En las últimas horas una construcción se volvió viral en redes, se trata de una casa levantada con botellas de vidrio y cemento creada por un japonés, que sorprende por su estética y su aparente solidez. Pero detrás del impacto visual hay una pregunta clave ¿es un contenido atractivo o realmente puede convertirse en una alternativa habitacional viable?
La idea de construir viviendas con botellas no es nueva, aunque hoy circula con más fuerza gracias a la viralización. Este tipo de construcciones forma parte de la llamada bioconstrucción o arquitectura sostenible, donde materiales reciclados reemplazan a los tradicionales.
El sistema es relativamente simple, las botellas de vidrio se rellenan con arena, tierra o escombros y se utilizan como si fueran ladrillos, unidas con cemento u otras mezclas. Esto permite levantar muros resistentes y con un fuerte componente estético, ya que el vidrio genera juegos de luz y color. Lejos de lo que podría parecer, estas casas no son frágiles. El vidrio es un material duradero, y al estar contenido dentro de una estructura de cemento o mortero, adquiere buena estabilidad estructural.
¿Las casas de ladrillo son una solución “potable” para vivir?
La respuesta es sí, pero con condiciones. Las casas con botellas pueden ser habitables y seguras, siempre que estén diseñadas por profesionales, tengan cimientos adecuados y combinen el uso de botellas con estructuras convencionales. No se trata de apilar botellas sin criterio, sino de integrarlas dentro de un sistema constructivo pensado. De hecho, en muchos casos las botellas funcionan mejor como muros no estructurales o complementarios.
Esta tendencia ya llegó a la Argentina, aunque en escala pequeña. Existen experiencias locales de autoconstrucción con botellas, especialmente en proyectos ecológicos o comunitarios.
