Detrás de cada femicidio hay una ausencia que pesa: seis familias recuerdan a las víctimas

A 11 años del primer Ni Una Menos, familiares de víctimas de femicidios y travesticidios recuerdan quiénes eran las mujeres detrás de los casos que marcaron a la sociedad argentina. Sus historias personales, atravesadas por la violencia machista, exponen una deuda que sigue pendiente: memoria, justicia y protección.

03 de junio, 2026 | 07.00

Detrás del relato social construído sobre las víctimas de femicidio, que las apunta y busca convertirlas en víctimarias de sí mismas, que usa sus fotos para juzgar cómo se vestían o con quién se juntaban, están sus historias, sus deseos, todo lo que esperaban hacer en un futuro que nunca tuvieron. Sin distinción de edad, clase social o zona de residencia, todas tienen algo en común: son mujeres que evidencian la existencia de la sociedad machista, el punto cúlmine de la violencia de género: el femicidio.

22 años antes de que la figura de femicidio sea incorporada al Código Penal argentino, un caso sacudió Catamarca e instaló en la sociedad un pedido de justicia que aún hoy, más de 3 décadas después de sucedido, sigue vigente: el asesinato de María Soledad Morales de 17 años, ocurrido el 8 de septiembre de 1990. Si bien, hubo dos condenados, Guillermo Luque y Luis Tula, que actualmente se encuentran uno cumpliendo libertad condicional y el otro en libertad tras cumplir las dos terceras partes de su pena, las causas por el encubrimiento policial, judicial y político, que investigaban manipulación de pruebas y protección a ‘hijos del poder’, prescribieron y quedaron impunes.

Mamá de María Soledad Morales: "Todavía tengo todas sus cosas guardadas"

En diálogo con el periodista Sergio Orellana, la mamá de María Soledad Morales, Ada Rizzardo, relata que decidió dejar las pertenencias de su hija congeladas en el tiempo: “Tengo sus calificaciones, sus asistencias, que ella tenía asistencia perfecta. Aún conservo el uniforme, lo más triste es que cuando pedían ropa para vestirla a ella en la morgue mandé el uniforme, porque amaba tanto el colegio, y lamentablemente volvieron con el uniforme porque no la pudieron vestir”. Ese desgarrador recuerdo no logra que Ada hable de su hija en pasado: “Para mí siempre está presente, físicamente no está, pero espiritualmente me acompaña. Todavía en donde yo duermo tengo todas las cosas guardadas; ya me han dicho que yo saque, que no tengo que tener eso, que eso mismo me está haciendo daño, pero yo no me quiero desprender de eso, para mí es algo tan importante en mi vida. A veces estoy sola y me pongo a mirar su ropa, sus cosas, sus recuerdos, todo lo que ella tenía”.

Mamá de Ángeles Rawson: "Generaba redes de cariño y era mi guardiana"

23 años después, la brutalidad sobre el cuerpo de las mujeres no había cambiado. Según la organización civil ‘La Casa del Encuentro’, en 2013 se registraron 295 femicidios en Argentina, de los cuales 15 fueron cometidos por vecinos o conocidos de las víctimas. Una de ellas fue Ángeles Rawson, una adolescente de 16 años que fue asesinada el 10 de junio de ese año por Jorge Néstor Mangeri, el portero del edificio donde vivía en Colegiales, Capital Federal. En una entrevista realizada por el canal La Nación+, su mamá, Jimena Aduriz, recuerda como si fuera ayer la forma de ser de Ángeles y sonríe plenamente al rememorar el vínculo madre e hija que compartían: “Era una persona íntegra. Tenía carácter, era tímida pero era el alma de la casa, porque los manejaba a los hermanos como quería, pero como era muy buena, ‘buenaza’, generaba como una cosa de mucho cariño, como de redes de cariño. Además, era excelente alumna, muy responsable, era mi mimada, mi mimosa y mi guardiana.

Ángeles fue una de las innumerables víctimas de amarillismo mediático, uno tan fuerte que mostró hasta sus restos en tapas de diarios y relató con lujo de detalles cómo había sido su final, como si se tratara de una película.

