Domingo 4 de Octubre del 2026 Dom 4 Oct
Cotizaciones
Dólar Oficial $1540
Dólar Tarjeta $2002
Dólar Blue $1560
Dólar CCL $1623.8
Euro $1716.8
Riesgo País 655
EN VIVO

Flávio Bolsonaro, el "Bolsonaro vacunado" que desafía a Lula en las urnas

A los 45 años, el hijo mayor de Jair Bolsonaro encabeza la propuesta de la extrema derecha entre bautismos evangélicos, denuncias por corrupción y la paradoja de vender un perfil moderado. 

04 de octubre, 2026 | 00.05

En el último debate televisivo de su primera gran campaña a la alcaldía de Río de Janeiro, un severo cuadro de deshidratación e hipotensión provocó que Flávio Bolsonaro se desmayara frente a las cámaras. Corría 2016 y la candidata comunista y médica Jandira Feghali intentó asistirlo en vivo. La escena se interrumpió de golpe cuando la voz atronadora de Jair Bolsonaro irrumpió en el estudio para frenarla con una frase que resumió la doctrina de la dinastía: "Comunista no le mete mano a mi hijo".

Una década después, a sus 45 años, el primogénito del clan prometió públicamente que, de llegar al poder, presionará al Congreso para conseguir la amnistía de su padre e incluso afirmó que está dispuesto a indultarlo. De cara a las elecciones presidenciales de Brasil, el actual senador por Río de Janeiro se convirtió en el candidato oficial del Partido Liberal (PL) para suceder al patriarca encarcelado —condenado a más de 27 años de prisión por liderar el intento de golpe de Estado luego de su derrota electoral en 2022— y arrebatarle el Palacio del Planalto a Luiz Inácio Lula da Silva.

Este proyecto lo hacemos colectivamente. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.

SUSCRIBITE A EL DESTAPE

El "Cero Uno" y el descarte del clan

En la jerga militar que impuso el ex presidente brasileño en el seno familiar, los hijos varones tienen números según su orden de nacimiento. Flávio es el "Zero Um" (Cero Uno). Sin embargo, su candidatura no es el fruto de un favoritismo, sino el resultado de un proceso de limitaciones legales entre los herederos.

La lista de descartes comenzó con Eduardo Bolsonaro, el Cero Tres. El ex diputado se convirtió en el referente ideológico internacional del clan, se instaló en Estados Unidos, estrechó lazos con el trumpismo y no perdió oportunidad para promover presiones contra su país. Su incursión “diplomática” terminó en junio de 2026, cuando el Supremo Tribunal Federal lo condenó a cuatro años y dos meses de prisión por injerencia e interferencia judicial y selló su inhabilitación política.

Carlos Bolsonaro, el Cero Dos y estratega digital de la familia, también quedó acorralado en el terreno judicial por sus vínculos con el "gabinete del odio", una red de desinformación, ataques difamatorios a oponentes políticos y ataques al sistema electoral brasileño, y el uso ilegal de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) para espiar a rivales políticos, aunque le alcanzó para ser candidato al Senado por el estado de Santa Catarina. 

Por último, Jair Renan, el Cero Cuatro, quedó fuera de carrera por ser muy joven: tras ser electo concejal en Balneário Camboriú en 2024, sus 28 años no son suficientes para el piso constitucional de 35 años exigido para aspirar a la Presidencia.

Con Jair inhabilitado y sus hermanos limitados, Flávio quedó como el único integrante de la familia con edad, un cargo nacional y fueros parlamentarios para tejer alianzas. El anuncio oficial se selló el 25 de diciembre de 2025, cuando Flávio leyó en la puerta de un hospital una carta de su padre antes de ser operado de urgencia: "Confío lo más importante en la vida de un padre: a su propio hijo, para rescatar a nuestro Brasil". No era el candidato preferido de los mercados, del partido y ni siquiera de la amplia y variada derecha brasileña, pero sí el único Bolsonaro posible.

