Christopher Nolan, maestro de la narrativa no lineal y el espectáculo visual, es el director de Oppenheimer, una obra monumental que disecciona la vida de J. Robert Oppenheimer, el "padre de la bomba atómica". La película se sumerge en el vertiginoso desarrollo del Proyecto Manhattan durante la Segunda Guerra Mundial, explorando no solo la carrera contra la Alemania nazi para alcanzar la fisión nuclear, sino también el complejo entramado de dilemas éticos que enfrentaron los científicos en Los Álamos. A través de una cinematografía asfixiante, el filme retrata la transición de Oppenheimer desde la curiosidad académica hasta la carga insoportable de haber alterado el curso de la historia humana para siempre.
Un final lleno de angustia existencial
El desenlace de la película no ofrece una catarsis heroica, sino una cruda revelación de culpa. Tras la exitosa prueba "Trinity", Nolan nos traslada al final de la audiencia de seguridad de 1954, donde Oppenheimer es despojado de su credencial tras ser acusado de simpatías comunistas, una humillación orquestada por Lewis Strauss. Sin embargo, el verdadero cierre ocurre en un flashback a 1947: la conversación completa entre Oppenheimer y Albert Einstein junto al estanque de Princeton.
Oppenheimer le recuerda a Einstein que, meses antes de la prueba, temían que la reacción en cadena pudiera incendiar la atmósfera y destruir el mundo entero. Einstein le pregunta qué pasó con el cálculo, a lo que Oppenheimer responde con una de las líneas más devastadoras del cine contemporáneo: "creo que lo hicimos". Con esta frase, el científico explica que, aunque no quemaron el cielo físicamente, desataron una carrera armamentista nuclear que, tarde o temprano, garantiza la aniquilación global. El plano final muestra los misiles modernos cayendo y el mundo consumido por el fuego, confirmando que su creación fue el inicio del fin.
Escena final de "Oppenheimer". (Crédito de foto: Universal Pictures)
Rigor histórico en "Oppenheimer"
Este relato es una pieza de historia viva, basada rigurosamente en la biografía ganadora del Pulitzer, American Prometheus. Nolan se asegura de que el espectador comprenda que no está ante un héroe de ficción, sino ante un científico brillante cuya genialidad fue utilizada para la destrucción masiva.
El impacto de la película fue absoluto. A pesar de ser un drama denso de tres horas, logró una audiencia masiva a nivel mundial, convirtiéndose en un fenómeno de taquilla. El reconocimiento de la crítica fue bastante unánime, culminando en una noche triunfal en los Premios Oscar, donde se alzó con múltiples estatuillas, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor para Cillian Murphy.