Mamá de Melina Romero: "Era muy solidaria, alegre y divertida"

Poco más de un año después, el 24 de agosto del 2014, el discurso culpabilizador hacia la víctima tocó uno de sus techos más aberrantes: Melina Romero, adolescente de 17 años oriunda de El Palomar, provincia de Buenos Aires, que estaba desaparecida hacía varios días, era catalogada como ‘Una fanática de los boliches, que abandonó la secundaria’, como si fuera motivo suficiente para lo que sucedió después. La justicia tardó 3 años en dar el veredicto y definió que, a pesar de que la figura penal de femicidio existía desde 2012, el único encontrado responsable, Joel ‘Chavito’ Fernández, reciba una pena de apenas 13 años de prisión sin tener en cuenta el agravante de género. Durante el proceso fueron investigados otros dos acusados y, a pesar de que se determinó que el hecho había sido cometido en grupo, ninguna otra persona fue condenada. En este caso la justicia llegó a una resolución similar a las del 50% de los femicidios ya que, según la Oficina de la Mujer, en la mitad de las causas de este tipo los victimarios no reciben la pena máxima de prisión perpetua.

Melina era, como repite como un mantra en cada entrevista que da su mamá, Ana María Martínez,una piba muy solidaria, alegre, divertida; tenía proyectos en el futuro y con ella hablaba como madre y como mujer

Mamá de Chiara Páez: "Nos gustaba hacer de todo juntas"

Un año después del caso Romero, el 10 de mayo del 2015, Chiara Páez, adolescente de 14 años embarazada, fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, quien luego declaró que lo hizo porque no quería tener un hijo y ella le había manifestado querer continuar con la gestación. Según la Corte Suprema de Justicia de la Nación, por año hay entre 3 y 6 víctimas de femicidio que estaban gestando en el momento del hecho. Asimismo, en 2015, como detalla el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, en más del 70% de los casos documentados, el femicida era la pareja o expareja de la víctima. Lo que sucedió con Chiara Páez claramente no fue un caso aislado, pero empujó al movimiento feminista a un grito de justicia masivo y contundente que rápidamente se volvió global: ‘Ni Una Menos, vivas nos queremos’.

Chiara era muy cariñosa y expresiva. Así la recuerda, en una producción audiovisual de ‘ONU Mujeres de América Latina y el Caribe’, Verónica Camargo, su mamá: “Era super amorosa, sus besos, sus abrazos, su ‘te amo’. Compartíamos muchas cosas: nos gustaba hacer todo juntas, desde cocinar, pintar, hacer artesanías y ayudar a los demás. También le gustaba bailar y hacer hockey, que es lo único que hizo desde que arrancó hasta último momento”.

Hermano de Diana Sacayán: "Era muy desopilante, muy busca, hacía mil changuitas para atender las necesidades que teníamos"

Cuatro meses después de que el ‘Ni Una Menos’ atravesara fronteras y tras tres años de convertirse en la primera mujer transgénero argentina en recibir un documento nacional de identidad que afirmaba su género, Diana Sacayán fue víctima de travesticidio, hecho que movió nuevamente el avispero social, sobre todo dentro de la comunidad LGBTTQINB. Sacayán fue una ferviente luchadora por los derechos de las personas travestis/trans, fundó el Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (M.A.L.), integró parte del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género en Argentina durante el proceso de debate público por la Ley 26.743 e impulsó, entre otras legislaciones, la Ley de Cupo Laboral Trans Travesti, que fue sancionada 6 años después de su asesinato. A 14 años del fallo histórico que catalogó el hecho como ‘travesticidio’, todavía no hay un registro exacto de cuántos suceden anualmente, como tampoco existe uno oficial de la violencia transodiante en general. Sin embargo, informes del Observatorio Nacional de Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLa) y del Observatorio ‘Ahora Que Sí Nos Ven’ reportaron un trans/travesticidio por mes en lo que va del 2026.

