Irán sabe que está en inferioridad de condiciones en el frente militar, por eso, eligió una estrategia para que sus represalias se sientan realmente y no sean meramente golpes simbólicos, como sucedió en el pasado. En menos de 24 horas, la República Islámica bombardeó una planta de la empresa pública QatarEnergy, la mayor productora de gas natural licuado; una refinería de Aramco, la petrolera estatal de Arabia Saudita, una de las voces cantantes de la poderosa OPEP, y un data center de Amazon en Emiratos Árabes Unidos. Luego, anunció el cierre del estrecho de Ormuz, clave para salida del crudo del Golfo Pérsico a todo el mundo. Según dejó claro la Guardia Revolucionaria iraní, “no permitirá que ni una sola gota de petróleo salga de la región”.
No fue un baño de sangre, como algunos de los ataques de Estados Unidos e Israel contra el territorio israelí, sino un golpe dirigido a los mercados internacionales. El resultado fue inmediato: los precios del petróleo y gas se dispararon en medio del último mes del invierno en el Hemisferio Norte.
Primero, se disparó el petróleo
El domingo, un día después del inicio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel, el barril de crudo de Brent, que cotiza en Londres y es de referencia para la Argentina, pegó un primer salto del 10% y terminó cerrando la jornada con un aumento del precio del 13%.
Este lunes, el Brent, que también es la referencia en Europa, subió un 8,5% a primera hora y superó apenas los 79 dólares. En paralelo, la otra cotización, la de West Texas Intermediate (WTI) que es la referencia en Estados Unidos, avanzó otro 8%, y se ubicó en más de 72 dólares. Analistas de todo el mundo coincidían en que rápidamente el barril se ubicará, en ambos casos alrededor de los 80 dólares, lo que sin dudas se trasladará a los precios en las estaciones de servicio en todo el mundo.
Después, el gas
Tras el ataque iraní, QatarEnergy anunció que suspendía el trabajo en su planta hasta nuevo aviso. Como sucedió a lo largo y ancho del Golfo Pérsico, la sensación de las últimas horas es que los países de la región, pese a poseer bases militares estadounidenses, no tienen la capacidad de garantizar la seguridad a sus empresas y desarrollos económicos. Más de uno de los aliados norteamericanos árabes hicieron saber, con declaraciones en off en medios regionales e internacionales, su malestar con Washington, a quien acusan de sólo asegurar la seguridad de Israel y no de ellos.
Por eso, el anuncio de la empresa estatal qatarí generó un impacto inmediato y muy duro en los mercados europeos. Los precios del gas natural en Europa registraron en las primeras operaciones un fuerte aumento de hasta casi el 50%. La industria energética de Qatar, que abastece a más de 120 países y representa aproximadamente el 20% del suministro global de LNG, detuvo operaciones en puertos y plantas clave como Ras Laffan y Mesaieed luego de ataques atribuidos a fuerzas iraníes, parte de una escalada de hostilidades tras una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel.
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El mercado de gas natural europeo, que utiliza el contrato TTF holandés como referencia, registró subidas de hasta un 45 % en algunas franjas del día, llevando los precios rápidamente por encima de los niveles vistos recientemente. La sobrerreacción del mercado a la guerra en Medio Oriente se refleja no sólo la paralización de producción, sino también la incertidumbre sobre la seguridad del tránsito energético a través del Estrecho de Ormuz, una vía marítima crítica por donde pasa cerca del 20 % del petróleo y del LNG transportado por mar.
Ormuz cerrado
A última hora de este lunes, la Guardia Revolucionaria iraní puso fin a los rumores y los sobreentendidos y dejó claro que no permite ni permitirá el paso de buques petroleros y de gas licuado por el estrecho de Ormuz, la estratégica vía comercial por la que viaja más del 20% del crudo mundial y que es la principal salida para los productores del Golfo Pérsico hacia el Mar Arábigo y, desde allí, a todo el mundo.
El general Ebrahim Jabbari, asesor senior al titular de la Guardia Revolucionaria, la fuerza de élite de Irán, le dijo a la televisión pública de su país que "el estrecho de Ormuz fue cerrado". "Atacaremos y prenderemos fuego a cualquier buque que intente cruzar", amenazó el funcionario y prometió: "No permitiremos que ni una sola gota de petróleo salga de la región”.
Esta amenaza no sólo afecta a la futura oferta de crudo y gas, sino que la posibilidad de un desabastecimiento y aumento de los precios internacionales genera preocupación sobre el resto de las economías. Por eso, este lunes, los futuros de las Bolsas europeas apuntaron a fuertes caídas en la apertura de los mercados, de más del 1% y en algunos casos, como el del Dax alemán, superior al 2%. Además, subió el oro, un tradicional recurso de reserva en momentos de crisis.
En paralelo, dos de las compañías navieras más importantes del mundo, Mediterranean Shipping Company (MSC) y Maersk, ya anunciaron la suspensión de sus operaciones en el estrecho de Ormuz, una de las arterias del comercio mundial. En un comunicado publicado en su página web, MSC aseguró que "como medida de precaución, ha suspendido todas las reservas para traslado global de cargamentos por la región de Medio Oriente hasta nuevo aviso".
Maersk, por su parte, también anunció la suspensión de "todos los cruces de buques en el estrecho de Ormuz hasta nuevo aviso" y avisó a sus clientes de que "los servicios que hacen escala en puertos del Golfo Pérsico podrían experimentar retrasos, desvíos o ajustes de horario".
Trump, errático y despreocupado
Mientras la preocupación crece en los mercados y entre sus aliados árabes del Golfo, Trump no para de dar entrevistas y de cambiar su plan. Eso sí, siempre se muestra despreocupado por las consecuencias económicas y políticas que está generando la guerra que desató junto con Israel.
En las últimas horas, aseguró que la guerra podría durar "cuatro o cinco semanas", pero luego aclaró que Estados Unidos tiene la capacidad de prolongar aún más el conflicto armado en Medio Oriente. Además, sostuvo que el reciente aumento de los precios internacionales del crudo y el gas "no es preocupante" y desestimó que se convierta en un elemento de presión contra su Gobierno.
Estas declaraciones no hicieron más que alimentar la incertidumbre de los mercados, que no ven un horizonte claro para el fin de esta guerra, que además no para de sumar actores involucrados y de amenazar con desestabilizar más sectores económicos y hasta Gobiernos, como el caso del Líbano.
