La lluvia de dólares que no moja a casi nadie

A las cosechas récord, el superávit energético, los salvatajes del FMI y de los Estados Unidos, y el blanqueo de capitales, se suma ahora una fuerte suba de los precios de materias primas por el impacto de la guerra en Medio Oriente, que podría aportar 9.300 millones de dólares adicionales al saldo comercial. Pero el programa económico libertario no está diseñado para que ese ingreso llegue a la producción, al empleo y a los salarios.

03 de mayo, 2026 | 00.05

Javier Milei vuelve a recibir una oportunidad económica extraordinaria. A las cosechas récord, el superávit energético, los salvatajes del FMI y de EE.UU. y los dólares del blanqueo, se suma ahora un shock externo favorable por la fuerte suba de la energía, los minerales y los productos agropecuarios. El problema no es la falta de dólares, sino qué hace el gobierno con esos dólares.

La tasa de inflación de abril se ubicará unos escalones por debajo del 3,4% del mes anterior. El dispositivo oficialista de la exageración dirá que la desaceleración en el alza de precios ha comenzado, aunque minimizará que un índice mensual que empieza con un 2 —y que se repetiría en los próximos meses— es un fracaso frente al objetivo de desinflación planteado por el propio presidente Javier Milei.

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El líder libertario ha mostrado en poco más de la mitad de su mandato que sabe enhebrar insultos a periodistas, empresarios y políticos como ningún otro. Más importante aún es que ha exhibido una capacidad impactante para dilapidar eventos económicos y financieros favorables.

En un artículo anterior, detallé el fabuloso viento de cola del que goza el gobierno de Milei y estimé el increíble despilfarro de unos 110.000 millones de dólares en dos años. Pese a ese ingreso extraordinario por cosechas récord, superávit energético y salvatajes del FMI y de EE.UU., el balance económico es muy malo.

El monto, en realidad, es más elevado: 132.000 millones de dólares. Luego de la publicación del artículo, un lector atento me advirtió que a esa cuenta le faltaba sumar unos 22.000 millones de dólares por el blanqueo de capitales.

La evaluación de la gestión económica de Milei, entonces, es todavía peor. Y lo es aún más por la inacción que está mostrando frente a un shock externo que, como la guerra en Medio Oriente, le está entregando una ventaja —otra más— para sacar del pantano a la economía: más dólares.

Milei recibe otra lluvia de dólares

La fuerte suba de los precios de la energía, los minerales y los productos agropecuarios está generando otro impacto positivo que, en otro esquema de incentivos económicos, se convertiría rápidamente en una oportunidad para impulsar un crecimiento sostenido y generalizado.

Sin embargo, bajo el programa económico de Javier Milei, ese alivio externo no se transforma en desarrollo, sino en beneficios para unos pocos y en una fuente de tensiones internas.

En lugar de aprovechar un contexto internacional que juega a favor, el saldo no será de expansión. Esta vez, el problema no es la escasez de divisas, sino la forma en que el programa económico absorbe ese excedente. La clave del momento, entonces, no es cuántos dólares entran, sino para qué se usan y a quiénes benefician.

El último informe de la consultora c-p estima que el shock de precios podría aportar alrededor de 9.300 millones de dólares adicionales al saldo comercial en 2026, lo que llevaría el superávit a niveles cercanos a los 19.000 millones. Se trata de una mejora significativa en uno de los principales cuellos de botella de la economía: la restricción externa. Esto implica menos dependencia del financiamiento local y del exterior, más margen para acumular reservas internacionales en el Banco Central y una mayor capacidad para defender la estabilidad en el mercado cambiario.

El ministro de Economía, Luis Caputo, cierra los ojos a flexibilizar el plan libertario para rescatar a la economía del estancamiento.

Más dólares, menos economía real

Pero este alivio no puede desplegarse en toda su magnitud porque el plan económico de Milei no está orientado para canalizar el ingreso adicional de divisas hacia la producción, el empleo o la mejora del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados. Está diseñado, en cambio, para sostener una estrategia de desinflación basada en el ancla cambiaria, el ajuste fiscal y la represión salarial.

Los dólares adicionales profundizan el atraso cambiario que, con otras reglas económicas, podría derivar en una mejora del bienestar general. Pero, con la apertura económica indiscriminada, el resultado es la destrucción de la estructura productiva y laboral.

Así, el ingreso extraordinario de divisas fortalece la moneda, pero debilita la actividad. El gobierno no hace nada y no evalúa aplicar medidas compensatorias. No hay estrategia industrial, ni mecanismos de protección selectiva, ni incentivos para sostener sectores intensivos en empleo.

