad. Uno de los picos históricos de poder de compra bajo este indicador ocurrió en el año 2017, cuando el sueldo promedio de un empleado registrado alcanzaba para financiar la cifra de 175 milanesas anuales. Desde entonces, las crisis cambiarias de 2018 y 2019, sumadas a los shocks inflacionarios posteriores, pulverizaron los ingresos.
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La mirada de largo plazo aporta un dato demoledor: durante el primer bimestre de 2020, en el período inmediatamente previo a las restricciones severas de la pandemia, el índice se ubicaba en las 190 milanesas mensuales. En un lapso de apenas seis años, la capacidad de compra de los trabajadores de la ciudad en los comercios gastronómicos tradicionales se redujo prácticamente a la mitad.
La imposibilidad de convalidar los precios de las pizarras de las cantinas y bodegones no solo golpea la calidad de vida y el esparcimiento de las familias porteñas, sino que anticipa una fuerte contracción y un escenario sumamente desafiante para los locales del sector comercial de la Ciudad de Buenos Aires, que asisten a la progresiva desaparición de su clientela habitual.
