La comunidad científica y agronómica argentina quedó conmocionada tras la muerte de María Elena Otegui, quien tenía 66 años. Fue una figura fundamental en el estudio del maíz y una autoridad reconocida internacionalmente en ecofisiología de cultivos.
Otegui no solo se destacó por sus aportes técnicos, sino también por su compromiso con la formación de profesionales y su estrecha relación con el sistema productivo. Su trabajo científico fue central para impulsar uno de los cambios más significativos en la agricultura local: la expansión del maíz tardío.
Como investigadora superior del Conicet y docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA), desarrolló una extensa carrera vinculada al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), especialmente en la Estación Experimental Agropecuaria de Pergamino.
El Conicet expresó su pesar por la partida de una investigadora que además fue miembro activo de importantes sociedades científicas como la Sociedad Argentina de Fisiología Vegetal, la American Society of Agronomy y la Crop Science Society of America.
María Elena Otegui se formó como ingeniera agrónoma en la UBA, completó su doctorado en Francia y realizó un posdoctorado en Estados Unidos. Fue académica de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria, y recibió reconocimientos destacados como el premio Fundación Pérez Companc en 2014 y el otorgado por la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires en 2017.
En 2023, la investigadora fue distinguida con el Diploma al mérito Konex en el área de Biotecnología, un reconocimiento a su impacto científico y tecnológico.
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Su investigación se enfocó en el control genético y ambiental de los factores fisiológicos que determinan el llenado, secado y calidad de los granos de maíz, tanto para grano como para silaje. Este trabajo la posicionó como una referente mundial en el estudio del cultivo.
Bajo su dirección, se formaron numerosos estudiantes de doctorado, maestría y grado en ecofisiología de cultivos, y su producción académica incluye más de 100 publicaciones en revistas internacionales indexadas y unas 300 publicaciones técnicas, consolidando un legado de gran trascendencia para la agronomía argentina.
Las claves científicas detrás del llenado, secado y calidad del grano de maíz
El trabajo de María Elena Otegui permitió desentrañar los complejos mecanismos que determinan la calidad final del grano de maíz. Sus investigaciones se centraron en tres procesos clave: el llenado, el secado y la composición del grano, tanto para consumo humano como para silaje.
El llenado del grano: Este proceso depende de la disponibilidad de carbono y nitrógeno durante la etapa reproductiva del cultivo. Otegui demostró que las condiciones ambientales, especialmente la temperatura y la radiación solar, afectan directamente la tasa y duración del llenado. Un estrés térmico o hídrico en esta fase reduce drásticamente el peso final del grano.
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El secado del grano: La investigadora identificó los factores genéticos y ambientales que regulan la pérdida de humedad en el grano antes de la cosecha. Un secado más rápido permite cosechar antes, reducir costos y evitar pérdidas por enfermedades o vuelco de plantas. Sus estudios permitieron seleccionar híbridos con mayor eficiencia en este proceso.
La calidad del grano: Otegui analizó la composición del grano en términos de almidón, proteínas y aceites, y cómo distintos manejos agronómicos afectan estos parámetros. Para el maíz destinado a silaje, estudió la digestibilidad y la producción de biomasa; para el maíz grano, la dureza y la aptitud para la industria.