La metamorfosis del "Bolsonaro vacunado"

A diferencia de su padre, cuyo liderazgo se forjó en el ejército, Flávio creció con la política como negocio familiar. Graduado en Derecho en la Universidad Candido Mendes y con especializaciones en Políticas Públicas (IUPERJ) y Emprendimiento (FGV), ingresó a la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro (ALERJ) en 2003 con solo 21 años. Un año antes se había negado a competir por pedido de Jair contra su madre, Rogéria, la primera de las tres esposas del ex presidente.

En su intento por reducir la alta tasa de rechazo que el apellido genera en el electorado femenino e independiente, la campaña presidencial del senador montó una cuidada ingeniería de comunicación enfocada en resaltar su faceta dialoguista y familiar. Frente a las cámaras, se muestra en su casa junto a su esposa Fernanda y sus dos hijas, mientras su entorno distribuye la idea de que fue "reeducado" para encarnar una versión pacificada del movimiento de extrema derecha brasileña, que se consolidó como la principal rival del PT. 

En entrevista con Reuters, llegó a autodefinirse como un "Bolsonaro vacunado", recordando que se aplicó dos dosis de AstraZeneca contra el COVID-19 para desmarcarse del negacionismo sanitario de su padre, que hablaba de "gripezinha" durante la pandemia, que dejó más de 700 mil fallecidos en Brasil.

"Siempre he tenido este perfil: ser más moderado, más mesurado. Me considero, de verdad, un Bolsonaro más centrado", remarcó en el reportaje de cara a los reñidos comicios, que las encuestas marcan que se definirán en una segunda vuelta. 

Frente al pragmático poder económico y los evangelistas, que preferían una figura más tradicional como el gobernador San Pablo, Tarcísio de Freitas, Flávio se vendió como el único interlocutor capaz de garantizar la gobernabilidad sin los exabruptos del pasado. Incluso intentó contener las bravuconadas de su hermano Eduardo para no arruinar alianzas locales, llegando a prometer públicamente que, de llegar a la Presidencia, "protegerá las instituciones" y nombrará magistrados respetuosos de la Constitución.

Como señala Thais Pavez, doctora y máster en Ciencia Política por la Universidad de São Paulo (USP) y directora de Estrategia Latina Consultoría, en diálogo con este medio, Flávio "se presenta justamente como el miembro de la familia Bolsonaro más moderado, más equilibrado, más central, esperando que eso se refleje en la confianza de la población y alcanzar así el voto de los indecisos que se sienten fatigados con los años de gobierno de Lula, pero no están dentro del campo bolsonarista".

Detrás de la cuidada estrategia de imagen, analistas políticos advierten que el giro moderado es superficial. Mércia Alves, doctora y magíster en Ciencia Política por la Universidad Federal de São Carlos, señaló, en diálogo con El Destape, que la disposición a negociar no debe confundirse con una moderación ideológica real. Según su punto de vista, la disposición a la negociación parlamentaria y con el Centrão es un estilo menos confrontativo en el día a día que el de su padre o el de Eduardo y responde a una pragmática “rosca política” y no a un giro ideológico. “El pragmatismo para acordar cargos convive perfectamente con la agenda de extrema derecha”, remarcó la investigadora del Núcleo de Derecho y Democracia del Centro Brasileiro de Análise e Planejamento (Cebrap).

En la misma línea, Pavez marcó una tensión estructural entre el discurso centrista y el programa real: "Esta moderación entra en tensión directa con sus propuestas, que tienden a ser radicales y alineadas con una transformación conservadora de la sociedad que busca ofrecer el sueño de una 'nación cristiana'". Además, advirtió que el candidato todavía no logra consolidar una marca propia: "Flávio Bolsonaro hasta ahora no ha conseguido imprimir su propia proyección como líder y su identidad ha quedado diluida con la de la familia".

A este escenario se le suma la falta de debate público, pues en la recta final de la contienda, la mayor cadena televisiva del país, TV Globo, canceló el tradicional debate presidencial luego de que Lula y Bolsonaro, los candidatos favoritos, declinaran su participación.

