La tiranía de las corporaciones o el periodismo

10 de enero, 2021 | 00.05

Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques.
Todo lo demás son relaciones públicas.

Los negocios de Santa María con Clarín y Cambiemos

George Orwell

La mejor forma de mantener el statu quo actual, que nadie podría calificar de otra manera que desigual, es a través de un relato que lo legitime y naturalice. Una de las falacias mejor instaladas por ese mismo relato es que los medios de comunicación son independientes de la realidad sobre la que operan, que se limitan a informar “lo que pasa”, muletilla que usan algunos periodistas tanto consciente como inconscientemente. Pero lo cierto es que esa operación está cada vez más a la vista, que existe una novel censura monopolizada por las corporaciones y que es tiempo de definir a qué se llama periodismo. Y que todos los que ponen (ponemos) el dedo en esa llaga molestan (molestamos).  

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El periodista español Pascual Serrano tiene una obra donde abunda en elementos para pensar los periodismos vigentes y el rol de las corporaciones en el tráfico informativo. Dice Serrano que “es la lucha de clases, y no la información ni la objetividad ni la neutralidad, la que determina el contenido de los medios de comunicación”. Señala, con absoluta certeza, que la clase social es “esa división proscrita en los medios de comunicación”, operación estratégica de los dueños de los medios y sus financistas para que ahuyentar la idea de que esos mismos medios responden a intereses de clase, de una clase, la de los ricos. Serrano explica que "un periodismo sometido a las reglas del mercado será un periodismo al servicio de la clase social mejor situada en ese mercado".

Serrano plantea un concepto muy potente para el debate actual: el del nuevo derecho a la censura monopolizado por la clase dominante. Lo titula como “el formato de la nueva censura” y lo describe así: “En la medida en que estas empresas se adueñan de la oferta informativa de una sociedad podemos hablar de la sustitución de la libertad de expresión por el derecho a la censura en manos de una clase social”.

Hay que traducir al argentino esa definición. Aquí existe la Asociación Empresaria Argentina (AEA), un sello de lobby empresarial creado y coordinado por Héctor Magnetto de Clarín y Paolo Rocca de Techint y del que forman parte los dueños de las principales corporaciones que operan en el país. Del lado de Clarín tienen una posición hegemónica en la oferta informativa cimentada en sus relaciones promiscuas con dictaduras militares y gobiernos constitucionales. Del lado de Techint, y de las otras grandes empresas de AEA, hay que complejizar un poco el asunto.

La pauta publicitaria y el financiamiento de medios compra silencios y opinión publicada. El ejemplo más acabado es el de Techint. ¿Qué interés podría tener una empresa que vende caños sin costura en publicitar sus productos en Clarín o en el programa de cable de Joaquín Morales Solá & Asociados? No va a vender más o menos caños por eso. Lo que paga es influencia sobre la opinión publicada y el silencio sobre sus propios negocios espurios. Relaciones públicas, en la definición de Orwell. Y no es sólo Techint.

Las corporaciones que operan en Argentina (y digo operan porque muchas, como Techint o Mercado Libre, están radicadas en guaridas fiscales) son titiriteras de la nueva censura y tienen en Clarín (que también usa guaridas fiscales) no solo uno de los suyos sino además un ejecutor de esa nueva censura.

Clarín, además, tiene un liderazgo vertical y autoritario sobre el resto de los que el investigador Santiago Marino definió como “agentes corporativos de información”, es decir, "esos actores que cuentan con capacidad económica y política para afectar (si no definir) en grado importante el escenario de discusión y acción cotidiana". Cualquiera que amenace con romper ese sistema atenta contra esa logia.

Relatores del statu quo

Hay un libro clave para comprender el rol de los periodistas como sujetos políticos. Se llama “Periodismo y lucha de clases” y fue publicado por Camilo Taufic en Chile en 1973. El lugar y la fecha no son un dato anecdótico: la primera edición del libro fue quemada por la dictadura de Augusto Pinochet.

Los periodistas tenemos el monopolio de la producción de la información. Si, la información se produce, no es un fenómeno meteorológico. Se busca, procesa, chequea, ordena, se le da sentido, se publica. Por eso, entre otras cosas, es que los periodistas son sujetos políticos muy relevantes. “Dentro de este marco, ineludible, -señala Taufic- los periodistas no tienen otra posibilidad que tomar partido; o sirven a las clases explotadoras, o sirven a las clases progresistas. (…) Los periodistas no son ni pueden ser neutrales”.

Los periodistas nos limitamos a informar la realidad”. Esa muletilla atraviesa ideologías y es en realidad una trampa. En mi primera lección en este oficio, mi maestra periodística María Seoane me dijo que la información en sí misma no decía nada. Que lo importante era el sentido de la información. La primera barrera estaba rota.

Que los periodistas se limitan a contar la realidad deja afuera no sólo qué y cómo informar, sino por qué informar. Es el mismo dilema que se planteó Marx repecto a los filósofos, cuando en sus Tesis sobre Feuerbach anotó: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Se puede, se debe más bien, trazar una analogía con el periodismo: “Los periodistas no han hecho más que contar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

Volviendo a Taufic, el periodista “no se limita a reflejar la realidad; actúa sobre ella, contribuye a dirigirla hacia uno u otro fin, sea por acción u omisión, diciendo o callando; consciente o inconscientemente”.

La generalización es injusta con los Walsh, Bayer, Calloni, Verbitsky, Masetti, Selser y otros tantos. Pero vale la pena plantearla en el siguiente sentido. La palabra legitima, por ende, el periodismo que se limita a contar lo que pasa legitima el statu quo. En contraposición, el periodismo que cuestiona, critica, investiga, que rompe los límites editoriales lo cuestiona. El periodista que legitima la realidad avala la desigualdad. Y el periodismo no se trata de ser relatores del statu quo, se trata de cambiar el mundo.

 

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Ari Lijalad

Soy Licenciado en Ciencia Política (UBA) y periodista. En general me dicen que hago periodismo de investigación pero creo que todo el periodismo debe investigar o es mal periodismo. Más bien pienso que combino mi formación y mi oficio y hago periodismo sobre el poder. Trabajé varios años con Maria Seoane en investigación y producción de libros y documentales. Fui coordinador del equipo de Investigación Periodística de de Radio Nacional (2010-2014) donde también participé en varios programas. Fui docente de investigación periodística en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo y en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Fui columnista  de Dady Brieva en radio América (2015), de Daniel Tognetti en Del Plata (2016-2018), y hace 6 años que hacemos el programa “Hora Libre” junto a Graciana Peñafort y Joaquín Labarta Liprandi primero en la radio de las Madres (2014-2016) y luego en FM La Patriada (2017-2019). Trabajé también en el portal Nuestras Voces (2015-2018). Dirigí a serie documental "Clarin. Un invento argentino" (2012) y compilé los libros "Macri lo hizo" y "Plan Macri" (2016). Desde 2018 me incorporé a El Destape en sus múltiples formatos. Desde 2019 conduzco “Habrá Consecuencias” en El Destape Radio.