Es cantante, neurodivergente y el protagonista de un documental que participó de los premios Emmy Suncoast: "Vieron en él a un músico y no un autista”

El corto que cuenta la historia de Iván Demirci traspasó fronteras. Es la primera vez que una producción centrada en una persona neurodivergente fue nominada para los premios estadounidenses.

16 de abril, 2026 | 06.00

Los ojos de Iván Demirci son oscuros y brillantes. A los tres años fue diagnosticado con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) y a los 18 comenzó a tocar con su banda, “Iván y sus amigos”. Él tiene autismo no verbal, pero encontró las palabras en la música. “La música es su fortaleza” dice Ricardo Demirci, su papá, “el escenario es su lugar, donde no le falta nada y con su mirada, maneja todo”. La dinámica de la familia Demirci y su desarrollo como cantante fue retratado en el documental de Natalia Denegri, “Los silencios de Iván”, que llegó a ser nominado en los premios Emmys Suncoast 2025 como mejor corto. La estatuilla, finalmente, no llegó, pero la historia de Iván logró traspasar fronteras. Esa fue la primera vez que una producción centrada en una persona neurodivergente fue nominada para los premios estadounidenses.

“Iván estaba y estaba destinado a venir a casa y yo estaba destinado a ser su papá”, asegura a El Destape Ricardo Demirci, su papá. Después de nueve años buscando una familia, Ricardo y Marta decidieron el camino de la adopción. Al principio, Marta notaba que cuando le daba la mamadera, los ojos de Iván se iban hacia x lado. Hasta intentó pintarse los labios de rojo para ver si éste conseguía mirarla. Había tres palabras que Iván decía: tren, mema y bye bye. Hasta los cuatro años, no dijo nada más. 

Después de algunas observaciones, la familia decidió consultar con un neurólogo. “Nos dieron el diagnóstico hace 24 años”, recuerda Ricardo, “no se hablaba de autismo entonces. Y no me importó. Lo único que me importaba era Iván. Me miraba y me derretía, me mira hoy y me derrite”. Antes de la llegada de Iván, Ricardo era un tipo que no se fijaba demasiado en los demás, seguía su camino como aquellos caballos con orejeras. Eso cambió con el diagnóstico. No le quedó otra que acercarse a lo diferente e intentar entenderlo. “Iván me puso en un lugar donde yo no estaba”, dice. Aprendió a mirar, a mirarlo. Ricardo recuerda que en los viajes en auto, cuando Iván era chico, se sentaba de costado y golpeteaba su cuerpo con las manos, haciendo música. En la ducha, lo mismo. Recuerda la sorpresa de su familia cuando oyeron su voz completando la letra de alguna canción. 

La primera vez que Iván cantó fue en el colegio al que asistía, el San Gabriel. “Ese fue otro capítulo espectacular en la historia de Iván”, relata su papá. Iván fue el primer alumno en la provincia de Buenos Aires con integración particular. Sus padres tuvieron que encarar una lucha legal para evitar que Iván tuviera que cambiarse a una escuela especial una vez transcurrido el jardín. Lograron que el Estado firmara una autorización que permitiera continuidad, con acompañamiento individual en primaria. Ricardo recuerda la llamada que lo confirmó, “Iván está sentando un precedente en la educación de la provincia de Buenos Aires”.

“Estuvo siete años en un colegio donde lo vitoreaban, lo cuidaban, lo ayudaban. Sus compañeros lo invitaron siempre a todos los cumpleaños”, recuerda con emoción su papá. Al día de hoy, un grupo de sus ex compañeros de colegio lo suele ir a escuchar a sus shows. 

En la misma época, buscando cultivar su pasión por la música, los padres de Iván comenzaron a mandarlo a una escuelita de rock, donde conoció a Juan Tenaglia, quien tuvo la idea de crear una banda y hasta hoy es el baterista de su actual grupo musical, “Iván y sus amigos”. 

Corría el año 2014 cuando Iván hizo su primera gran aparición en un cóctel de PANAACEA, una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar la calidad de vida de las personas con condiciones del espectro autista. Ricardo lo recuerda muy bien: “El pibe cambió de postura, clavó sonrisa y empezó a cantar un tema suyo acapella, sonriendo”. Había varios terapeutas de Iván, dos de ellos estaban llorando de la emoción. Los oía decir, "Este no es Iván. Es otro Iván”. ¿Cómo lo transforma Iván la música?, se pregunta su papá. “Desde arriba del escenario él inspira a otras familias y demuestra lo importante que es el apoyo de la sociedad”, reflexiona Ricardo. 

“Los silencios de Iván”

El documental “Los silencios de Iván”, producción norteamericana de Natalia Denegri, refleja un día en la vida de la familia Demirci. Centrado en Iván, la cámara se mueve siguiendo sus movimientos, desde los rincones de su cuarto hasta la escena familiar del desayuno. “Muestra cómo a pesar de no hablar, de ser no verbal, él con sus ojos te muestra qué es lo que lo que quiere y qué es lo que no quiere”, dice Ricardo. Lo que le gusta y lo que no. El documental fue nominado a los premios Emmy Suncoast 2025, Ricardo y Marta viajaron a Florida y a pesar de no haberse llevado el título, lo recuerda como una gran experiencia. Es la primera vez que se nomina una pieza que pone en primer plano el autismo. 

“Iván tiene unos ojos que son para mirar. Desde chico su mirada fue muy potente, dulce, a pesar del silencio, él con los ojos te habla y te dice”, dice su papá. Para Ricardo, entender los ojos de su hijo fue un antes y un después. La paz que transmiten, “el mundo frena”, leyendo sus ojos aprendió a anticiparse a miles de situaciones, entendiendo cuáles son sus necesidades. La miguita de pan que Iván le tiraba en un restaurante quería decir que se había divertido pero que ya era hora de irse, la preocupación en su cara porque una chica tiene el pelo atado. Sutilmente, esto también se refleja en el documental, cuando una mujer que trabaja en la casa de los Demirci se suelta el pelo luego de que Iván vaya hacia ella, o la conversación y el tiempo que hay que dedicarle a su hijo cuando se siente nervioso antes de subirse a un avión. 

La banda que lidera Iván tiene una canción que habla de sus ojos, la compuso junto a Juan, el baterista y se llama ”Los ojos de Iván”. Los integrantes del grupo musical “vieron en él a un músico y no un autista”, dice su papá.  

El documental intenta concientizar sobre el autismo y mostrar cómo la mirada puede crear las condiciones para que personas dentro del espectro puedan desarrollar sus talentos. “Iván y el autismo en general me enseñaron muchas cosas”, desliza Ricardo, “No era un tipo paciente, pero aprendí a mirar. Cuando vos haces foco en la fortaleza de los chicos, ves el potencial, te apoyas en eso y lo desarrollas, le cambias la vida”.