En un mundo cada vez más urbano y acelerado, la forma en que diseñamos los espacios dejó de ser sólo una cuestión estética o funcional. Hoy, la arquitectura se pregunta también cómo influye en la salud mental y el bienestar de quienes la habitan.
Un estudio internacional difundido por Naturally Wood, centrado en edificios desarrollados con madera maciza (mass timber), aporta evidencia contundente: el diseño biofílico —que reconecta a las personas con la naturaleza a través de materiales, luz y entorno— puede reducir el estrés, favorecer la concentración y generar entornos más saludables.
La investigación, que analizó edificios como “The Exchange”, concluye que los espacios con madera no solo mejoran la percepción de confort, sino que también impactan positivamente en la productividad y el desempeño cognitivo. Por su parte, en el ámbito laboral, estos beneficios se traducen en mayor satisfacción, reducción del estrés y mejor conexión con el lugar de trabajo.
Bienestar que se mide en el cuerpo
Los resultados no son anecdóticos. Investigaciones realizadas en universidades de Canadá, Estados Unidos y Japón demostraron que la exposición a superficies de madera puede disminuir la activación del sistema nervioso simpático (responsable de la respuesta al estrés), reducir la presión arterial y mejorar la calidad del aire interior.
La madera, en este sentido, deja de ser solo un material estructural para convertirse en un aliado terapéutico.
Marta, arquitecta y miembro de CADAMDA (La Cámara de la Madera), explica: “La madera permite generar espacios que acompañan mejor las necesidades físicas y emocionales de las personas. Su uso no solo responde a criterios de sustentabilidad, sino también de salud y bienestar”.
Una tendencia global que crece
El uso de madera maciza en edificios de mediana y gran escala viene ganando terreno en distintos países como una alternativa eficiente, sustentable y alineada con las nuevas demandas urbanas.
Además de su menor huella de carbono frente al hormigón o el acero, la madera ofrece beneficios adicionales: mejora el confort térmico, regula la humedad y, como quedó demostrado, incide positivamente en la salud mental.
Más que construir: diseñar bienestar
La arquitectura biofílica y la neuroarquitectura abren un nuevo paradigma: edificios que no solo albergan actividades, sino que contribuyen activamente al bienestar de quienes los habitan. En contextos urbanos donde el contacto con la naturaleza es limitado, la textura, calidez y origen natural de la madera generan una conexión inmediata con el entorno.
“No se trata solo de cómo construimos, sino de cómo queremos vivir”, reflexionan desde CADAMDA. El desafío, ahora, es avanzar hacia modelos constructivos que integren estos conocimientos y permitan desarrollar ciudades más saludables, sostenibles y humanas.
