Con vergüenza de campeón, Argentina sufrió más de lo pensado ante Cabo Verde

La Selección Argentina tuvo más vergüenza que juego en un partido que fue durísimo para el equipo nacional. Ahora toca Egipto, pero el equipo deberá mejorar.

03 de julio, 2026 | 23.25

El campeón mundial pidiendo desesperadamente la hora, el Dibu Martínez volando de un lado a otro, para una victoria dramática contra Cabo Verde que pone luces amarillas en el sueño del bicampeonato. La selección de Lionel Scaloni estaba por supuesto un escalón debajo de la Francia que está maravillando en el Mundial, pero ni así hubiésemos imaginado un partido tan difícil ante un rival que, si el fútbol fuera un mundo mejor, debería haber sido despedido con una ovación de todo el estadio y el campeón vencedor aplaudiendo su salida. Somos argentinos y eso condiciona el análisis, pero el fútbol todo se emocionó con la gesta del equipo africano, debutante absoluto en los Mundiales, medio millón de habitantes, equipo de la diáspora, unido a la FIFA en 1986.  

 Es cierto, la selección ayudó mucho a la gesta rival. Desde el tedio y la lentitud, desde las ventajas cada vez más enormes que ofrece históricamente en el lateral derecho de su defensa y también desde un ataque excesivamente dependiente de Leo Messi, tal la forma baja de Lautaro Martinez y de Julián Alvarez, un punto sorpresivo, que no formaba parte del análisis previo, pero que hoy está limitando las chances futuras de un equipo que además terminó físicamente agotado, arrinconado en su arco. Y rezándole al Dibu y al pitazo final.

 

Así, lo que comenzó con anuncio de fiesta, estadio todo albiceleste, sesenta mil personas alentando desde el minuto uno, Messi marcando su séptimo gol, número 20 en 30 partidos de Mundial, control exquisito, definición impecable, presagio de victoria tan cómoda como las anteriores, terminó en drama para nosotros, en fiesta del fútbol para los neutrales, en película propia de la pelota, que acaso ningún guionista de Hollywood habría imaginado. A dos minutos del final, Vozinha, el arquero héroe de Cabo Verde, salió del área para cortar un contragolpe que podría haber sido el 4-2 argentino e inició un nuevo ataque final africano. Si esa jugada hubiese terminado en gol, acaso Messi podría haber sido destronado y no por Kylian Mbappé o Lamine Yamal, plena lógica, sino por un arquero cuarentón, un año mayor que él, que ya había sido figura en los empates de primera fase contra otros dos campeones mundiales, España y Uruguay y que hoy volvió a vestirse de héroe, un cuento de hadas para un jugador que juega por casi monedas en la Segunda división de Portugal. Su película no tuvo hoy final feliz. Nosotros afortunados.

  Esos resultados previos de Cabo Verde eran alarma suficiente. Aun así, nadie hubiese imaginado el dramático final hoy en Miami. Todo fue lento en la selección argentina, inclusive los cambios del DT, y ni siquiera el calor pareció jusfificación para tanta previsibilidad, tanto juego lateral. El descuido que permitió el golazo de Sidney Lopes, 2-2 en el tiempo extra, y el colega africano que a mi lado recordó en su relato a Oman Biyik, al 1-0 de Camerún que amargó al debut de la selección campeona mundial en Italia 90, uno de los mayores impactos en la historia de los Mundiales. Hoy Cabo Verde estuvo a un paso de repetir. Otra vez contra una Argentina campeona y con Messi en lugar de Maradona. Justo él, Messi, su camiseta en todas partes, millones de Messis, disparó el corner preciso que permitió el cabezazo del Cuti Romero para el 3-2 final.

El 2-1 previo del tiempo extra fue de Licha Martínez. Se precisó de goles de los centrales ante la anemia del ataque. Por las escaleras del estadio siguió la fiesta, pero el camino a partir de ahora tiene otro color. Si en Qatar, la selección tuvo perros de presa que recuperaban y tocaban con pausa pero también con vértigo, Argentina pareció hoy un equipo viejo. Jamás perdió la vergüenza del campeón. Hará falta algo más que eso para seguir