La ausencia de una reacción oficial es todavía más grave porque el shock externo por la guerra también presiona sobre los precios internos, debido a que el aumento del petróleo aún no se trasladó completamente al precio de las naftas. Entonces, un evento inesperado positivo pasa a ser beneficioso solo para una minoría, mientras la mayoría lo padece por el aumento de precios y el retroceso del poder adquisitivo.

La paradoja es evidente: el mismo shock que mejora el frente externo complica la desinflación, tensiona el frente fiscal y profundiza el deterioro de los ingresos. Milei recibe más dólares, pero en la economía real cae la producción, el empleo y el consumo.

El círculo vicioso del ajuste permanente

El gobierno no reacciona ni siquiera para proteger los propios fundamentos del programa libertario. Como la estrategia de desinflación está basada en el ancla cambiaria con apertura y depresión de los ingresos de la mayoría de la población, la actividad se resiente y la recaudación de impuestos se debilita. El frente fiscal, entonces, enciende luces de alarma.

Los economistas de c-p explican que, por el impacto de la guerra, el aumento de los precios internacionales genera un dilema: trasladarlos a tarifas y combustibles para sostener el ajuste o absorberlos vía subsidios con impacto fiscal. “En ambos casos, el equilibrio es inestable”, aseguran.

Señalan luego que, en este contexto, el principal ancla del programa pasa a ser el salario. Las negociaciones paritarias corren por detrás de la inflación y se complementan con sumas fijas que amortiguan la caída, pero no la revierten. El resultado es un retroceso persistente del ingreso real, que se traduce en menor consumo y profundiza el sesgo recesivo.

La economía queda atrapada en una dinámica conocida: el ajuste reduce la actividad, que deteriora los ingresos fiscales y obliga a profundizar el ajuste. Es un círculo que se retroalimenta y que convierte cada meta del programa en una nueva fuente de fragilidad.

En este marco, la viabilidad social del programa económico depende casi exclusivamente de la desinflación. Pero el propio shock externo que mejora el frente de dólares dificulta ese objetivo. La suba de precios internacionales introduce nuevas presiones inflacionarias y eleva el umbral de esfuerzo necesario para bajar la inflación a niveles compatibles con la recuperación del ingreso. El programa pierde consistencia: no hay recomposición del salario y ni del consumo.

La tasa de inflación de abril se ubicará unos escalones por debajo del 3,4% del mes anterior.

Crece el rechazo a Milei

Esa contradicción entre abundancia externa y deterioro interno empieza a tener traducción social. La lluvia de dólares no provoca alivio en los hogares. Lo que llega es la caída del consumo, el deterioro del empleo, la pérdida de ingresos y la sensación de que el ajuste no tiene final. Por eso el malestar económico empieza a convertirse en rechazo político al Gobierno. La encuesta Latam Pulse de marzo, elaborada por AtlasIntel y Bloomberg, captura ese cambio de humor: no solo crece el rechazo a Javier Milei, sino que se consolida una percepción mayoritaria de que la economía está mal y seguirá empeorando.

El dato político más contundente es que la desaprobación presidencial alcanza el 61,6%, mientras que la aprobación queda en 36,4%. Pero el núcleo del problema no está solamente en la política, sino en la economía real. El 65% de los encuestados evalúa como mala la situación económica del país. El dato es aún más duro cuando se observa el mercado de trabajo: el 74% lo califica en forma negativa. Este cuadro se agrava cuando se observan las expectativas. Más de la mitad de los encuestados cree que la economía va a empeorar en los próximos seis meses.

Cuando el presente es percibido como negativo y el futuro no ofrece señales de mejora, el pesimismo se transforma en un estado social dominante. La percepción social es que el ajuste no resolvió los problemas estructurales, sino que profundizó la fragilidad. Milei no enfrenta una crisis por falta de dólares. Enfrenta una crisis por el modo en que usa los dólares que recibe. La economía real no percibe la lluvia externa: percibe salarios atrasados, empleo frágil, consumo en baja y precios que no aflojan. Esa es la base material del rechazo social.

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Alfredo Zaiat

Alfredo Zaiat es economista y periodista. A principios de 1983 ingresó en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, y se recibió de licenciado en economía. En los últimos dos años de su carrera (1987 y 1988) se volcó al periodismo. Simultáneamente hizo la carrera de investigación y obtuvo una beca para estudiantes relacionada con la integración entre Argentina y Brasil.

A fines de junio de 1987 ingresó a trabajar en el diario Página/12 donde ejerció como redactor, jefe de la sección «Economía» y director del suplemento económico «Cash».

En 2017 recibió el Premio Konex - Diploma al Mérito en la categoría Comunicación - Periodismo, por su trayectoria como periodista económico.