La consagrada actriz de cine y televisión Chunchuna Villafañe murió este jueves a los 92 años. La noticia fue confirmada por su hija, la actriz y cantante Juana Molina, quien se despidió de ella con una emotiva publicación en redes sociales.
"Queridos amigos. Murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. sucedió esta madrugada. Es un cocktail de sensaciones. cuando volví a su casa y vi su cama vacía me di cuenta de que la voy a extrañar mucho. esa ausencia inmensa. Ir a su casa a conversar era algo que hacía muy a menudo y sería incapaz de recordar alguna de esas conversaciones que duraban horas. no sé de qué hablábamos, pero hablábamos mucho", escribió Juana en su cuenta de Instagram para despedir a su mamá.
El nombre de Chunchuna Villafañe ocupa un lugar particular dentro de la historia cultural argentina. Su trayectoria atravesó distintos ámbitos artísticos y profesionales, desde las pasarelas y la publicidad hasta el cine y la televisión, convirtiéndola en una de las personalidades más reconocidas de las décadas de 1960 y 1970.
Antes de convertirse en actriz, Villafañe alcanzó notoriedad como modelo. En una época en la que la industria de la moda comenzaba a adquirir una mayor visibilidad en el país, su imagen se destacó por un estilo sofisticado y moderno que la llevó a protagonizar campañas publicitarias y producciones fotográficas de gran repercusión. Su presencia elegante y su personalidad carismática la transformaron rápidamente en un rostro familiar para el público argentino.
La carrera en cine de Chunchuna Villafañe
El salto a la actuación llegó en un contexto de renovación para el cine nacional. Durante los años sesenta comenzó a participar en diversas producciones cinematográficas, donde demostró que podía desenvolverse más allá de su fama como modelo. Su trabajo en la pantalla grande le permitió construir una carrera artística propia, participando en películas de distintos géneros y compartiendo proyectos con algunos de los nombres más importantes del espectáculo argentino de la época.
Su desembarco en el cine confirmó que detrás de aquella figura glamorosa había una intérprete de gran sensibilidad. Uno de sus primeros trabajos resonantes fue Un guapo del 900 (1971), dirigida por Lautaro Murúa, una adaptación de la clásica obra de Samuel Eichelbaum en la que compartió pantalla con algunas de las figuras más importantes del cine nacional. Aquel papel marcó el comienzo de una carrera cinematográfica que la llevaría a trabajar con realizadores fundamentales del país.
A mediados de los años setenta participó en No toquen a la nena (1976), del director Juan José Jusid, una película que abordaba con humor e ironía los cambios sociales de la época. Sin embargo, el golpe militar de 1976 alteró profundamente su vida. Junto a su entonces pareja, el cineasta y dirigente político Fernando 'Pino' Solanas, recibió amenazas y debió exiliarse primero en España y luego en Francia. Ese período la mantuvo alejada de la escena argentina, pero también reforzó su vínculo con los círculos culturales e intelectuales europeos.
Su gran consagración como actriz llegó con La historia oficial (1985), de Luis Puenzo. Aunque no interpretaba el personaje principal, su composición de Ana quedó grabada en la memoria del público gracias a una de las escenas más intensas y conmovedoras de la película. El film se convirtió en un acontecimiento histórico al ganar el Premio Óscar a la Mejor Película Extranjera y consolidó a Villafañe como una actriz de enorme prestigio. Muchos críticos consideran que ese fue el trabajo más importante de toda su trayectoria.
En los años siguientes continuó eligiendo proyectos de perfil artístico. Participó en Nunca estuve en Viena (1989), dirigida por Antonio Larreta, y más adelante trabajó bajo las órdenes de Fito Páez en Vidas privadas (2001), donde compartió elenco con Cecilia Roth y Gael García Bernal. También formó parte de Extraño (2003), del cineasta Santiago Loza, una película que se transformó en una obra de culto dentro del cine independiente argentino.
