Clara Chevalier: “El desfinanciamiento universitario es una definición ideológica” 

Clara Chevalier, secretaria general de CONADU advierte que el Gobierno busca desarmar el sistema universitario público y federal, denuncia la caída salarial y señala a la marcha federal universitaria del 12 de mayo como un punto de articulación del descontento social. 

05 de mayo, 2026 | 16.35

Clara Chevalier asumió en diciembre pasado como secretaria general de CONADU -la federación que reúne a los sindicatos de docentes universitarios en todo el país-, es profesora de Historia (UBA) y aunque la actividad sindical la obligó a tomar licencia de sus clases en Buenos Aires, conserva su cátedra en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), donde estudian miles de jóvenes de primera generación universitaria. Desde ese lugar, analiza el conflicto abierto con el gobierno de Javier Milei, al que acusa de impulsar un desfinanciamiento deliberado e ideológico del sistema universitario. 

Lo que se busca, afirma Chevalier, es desarmar una universidad pública, masiva y federal en favor de un modelo elitista. En ese marco, la Marcha Federal Universitaria -que en Buenos Aires será hacia Plaza de Mayo- aparece como un posible punto de articulación del descontento social, en un escenario de creciente pobreza económica y deterioro institucional. Para Chevalier, la universidad sigue siendo uno de los pocos espacios capaces de reunir a distintos sectores sociales y construir una respuesta colectiva frente al rumbo del país. 

—La semana pasada el ministerio de Capital Humano https://acortar.link/ApG4qj y más precisamente el subsecretario de Políticas Universitarias intimaron a los rectores a “garantizar la enseñanza” bajo el apercibimiento de no enviar fondos a las universidades ¿Cómo leés esta avanzada del gobierno nacional? 

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—Hay algo difícil de calibrar en la combinación de autoritarismo e ignorancia. Más allá de que algunas medidas sean impracticables por la autonomía universitaria, lo que aparece es un gesto directamente autoritario: la idea de que los recursos del Estado son propiedad del gobierno, por un lado, el avance contra el derecho a huelga -porque docentes universitarios estamos de paro. Hay amenaza -por los fondos- y persecución sindical. 

—No es una novedad, pero el comunicado público del Ministerio de Capital Humano parece desconocer las dinámicas universitarias. 

—¡Sí! Cuestiona el derecho a huelga mientras se exige “garantizar clases” como si la universidad funcionara igual que la escuela. Pero la universidad es otra cosa: no todo ocurre en el aula, hay producción de conocimiento, investigación, extensión. Es otro el proceso de enseñanza – aprendizaje, más allá de lo valioso que es el encuentro en las aulas. Yo soy profesora de Historia y sostengo a pesar de la actividad sindical mi cátedra en la Jaureche (UNAJ- Florencio Varela) y la verdad que evaluar los actores, los movimientos, pensar juntos los procesos históricos, eso no se puede hacer todo por escrito. Pero tampoco se puede amenazar el derecho a huelga. Sin embargo, esa misma reacción del gobierno da cuenta de lo importante que es la herramienta del paro y cuánto molesta. Ahora estamos camino a la marcha federal del 12 de mayo y necesitamos que se ponga en la calle el enojo de toda la comunidad universitaria y del pueblo entero. 

—¿Qué expectativas hay con la movilización? 

—Estamos construyendo una marcha federal universitaria con mucha expectativa. Hay un cambio de clima: la paciencia se está agotando. Los salarios no alcanzan, las promesas del gobierno no se cumplieron. La universidad tiene la potencia para articular ese malestar porque es un espacio donde conviven distintas clases sociales y tradiciones políticas. También es un sistema de un enorme federalismo que hace que se desborde el discurso hegemónico de los medios más tradicionales que homologan universidad con la UBA. En eso, por un lado, se nota que nos falta (la agencia estatal de noticias) Telam, por otro, creo que la potencia de este reclamo es que se da en todos lados, en todo el país, porque estudiar y recibirse sigue siendo un sueño para las mayorías. 

—¿Cómo interpretás la política del gobierno hacia ese entramado federal? Porque sostienen sus propias ideas de federalismo en el reparto discrecional de recursos a algunas provincias sí y otras no, o en la reforma de la Ley de Glaciares, por ejemplo.  

—Hay una lógica de fragmentación. El neoliberalismo llama “federalismo” a desmembrar el país. Se desarma todo lo que tiene presencia territorial: ciencia, educación, políticas públicas. Milei está desmembrando la patria, todo aquello que desarmó del Estado, es lo que tiene presencia federal y por eso creo que también le molesta tanto nuestro sistema universitario y su presencia en tan distintos territorios, no puede ser que el federalismo entre en contradicción con la soberanía, como sucede con la Ley de Glaciares, o como con el petróleo en Neuquén, de donde soy oriunda. ¿Una provincia puede resolver sola los destinos de un recurso estratégico para todo el país? 

