La industria textil es, luego de la construcción, la que más padece la crisis económica que provocó el gobierno de Javier Milei. En ese contexto, importante fábrica de suelas cerró sus puertas y dejó a 40 trabajadores en la calle.
Se trata de Gomas Gaspar, ubicada en el barrio San Vicente de Córdoba capital y como otras empresas del sector, sufre la caída del consumo y la apertura de importaciones. Los ex empleados, además de quedarse sin su fuente de ingresos, no cobraron las indemnizaciones.
La planta cordobesa se especializaba en la fabricación de suelas de goma para diferentes tipos de calzado, tanto urbanos, deportivos y de vestir, y durante décadas fue proveedora de importantes marcas.
El delegado regional del Sindicato Obrero del Caucho, Arturo Pitkard, detalló que el conflicto con los trabajadores comenzó en diciembre cuando la empresa no abonó el aguinaldo correspondiente al segundo semestre.
Luego de eso, los dueños obligaron a los empleados a tomar un mes de vacaciones y, tras esto, comenzaron con los despidos de manera paulatina y sin pagar las indemnizaciones legales.
"Una vez que cada uno tuvo su telegrama en mano, les pidió que vuelvan a trabajar en negro para levantar la fábrica. Los trabajadores aceptaron, algunos mayores, con mucha antigüedad en la empresa, quisieron poner el hombro porque lo conocían algunos de hacía casi tres décadas. El dueño, el ingeniero químico Rodolfo Polero les prometió que les iba a pagar, pero no les pagó nada", sumó en diálogo con Canal 10 de Córdoba.
Siguiendo con la explicación, el delegado añadió: "El dueño desapareció, dejó solos a sus empleados, gente que tiene familia y no le importó nada. Esta empresa está concursada y él comenzó a desmantelar la empresa". "En la empresa nadie los atiende, no hay a quién reclamar. Gomas Gaspar les debe el aguinaldo, un mes y medio trabajado, además de la indemnización”, sumó.
40 trabajadores quedaron en la calle
Por su parte, Fabián Córdoba, uno de los trabajadores despedidos, relató su angustiante situación: "Trabajé en el sector de la prensa, pero iba al sector donde me necesitaban. No cobramos nada, necesito juntar la plata para los remedios. Mis hijos no me pueden ayudar; mi mamá y mis hermanos me dan una mano, pero no puedo pedirles más".
"Tengo un hijo de 13 años, una nena de 7, un varón de un año y medio y otro hijo en camino. Me parece muy injusto lo que nos hizo el dueño, habernos despedido de esa manera. Se cree impune, nos cerró la puerta y nos dijo: 'Arréglense como puedan'. Nos mandó el telegrama, nos pidió que siguiéramos trabajando y nunca nos pagó. Teníamos que venir y después salir a hacer changas porque no nos daba ni un peso. Es impresionante la impunidad que tuvo con nosotros", manifestó Carlos, otro de los despedidos.
