En Kurihara, Japón, terminó la primera vivienda de dos plantas fabricada totalmente con impresión 3D en hormigón armado y que recibió la aprobación del gobierno para su uso. Este logro destaca en un país reconocido por tener regulaciones sísmicas de las más rigurosas del mundo, mostrando que la impresión 3D puede alcanzar estándares estructurales de primer nivel.
La construcción automatizada avanza con esta obra que demuestra cómo la impresión 3D puede competir con los métodos tradicionales en términos de resistencia y calidad. El proyecto estuvo a cargo de Kizuki Co, en conjunto con ONOCOM, y utilizó la impresora COBOD BOD2, un equipo capaz de imprimir desde medio metro bajo tierra hasta siete metros de altura.
Esta capacidad permitió crear una estructura compleja inspirada en cuevas, con arcos y losas que forman tanto la base como el espacio interior. La vivienda cuenta con 50 m2, repartidos en 31 m2 en la planta baja y 19 m2 en la planta alta, para lo cual se emplearon 39 m3 de hormigón impreso.
Casas 3D: Una solución para los desastres naturales
El proyecto enfrentó condiciones climáticas extremas típicas de Japón, con inviernos por debajo de 10 °C y veranos que superan los 35 °C. El equipo, compuesto por apenas cuatro personas, ajustó la mezcla y la temperatura del agua para mantener la calidad de la impresión durante todo el año. Kizuki combinó la impresión in situ con procesos fuera de obra para lograr curvas y formas que serían imposibles con encofrados tradicionales. Los arcos se imprimieron en dirección longitudinal y se utilizaron soportes de poliestireno cortados con CNC para permitir grandes voladizos en la estructura.
Este método mostró que la impresión 3D puede ofrecer una precisión y repetibilidad que reducen la necesidad de mano de obra intensiva, algo crucial en Japón, donde la población envejece y la construcción en madera sigue siendo predominante por tradición y regulación.
ONOCOM, empresa constructora y socia del proyecto, destacó la importancia de fusionar la artesanía con la fabricación digital. Takahiro Nasu, director de Diseño y Construcción Avanzada, explicó que “parte del valor de la obra reside en fusionar superficies impresas con terminaciones manuales, un sello de la tradición japonesa adaptado a procesos contemporáneos”.
Nasu resaltó que uno de los aspectos más innovadores fue imprimir toda la estructura in situ, desde los cimientos hasta el segundo piso, respetando los estrictos estándares sísmicos y ambientales del país. Además, mencionó que las paredes y las escaleras se pulieron para obtener un acabado similar al mármol.
De cara al futuro, ONOCOM trabaja en interiores impresos con polímeros, incluso con materiales derivados de plantas, y busca sistemas para disminuir la dependencia de marcos estructurales convencionales, un desafío que afecta a varios países asiáticos.
Desde COBOD destacaron que el envejecimiento de la fuerza laboral japonesa aumenta la presión sobre los métodos tradicionales, y que esta tecnología podría ser clave para enfrentar esa realidad. Según la empresa, “la impresión 3D aplicada a la construcción podrá contribuir al desarrollo de viviendas e infraestructuras resistentes a desastres, donde la precisión estructural, la repetibilidad y la eficiencia son esenciales”.
Para Kizuki, este proyecto marca solo el comienzo. Su CEO, Rika Igarashi, anticipó que planean ampliar la tecnología hacia infraestructura, prevención de desastres y reconstrucción tras terremotos. También mencionó la creación de programas de formación y sistemas digitales para gestionar obras de manera sostenible.