—¿Esta tensión entre federalismo y soberanía se expresa también en las demandas de la Marcha? 

—La potencia del sistema universitario argentino es su presencia federal y territorial. Las universidades del conurbano, por ejemplo, transforman la vida concreta: forman profesionales donde antes no los había, generan pensamiento situado, responden a problemas locales. Es un Estado presente en todo el territorio y eso les molesta. Por eso además estamos haciendo carpas que llamamos “Universidad y Soberanía”, en distintas ciudades y provincias que son espacios de encuentro para discutir estas tensiones también. Hacemos clases públicas, a veces ollas populares, nos encontramos con personas despedidas de distintas industrias. Porque queremos sacar el conflicto hacia la sociedad. La idea es que la defensa de la universidad no quede encerrada en sus paredes. Tenemos que poner en común la frustración que siente tanta gente porque este gobierno ha incumplido sus promesas, ni atacó a la casta, ni bajó la inflación; lo único que bajó fueron nuestros sueldos. Todo eso tenemos que defender el 12 de mayo, tiene que ser un límite al gobierno. 

—¿Cómo es ahora mismo la situación con los salarios docentes? Esos fondos que se amenazó con no enviar ¿no tendrían que haber llegado ya? 

—No hubo ninguna transferencia de fondos. Los salarios son el indicador más claro. Nos imponen aumentos que en realidad son recortes: 1,7% frente a una inflación del 3,4%. Venimos con un atraso de alrededor del 35%. Hay docentes con dedicación simple que cobran salarios congelados hace un año. El sistema se sostiene con esos cargos precarizados, de dedicación simple, son el 70 por ciento. Hoy conviene más trabajar en una escuela de enseñanza media que en la universidad, si nos guiamos por los salarios. 

—¿El problema es presupuestario? 

—No. El presupuesto universitario no mueve la aguja fiscal. Por eso el ajuste es ideológico. En el proyecto de país de este gobierno, la universidad pública no tiene sentido: no necesita trabajadores calificados ni desarrollo científico. Prefiere un sistema reducido, elitista, como antes de la Reforma Universitaria.  
El nivel de los salarios universitarios es el sector más recortado junto con jubilaciones. Y ahí se ve que el motivo no es presupuestario, no es fiscal, no es económico, sino que es ideológico. Porque jubilaciones sí es un monto grande en el presupuesto nacional, universidad no hace la diferencia.  

—¿Qué es lo que se está buscando? ¿Crear elites? 

-- Claro, ¿para qué va a tener estudiantes provenientes de todas las clases sociales? Nuestro sistema universitario tiene 2 millones de estudiantes y lo que están planteando con su proyecto de país es sostener diez universidades y 10 mil estudiantes privilegiados, ese es el proyecto de Milei para el sistema universitario. No un país industrial, no un país soberano. 

—En ese contexto, ¿cómo describirías el momento institucional? 

—Es preocupante. Hay leyes que no se cumplen y fallos judiciales que se relativizan. Se rompe la institucionalidad incluso en términos liberales. Eso también forma parte del conflicto y nos obliga a pensar en la tarea de los sindicatos en este marco. Por otra parte, la propia educación está siendo deslegitimada. Se cuestiona el conocimiento científico, se instala la idea de adoctrinamiento, se debilita el valor de la educación cuando es un espacio clave para reconstruir vínculos en una sociedad atravesada por la precarización y la soledad. 

—¿Hay espacio para pensar el futuro como se planteó en el plenario del Fresu, donde se enmarca Conadu? 

—Creo que estamos en un momento donde el capitalismo prescinde cada vez más de lo humano. Frente a eso, el futuro depende de la organización colectiva. Si no nos organizamos, no vamos a tener vidas que valgan la pena. La universidad pública es una herramienta central en esa disputa.  

Por otra parte, el viernes 1ro de mayo vivimos una jornada potente, más de 1600 compañeros y compañeras de distintos lugares del país nos encontramos presencialmente a poner en común y discutir perspectivas para un proyecto de país. Creo que es un paso importante en el sentido de sumarle a la acción defensiva, una propositiva que piense por encima de lo sectorial. En un momento en el que el capitalismo clausura y descarta proyectos de vida, los sindicatos del Fresu tenemos la certeza de que hay que dar la pelea por el hoy sin delegar la discusión por el mañana. Porque frente a un país colonial y desmembrado, tenemos que trabajar por uno que ponga a lxs trabajadorxs en el centro.
ec