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Jean-Martin Charcot, neurólogo: "La histeria no es una enfermedad imaginaria, sino una enfermedad de la función cerebral"

El considerado padre de la neurología moderna transformó a finales del siglo XIX el abordaje de las parálisis y convulsiones sin causa orgánica visible. De qué manera legitimó el dolor de los pacientes, derribó mitos de género e influyó en el nacimiento del psicoanálisis.

07 de agosto, 2026 | 05.00
Imagen de Jean-Martin Charcot creada con Inteligencia Artificial

A finales del siglo XIX, las salas del emblemático hospital de La Salpêtrière en París albergaban a cientos de pacientes diagnosticados con "histeria". Quienes padecían este cuadro, en su mayoría mujeres, pero también hombres, enfrentaban un severo rechazo social y científico. En aquel entonces, la medicina hegemónica oscilaba entre dos explicaciones reduccionistas:

  • Origen moral o uterino: Una concepción heredada de la Antigüedad que atribuía los síntomas al "útero errante" o a supuestas debilidades del carácter femenino.
  • Simulación y engaño: Un amplio sector médico sostenía que las cegueras, parálisis o crisis convulsivas eran fingidas para captar atención, etiquetando a la histeria como un padecimiento "imaginario".

Jean-Martin Charcot, reconocido como el fundador de la neurología clínica moderna, rompió con este paradigma al aplicar el método anatomoclínico, la misma rigurosidad científica con la que logró describir patologías como la esclerosis múltiple o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

Al postular que la histeria constituía una «enfermedad de la función cerebral», el científico francés sentó dos pilares conceptuales que cambiaron la historia de la medicina:

  1. Validación del sufrimiento: Charcot argumentó de forma categórica que las manifestaciones físicas eran auténticas e involuntarias. El paciente experimentaba una incapacidad real que no respondía a la manipulación ni a la actuación.

  2. El concepto de "lesión dinámica": Dado que las autopsias no exhibían alteraciones estructurales o daños visibles en el tejido nervioso, a diferencia de un accidente cerebrovascular, acuñó la noción de lésion dynamique (lesión funcional). Para el especialista, el trastorno radicaba en un fallo temporal en el procesamiento de las vías fisiológicas o representacionales del sistema nervioso, sin que existiera una destrucción anatómica del órgano.

El planteo de Charcot tuvo implicancias que trascendieron el ámbito estrictamente neurológico.

Ruptura del estigma de género y el puente hacia Freud

El planteo de Charcot tuvo implicancias que trascendieron el ámbito estrictamente neurológico. Al situar el origen del problema en el cerebro, demostró que el cuadro no guardaba relación con el aparato reproductor femenino. Esto le permitió documentar numerosos casos de histeria masculina, especialmente en trabajadores industriales expuestos a traumas laborales.

Asimismo, sus experiencias en La Salpêtrière revelaron que los síntomas podían ser inducidos o desactivados mediante la hipnosis, sugiriendo que la dimensión psíquica era capaz de modificar la respuesta corporal. Este hallazgo deslumbró a un joven Sigmund Freud, quien asistió a sus clases en París en 1885, sirviendo de pivote para el posterior surgimiento del psicoanálisis y el desarrollo de la medicina psicosomática.