Como no podía ser de otra manera, el recuerdo de Say Sacayán, hermano de Diana, en el ciclo de entrevistas ‘Tu tiempo mujer’, demuestra que desde la cuna fue luchadora: “Era muy desopilante. De niña fue muy ‘busca’, hacía mil changuitas para atender las necesidades que teníamos. Eramos de familia muy pobre y desde muy chica tuvo esa actitud de salir, de emprender, de mirar más allá. También era cariñosa, tenía muchos gestos de amor, era muy expresiva”. Con sus palabras, Say vuelve a hacer urgente hablar de que un informe de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina (ATTTA) y la Fundación Huésped reveló que al menos el 66% de las mujeres trans se encuentra bajo la línea de pobreza y la tasa de desocupación en el colectivo duplica al de la población general, lo que reduce su expectativa de vida a un promedio de entre 35 y 40 años. Diana tenía 39 años cuando Gabriel David Marino terminó con su vida el 11 de octubre del 2015 en Flores, Capital Federal. Actualmente Marino continúa cumpliendo su condena de prisión perpetua.

Mamá de Lucía Pérez: "Fue tan lindo para nosotros como padres tenerla"

En octubre del 2016 y con el término ‘crimen pasional’ presuntamente desterrado de los medios argentinos tras la ley que modificó el Código Penal hacía ya 4 años, otro femicidio enlutó al país: la víctima esta vez se llamaba Lucía Pérez, tenía 16 años y era de Mar del Plata. A pesar de la incansable lucha feminista por dar a entender la necesidad de la lectura de género en este tipo de casos, el primer fallo no solo no lo tuvo en cuenta, sino que analizó con lujo de detalles la vida de Lucía y, a menos de dos años del hecho, absolvieron a todos los acusados, fallo que provocó marchas masivas en toda Argentina. Desde el femicidio de Lucía hasta la sentencia final, en la que además sólo condenaron a uno de los acusados, pasaron 10 años, el doble de tiempo que, según la Oficina de la Mujer, suele tomarse la justicia para dar ese tipo de veredictos. El 15 de febrero del 2021, día que Lucía hubiera cumplido 20 años, Marta Montero, madre de Lucía Pérez, inauguró ‘El cuarto de Lucía’, una instalación artística itinerante que reproduce fielmente el dormitorio de la adolescente, con sus objetos, sueños y vida cotidiana, congelado en el tiempo, casi como el de María Soledad Morales. En charla con ‘La Vaca TV’, Marta recordó el día en que nació su hija: “Fue a las 20 y fue tan lindo para nosotros como padres tenerla. Hoy estamos festejando a Lucía, la luz que es ella, la luz en la cual está ella, ese es el festejo que hoy hacemos: la luz de Lucía”.

A 11 años del primer ‘Ni Una Menos’, los femicidios, transfemicidios y travesticidios no parecen tener freno, ya que, entre el 1° de enero y el 30 de abril del 2026, hubo al menos 74 femicidios confirmados en Argentina, según el registro del Observatorio ‘Adriana Marisel Zambrano’ de La Casa del Encuentro. Además, la cercanía con las víctimas es un factor común que tienen el 99% de los casos: solo el 1% de los hechos sucedidos durante el 2026 fueron cometidos por personas que las víctimas no conocían, como detalla un informe de ‘Ahora Que Sí Nos Ven’.

A esto se suma que, desde que asumió Javier Milei, se eliminó el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y la Subsecretaría contra la Violencia de Género y, según la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, se redujo aproximadamente un 89% el presupuesto de programas para asistir a víctimas de violencia de género, lo que afecta drásticamente el acceso a salud, acompañamiento y justicia por parte de las mismas. Asimismo, desde el principio de su mandato el Presidente apuntó directamente contra la figura penal de femicidio, figura que su exministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, catalogó de ‘privilegio’. Sin embargo, como aseguró el excamarista Ricardo Gil Lavedra, si se deroga penalmente el ‘femicidio’ (tipificado como ‘homicidio agravado por el género’) podrían quedar libres unos 300 femicidas. Por lo tanto, el verdadero privilegio lo tendrían los victimarios.

Sin duda alguna, el desgarrador grito de justicia por parte de familiares de víctimas de femicidios sigue siendo igual de urgente.