60 nuevos trabajadores quedaron en la calle en medio de la crisis económica que generó el gobierno de Javier Milei, luego de que una histórica empresa alimenticia decidiera cerrar la planta de producción de vegetales deshidratados.
Se trata de Unilever que puso fin a más de seis décadas de producción de estos alimentos en su fábrica en Guaymallén. El impacto de la decisión también pone en jaque a una red de productores de Mendoza y San Juan que durante años abasteció a la multinacional y que, en algunos casos, reconvirtió parte de su producción bajo un esquema de agricultura regenerativa impulsado junto al INTA.
La compañía confirmó la discontinuidad del proceso de deshidratación y explicó que la medida responde a la transformación de su negocio de alimentos y a la necesidad de adaptar su modelo operativo a los cambios en los hábitos de consumo y en la industria a nivel global.
El comunicado de la empresa tras los 60 despidos
“Unilever ha tomado la decisión de discontinuar el proceso de deshidratación de vegetales en su planta de Guaymallén, Mendoza. Esta medida forma parte de la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente del modelo operativo para seguir fortaleciendo la competitividad y adaptarse a los cambios que atraviesan los hábitos de consumo y la industria de alimentos a nivel global”, señaló la empresa.
Unilever aclaró que el cierre de esta actividad no implica el abandono del mercado argentino ni de la marca Knorr, que continuará desarrollando y comercializando sus productos en el país. Sin embargo, todavía no está definido qué ocurrirá con el abastecimiento de los vegetales que hasta ahora eran procesados en Mendoza. Entre las posibilidades que circulan en el sector aparece la importación de parte de esos insumos.
La decisión tuvo un impacto inmediato sobre el personal. Según informó el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) de Mendoza, alrededor de 60 empleados fueron desvinculados. Oscar Aciar, secretario general del gremio, relató al medio Los Andes que los trabajadores fueron notificados durante la madrugada del lunes.
“A las 5 de la mañana empezaron a llamar a la gente para que no se presentara a trabajar”, contó el dirigente. Luego, la empresa reunió al personal y comunicó el cierre. De acuerdo con Aciar, Unilever se comprometió a reconocer el 100% de las indemnizaciones y a ofrecer sumas adicionales de acuerdo con la antigüedad de cada trabajador.
La fábrica de Corralitos, en Rodeo de la Cruz, fue inaugurada en 1964 bajo la órbita de Refinerías de Maíz S.A.C.I.F., compañía que posteriormente quedó integrada al grupo Unilever. Durante décadas, la planta se convirtió en una pieza singular dentro de la estructura global de la multinacional: Guaymallén llegó a ser su única base productiva dedicada a este tipo de deshidratación de vegetales.
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La producción tenía como principal destino el mercado argentino, aunque una parte también era enviada a plantas de Unilever en Brasil, Alemania y México. De este modo, materias primas y variedades desarrolladas en Mendoza terminaron formando parte de alimentos comercializados en distintos mercados.
Uno de los aspectos más relevantes de la historia de la planta fue el vínculo que construyó con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. El acercamiento comenzó en la década de 1970, cuando la empresa buscó asesoramiento para garantizar el abastecimiento de materias primas, y terminó formalizándose en 1993 mediante un convenio de cooperación.
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El cierre de la planta abre uno de los interrogantes más complejos: qué ocurrirá con los productores que dependían de ese mercado. Durante los últimos años, Unilever había impulsado junto al INTA un programa de agricultura regenerativa al que se incorporaron productores de Mendoza y San Juan. Parte de esos establecimientos adaptó su producción a las variedades y requerimientos específicos de la planta.
Aunque esos productores no destinaban exclusivamente su producción a Unilever, la multinacional constituía su principal comprador. Con la desaparición de la demanda industrial, parte de la producción quedó ahora sin un destino asegurado. El problema adquiere mayor dimensión porque no se trata simplemente de cambiar de comprador de un día para otro. Las variedades utilizadas para la deshidratación fueron desarrolladas específicamente para ese proceso y tienen características diferentes de las hortalizas destinadas al consumo fresco.