Bautismos en serie, cortocircuitos con Michelle y las sombras de su pasado

Para intentar apelar al estratégico voto evangélico, el candidato recurrió a reiteradas demostraciones de fe. Se bautizó cuatro veces en la fe evangélica: en su juventud en la Iglesia Bautista de Itacuruçá; en 2016 junto a su padre en el Río Jordán; en 2024 en Brasilia; y a principios de 2026, cuando regresó a las aguas de Israel para "renovar su alianza con Dios".

Esa cuidada puesta en escena terminó por resquebrajarse ante las internas familiares y las causas judiciales. En mayo de este año, su madrastra Michelle Bolsonaro —candidata al Senado por Brasilia— publicó un video denunciando haber sido maltratada y humillada por su hijastro tras discrepancias por las alianzas electorales. La disputa le costó a Flávio una caída de hasta 10 puntos en los sondeos entre las mujeres y los evangélicos, obligándolo a grabar videos de disculpa.

Para ambas politólogas, el episodio expuso la dificultad del candidato para absorber el capital político de Michelle, una figura que conecta con el electorado femenino ultraconservador desde una autoridad moral propia. Este choque no solo fisura la fachada de unidad familiar, sino que revela una encrucijada estratégica: movilizar el voto femenino requiere validar liderazgos femeninos autónomos que Flávio no siempre logra contener.

En ese sentido, Pavez destacó la centralidad de Michelle en este engranaje electoral: "En las calles ella lideró muchas 'Marchas por Jesús', caravanas que se hacen por varias ciudades del país reafirmando este proyecto de nación cristiana en el que es una de las voces centrales. Flávio tiene sus mejores intenciones de voto entre las mujeres evangélicas, y justamente ese es el público sensible donde un desacuerdo con Michelle más puede impactar".

Esta vulnerabilidad del bolsonarismo entre las mujeres —el segmento donde se concentra la mayor proporción de indecisos en una elección acirrada y de margen estrecho— no pasó desapercibida para el oficialismo. En las últimas semanas, el gobierno de Lula lanzó iniciativas diseñadas para impactar en la economía doméstica de los hogares conducidos por mujeres. En una medida provisoria reciente, el Ejecutivo prohibió las apuestas deportivas y casinos online, así como su publicidad en todo el país. "Son medidas que buscan impactar a las mujeres, directamente afectadas por el endeudamiento familiar derivado de las apuestas online, a las que muchas acudían buscando complementar sus ingresos", analizó la cientista social.

Ante estas grietas en la familia Bolsonaro, Alves señaló: “Llamar a la unidad contra Lula sirve para frenar la interna. La presencia de un enemigo presentado como una amenaza mayor presiona para guardar diferencias, pero no borra la pelea por el espacio. El enfrentamiento con la izquierda reacomoda la unidad hacia afuera, mientras adentro la discusión sobre quién manda sigue intacta". 

Al margen de los gestos religiosos, su prontuario político en Río de Janeiro desmiente cualquier intento de suavizar su figura. Como diputado estatal, le otorgó la Medalla Tiradentes —máximo honor de la legislatura fluminense— al ex capitán Adriano de Nóbrega y rindió honores a Ronald Pereira, ambos cabecillas de la "Oficina del Crimen", la milicia paramilitar vinculada al asesinato de la concejala Marielle Franco. Nóbrega también estuvo implicado en el caso de las "rachadinhas" (desvío de salarios de asesores), un esquema por el que Flávio fue denunciado por organización criminal y lavado de dinero.

De cara a las elecciones, nuevos escándalos condicionaron su campaña. Primero salieron a la luz fotografías de un viaje a Sudáfrica donde se lo veía junto a investigados por un desfalco multimillonario a los jubilados del INSS (el organismo previsional brasileño). A esto se sumó el estallido del caso Dark Horse, en el que la Policía Federal detectó movimientos sospechosos por 12 millones de dólares vinculados a Daniel Vorcaro —el banquero caído en desgracia y propietario del Banco Master—, presuntamente destinados a financiar una película biográfica sobre Jair Bolsonaro. Por si fuera poco, la tensión se trasladó a la propia boleta electoral: tras la negativa de Michelle y de figuras moderadas a acompañarlo, Flávio terminó eligiendo como compañero de fórmula al diputado del Partido Liberal Alfredo Gaspar, un ultra del lobby proarmas.

