Contra todo pronóstico y con una campaña centrada en el voto rural, Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, logró entrar al balotaje en Perú y este domingo se enfrentará a la conservadora Keiko Fujimori, hija del ex dictador que gobernó el país en los años 90 y que busca continuar el legado de su padre. Sánchez, que viene de haber sido diputado electo en 2021 y ministro de Comercio y Exteriores del ex mandatario depuesto y condenado Pedro Castillo, se presenta como el heredero de éste y ya prometió que lo indultará si llega a la Presidencia.
El candidato de 57 años se define como el "candidato presidencial castillista" y no oculta su alineamiento con el ex mandatario. Su propuesta política gira en torno a reivindicar la figura de Castillo, quien gobernó entre 2021 y 2022 y fue posteriormente destituido y condenado por rebelión tras el presunto intento fallido de disolver el Congreso.
Sánchez sostiene que el ex jefe de Estado fue víctima de un "complot golpista" y promete que impulsará su liberación si llega al poder. Esta postura se convirtió en uno de los ejes centrales de su campaña, junto con la idea de "recuperar el Gobierno para el pueblo" y avanzar hacia una nueva Constitución.
El dirigente también busca conectar simbólicamente con Castillo, incluso replicando su estética, como el uso del tradicional sombrero campesino, y su discurso orientado a las bases populares, especialmente en el interior del país.
Trayectoria y formación de Roberto Sánchez
Antes de su incursión en la política nacional, Sánchez desarrolló una carrera en el ámbito académico y profesional. Estudió Psicología Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde se formó además como psicoterapeuta, actividad que ejerció durante la década de 1990 tanto en modalidad individual como grupal.
Posteriormente, acumuló experiencia en la gestión pública, con roles en el Ministerio de Salud y otras áreas del Estado peruano, además de desempeñarse como consultor privado. Su salto a la política de alto nivel llegó con el gobierno de Castillo, en el que fue ministro de Comercio Exterior y Turismo durante los dos años de su gestión.
En paralelo, fue electo diputado en 2021 para el período legislativo que se extiende hasta 2026, consolidando así su presencia en el escenario político nacional.
Reforma constitucional y la defensa de la justicia social: las banderas políticas de Sánchez
En una elección marcada por la dispersión del voto, Sánchez apostó a captar el respaldo de las regiones rurales y del sur andino, un electorado que resultó clave para su crecimiento en el escrutinio. Su discurso pone el foco en la lucha contra la pobreza, la inclusión social y la llegada de la "modernidad" a todo el territorio.
Entre sus principales propuestas se destacan la convocatoria a una Asamblea Constituyente, la nacionalización de recursos naturales y la creación de una legislación que proteja a los mineros informales. Según el propio candidato, el objetivo es avanzar hacia una "refundación de la patria" basada en la igualdad de derechos.
De cara a una eventual segunda vuelta, Sánchez aseguró que recorrerá "todos los pueblos" para ampliar su base de apoyo. Su irrupción en la contienda redefine el escenario político y anticipa "una posible polarización entre modelos antagónicos de país", de acuerdo a la palabra de algunos analistas políticos locales.
Los respaldos que se sumaron a Sánchez para la segunda vuelta
El aliado principal que podría obtener Sánchez para la segunda vuelta es el voto anti fujimorista. En ese marco, se espera que los votos de Jorge Nieto, Ricardo Belmont y Ricardo López Chau se decanten mayoritariamente por Roberto Sánchez. Es decir, el candidato castillista pasaría a tener 6,7 millones de votos (los que obtuvo en primera vuelta más estos votos).
Asimismo, haciendo la comparación del resultado electoral de 2021, los analistas políticos coindicen en que los votos en blanco, que en primera vuelta fueron de 2,1 millones, podrían inclinarse a favor de Sánchez, tal como se inclinaron a favor de Castillo en 2021. Esto le garantizaría al candidato progresista un respaldo de 9 millones de votos, lo que le daría el triunfo y le negaría por cuarta vez la chance de ser presidenta a Fujimori.
