El gobierno de Javier Milei tendrá que tomar una decisión sobre el precio de los combustibles en el país a partir de la disparada del valor del petróleo de los últimos días. Contener la inflación pisando el precio en surtidor o dejar que las pizarras se muevan libremente, es decir, al compás de lo que ocurra en Medio Oriente.
El ataque de Estados Unidos ordenado por Donald Trump contra Irán y la respuesta de la República Islámica generó un cimbronazo en los mercados internacionales y en particular en el sector de energía, sensible al conflicto en Medio Oriente ya que se enfrentan el primer y quinto productor de petróleo a nivel mundial. El precio internacional del barril de crudo aumentó más de 13% durante el fin de semana y el valor del gas también subió abruptamente (en Europa el GNL subió 50%).
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El precio del barril de petróleo ya había aumentado en los últimos 10 días porque el mercado internacional venía anticipando la posibilidad de un nuevo conflicto en Medio Oriente. Por eso, el aumento del precio del crudo en comparación con mediados de febrero es todavía más notorio, ya que pasó de 69 a 79 dólares por barril Brent, que cotiza en Londres y es de referencia para la Argentina, en tan solo dos semanas.
Se espera un impacto en el sector energético en la Argentina y, si bien el precio de las naftas no está regulado, el gobierno de Javier Milei tendrá que tomar alguna definición de política económica en los próximos días. Por un lado, la balanza energética se verá favorecida y, con este valor del petróleo, podrían aumentar las exportaciones en dólares.
Decisión del Gobierno
En el equipo económico están haciendo cuentas. El crudo se disparó más de 13% y, si el Gobierno mantiene la misma idea sobre el precio en paridad de exportación (export parity,es decir, el precio que recibe un productor local está en línea con el precio internacional), debería haber un movimiento importante (podría ser entre un 6 y 8 por ciento) en los precios en surtidor.
Pero la suba de combustibles implicaría una presión extra al índice de inflación de marzo, una de las principales preocupaciones económicas de la Casa Rosada y el Ministerio de Economía. En el sector afirman que si el gobierno mantiene la misma política, el precio de los combustibles debería subir. Para esto, habrá que ver qué movimientos hace YPF, ya que el precio de los combustibles no está regulado.
La política oficial es que las pizarras se muevan libremente, dependiendo del precio internacional y la devaluación mensual. Es decir, si sube el petróleo impacta en las estaciones de servicio en el país y si baja el crudo baja el precio de las naftas. Si bien la cotización del dólar está contenida, la inflación viene en leve pero sostenidos aumentos mensuales.
“Si es un mercado libre y estamos ante un export parity, el precio de los combustibles debería moverse”, señalaron desde el sector a El Destape. “El dólar está quieto y eso es muy importante para este escenario. Si el dólar se estaría moviendo sería una presión mucho mayor para los surtidores”, añadieron.
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Balanza energética
Un dato que podría ser positivo en este complejo escenario es sobre la balanza comercial del sector de energía. Según calculó la consultora Aleph Energy, dirigida por Daniel Dreizzen, los envíos al exterior de crudo podrían sumar un adicional de US$ 1.300 millones en todo 20206, si se mantienen los precios altos.
La firma estima que la balanza comercial del sector energético podría tener un superávit cercano a los US$ 10.000 millones, muy superior a los US$ 7.815 millones de 2025. Es decir, la balanza en energía podría incrementarse casi un 30% en un año.
Sin embargo, las buenas noticias para las exportaciones no son las mismas para el rubro de los combustibles y, en consecuencia, para la inflación. El precio del petróleo y el tipo de cambio, entre otros factores menores, tienen un impacto directo en los surtidores. Inflación y valor del peso respecto al dólar serán aspectos centrales para determinar cuánto costará en el corto y mediano plazo la nafta y el gasoil para los consumidores locales.
