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Debate y dedeo

La jugada de Alberto Fernández, el "zombie" de Mauricio Macri y los cálculos en la vesícula de la democracia de Espert y Gómez Centurión. El dedo y la luna. 

15 de octubre, 2019 | 10.44

Al principio, la idea de un debate a la medida del coaching político me parecía demasiado alejada del presente, tanto de la experiencia política actual como de las posibilidades de show que brinda la tele. Qué relevancia puede tener una performance de culto al cronómetro, las reglas y los límites cuando bien sabemos que la presidencia argentina conlleva la abrumadora soledad de quien debe levantarse cada mañana para gestionar un conflicto sin manual. Lo vimos días atrás en el debate de candidatos a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: experiencia vacía simil milanesa de soja; sin chicanas, sin propuestas

Sin embargo, después del debate del sábado pasado cambié de parecer. Saltemos al hecho.

Supongamos que la oferta presidencial de la Argentina es realmente sintetizada en el debate. Seis varones y ninguna mujer. Un problemón, teniendo en cuenta que el primer paro a Macri se lo hicieron las mujeres y que la gran articuladora de su derrota electoral es Cristina. Asimismo, el muestreo ubica 3 ultra-derechistas, 1 candidato de centro derecha, uno de centro y uno de izquierda. ¿La balanza demasiado desfasada? Más bien, un indicador de una derecha disgregada que presenta tres propuestas.

La primera jugada de Fernández (sentarlo a Scioli en primera fila) fue destacable. Sus declaraciones previas anunciando que 40 años en política son una preparación más que suficiente para transitar el debate lo inscriben en una tradición (una reciente, corta, y no triunfalista) al tiempo que nos aleja de la fascinación de la política “reality show”. Esa que propone que un candidato de pólvora se enciende, hace un ruido en el cielo y se fuga.

Alberto pudo también fijar algunos compromisos para que pongamos en consideración entre todes: trabajo, consumo, aborto, jubilaciones, etc. Tuvo que hablar como Presidente, porque Mauricio ya es un zombi (que no es lo mismo que un muerto)

La marginalidad vetusta de Espert y Gómez Centurión las defino oportunamente como cálculos en la vesícula de la democracia argentina. Nada bueno, molestan, hay que ocuparse de ellas. Ojalá contemos con el conocimiento de Lavagna para gestionar las dificultades venideras. Sobre Del Caño, nada nuevo que agregar.

Reniego, por último, de la impúdica pretensión republicana de que todas las propuestas e identidades son lo mismo. El uniformado equanime y el tiempo asignado subrayan eso: que el fin de la democracia es el igualitario respeto de las formas y los procedimientos. Ese es el fin (literal) de la democracia. Defiendo un sistema de gobierno que pone a las reglas a favor de la ampliación constante de derechos. Porque no es lo mismo generar 5 millones de pobres que levantar un dedo al hablar

La traumática experiencia macrista, nos debe colocar en un lugar de mayor astucia política. Habrá que exigir a la dirigencia pero habrá también que interpelar a pares para que los globos no sean más atractivos que las netbooks en las escuelas. “Hoy leí una frase que me impactó, una frase del Mayo Francés y definía a los tontos. Los tontos son aquellos que cuando alguien con el dedo señala la Luna miran el dedo. Y yo creo que es una muy buena definición. No miremos más el dedo, miremos la Luna que es lo importante.” CfK, 2011.
 

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