Mano dura estilo Bukele y la ultraderecha global: el discurso que enciende al núcleo duro

En la recta final de la contienda, el discurso del "Bolsonaro centrista" encuentra sus límites cuando debe hablarle al núcleo duro de su electorado. En sus actos públicos de la plataforma "Brasil sem medo", el candidato dejó caer la máscara dialoguista para prometer la construcción de megacárceles inspiradas en el régimen de Bukele, la reducción de la edad de punibilidad y sacar a los delincuentes de las calles "de pie o tumbados".

Las propuestas de campaña expusieron que el proyecto de fondo se mantiene inalterado. El programa de Flávio incluye castración química, endurecimiento de penas, escuelas cívico-militares y la bandera de la 'escuela sin doctrina'. “Estos elementos marcan una continuidad clara con los repertorios bolsonaristas: el rol central del castigo en la seguridad y la educación como terreno de batalla ideológica", remarcó Alves.

En el plano internacional, la candidatura buscó legitimación tejiendo redes con la extrema derecha global, combinando el respaldo explícito de Javier Milei con un mensaje grabado por Benjamin Netanyahu proyectado en la convención del partido y las constantes gestiones con el entorno de Donald Trump.

Para Pavez, Brasil funciona hoy como "uno de los principales países formuladores de repertorios de la extrema derecha internacional y en América Latina, produciendo guiones y tácticas compartidas", como quedó demostrado en la invasión a Brasilia del 8 de enero de 2023, en espejo con el Capitolio estadounidense.

Para Alves, esta estrategia busca agrupar a toda la oposición bajo un mismo libreto anticomunista, la defensa de la familia y la mano dura, mientras utiliza la cercanía con Netanyahu como una "prueba de fe" ante el electorado religioso. Aunque estos gestos le otorgan volumen político en redes y refuerzan su autoridad "en un momento en el que el apellido le da visibilidad, pero no le resuelve la pelea interna", la analista advirtió sobre la encrucijada electoral: "Para los votantes menos afines, la pregunta final será qué le deja esa cercanía internacional a Brasil en términos de trabajo, comercio y calidad de vida".

En la mismal ínea, Pavez destacó que esta articulación internacional encierra una doble vara frente al electorado. Por un lado, las maniobras de la familia Bolsonaro buscando la intervención o el aval de Trump despiertan un fuerte rechazo entre los votantes indecisos, un segmento sensible a la soberanía nacional que Lula supo movilizar en debates sobre tarifas o la calificación de grupos criminales. Pero por otro lado, hacia el núcleo duro, la apelación a Estados Unidos no se percibe como subordinación: "En las manifestaciones bolsonaristas es frecuente ver banderas estadounidenses; para ellos no representa sumisión, sino la defensa de un repertorio compartido en busca de una nueva 'nación cristiana' frente a los valores progresistas".

Es la paradoja constitutiva del heredero: necesita vender la ilusión de que es un dirigente dócil y previsible, pero al mismo tiempo requiere encender la mecha de la retórica punitivista para no perder la herencia política que su padre le legó desde la prisión domiciliaria.

Flávio camina sobre la cornisa de su propia identidad política. A diez años del debate en el que su padre tuvo que irrumpir en el estudio para evitar que una médica comunista lo ayudara mientras se desmayaba, el "Cero Uno" pretende convencer a Brasil de que ahora puede mantenerse en pie por sus propios medios. Sin embargo, en el camino hacia el Palacio del Planalto, entre acusaciones de corrupción, alianzas y discursos calculados, el mayor de los hermanos Bolsonaro enfrenta una verdad incómoda: por más que intente disfrazarse de político moderado, cuando la presión electoral vuelve a subir, siempre termina necesitando la mano de su padre y su diatriba para no volverse a caer.

Las más vistas