El ejemplo de Milei que desmiente al propio Gobierno: qué pasó con el empleo tras la Ley Bases

Un año después del capítulo laboral de la Ley Bases los datos muestran que la informalidad escaló al 43% y se destruyeron miles de empleos registrados. A su vez, 2 de cada 3 puestos creados fueron precarios. Las propias cifras oficiales contradicen la promesa de “modernización” del oficialismo.

31 de enero, 2026 | 00.05

Mientras el Gobierno se prepara para habilitar el tratamiento de una nueva reforma laboral en las sesiones extraordinarias de febrero, un análisis minucioso de los los números oficiales expone un resultado exactamente inverso a la promesa de "modernización" y "más empleo" que enarbolan desde el Ejecutivo. En concreto, a más de un año de la aprobación del capítulo laboral de la llamada "Ley Bases", la mayor desregulación del mercado laboral lejos de derivar en más empleo registrado llevó a una profundización de la precariedad: se perdieron más de 270.000 puestos asalariados formales y la informalidad trepó al 43% en tanto que -peor aún- los pocos empleos que se generaron no respondieron a relaciones laborales estables sino que 2 de cada 3 fueron cuentapropistas y 1 de cada 3 asalariados no registrados. Es decir, el crecimiento se concentró casi exclusivamente en modalidades precarias, mientras retrocedía el trabajo con derechos.

El caso Milei se convirtió así en el principal ejemplo que desmiente al propio Gobierno. Pese a que el oficialismo insiste en que abaratar costos laborales y flexibilizar condiciones es la llave para crear trabajo, la evidencia muestra que los cambios implementados desde 2024 -extensión del período de prueba, figura de “colaboradores independientes” y mecanismos alternativos a la indemnización- convivieron con un deterioro inédito del empleo de calidad, especialmente en el sector privado, donde se destruyeron cerca de 180.000 puestos registrados. 

Asimsimo, la experiencia actual se inscribe en una larga serie de ensayos fallidos. En las últimas décadas, distintas reformas laborales prometieron impulsar la contratación a partir de reducir “costos” empresariales, pero los resultados fueron sistemáticamente los mismos: menos empleo formal, más precarización y una creciente desigualdad en los ingresos.

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El caso Milei que desmiente al propio Milei

El gobierno buscará avanzar en las sesiones extraordinarias del Congreso convocadas para febrero con su proyecto de “modernización laboral” que, según aseguran sus funcionarios, sería una solución para la creación de empleo en nuestro país, aunque llamativamente no se explicita qué puntos o herramientas concretas serían las que llevarían a más y mejor empleo. De hecho, paradójicamente, un ejemplo reciente que muestra que la mayor desregulación no genera más empleo se encuentran en la propia gestión de Javier Milei.

En concreto, en lo que va de la administración libertaria el empleo no registrado tocó niveles históricos, se consolidó un mayor subempleo y se generalizó el pluriempleo. Más específicamente, tras los cambios laborales implementados con la “Ley Bases” desde 2024 (mayor periodo de prueba, categoría de colaboradores “independientes”, fondos de cese laboral optativos) lejos de crear fuentes de trabajo, el último dato oficial difundido recientemente (SIPA, oct/25) indicó que se perdieron más de 270.000 puestos de trabajo asalariados registrados, con particular destrucción en el sector privado (-180.000 puestos), seguido del empleo público (-60.000) y en casas particulares (-30.000). Solo este año la pérdida ascendió a 85.000 empleos registrados. Por el contrario, en el año posterior a la aprobación de la ley los puestos que sí crearon respondieron a trabajos precarios: dos de cada tres fueron cuentapropistas y uno de cada tres asalariados no registrados. 

“La economía y el mercado laboral se mueven por incentivos. Hoy estamos en el peor de los mundos. Los sectores mano de obra intensivos no requieren más puestos de trabajo y la ley no sanciona la falta de registro. Los resultados están a la vista”, publicó el especialista Luis Campos al respecto.

De esta manera, los nuevos puestos de trabajo generados en estos dos años de gestión de La Libertad Avanza (LLA) se concentraron exclusivamente en las categorías de asalariados no registrados y no asalariados. En detalle, el 85% del incremento del empleo que muestran los datos oficiales (EPH-INDEC) estuvo constituido por trabajadores informales y cuentapropistas. Ello en un escenario donde los principales sectores generadores de empleo (Industria y Construcción) fueron los más afectados por la política económica en marcha (-60.000 y -70.000, respectivamente).

Asimismo, el cierre de empresas no encuentra freno y en los últimos dos años llegó a 21.000 según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. De acuerdo a las estimaciones del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA) “la actividad industrial –principal generadora de empleo registrado- aún se encuentra estancada (en los mismos niveles del cuarto trimestre 2024 y en torno a un 10% por debajo de 2022 y 2023)”. Un dato clave de dicho relevamiento exhibió que 21% de las empresas redujo su dotación de personal, aumentó el uso de medidas como reducción de turnos (23,5%) y las suspensiones (7,7%).

Por su lado, el último informe de CIFRA-CTA señaló que “los períodos de gobierno en los que se llevaron a cabo reformas laborales regresivas coincidieron con un mal desempeño del empleo mientras que, por el contrario, en aquellos gobiernos en los que se legisló para restablecer y/o ampliar los derechos de las y los trabajadores creció en mayor medida el empleo registrado privado”.

La propia experiencia histórica de nuestro país desmiente la suposición del oficialismo nacional. “Desde la última dictadura militar hasta el presente, se implementaron diversas reformas regresivas en la legislación laboral y en las instituciones protectoras del trabajo, que coincidieron con etapas negativas para el mercado laboral, con débil generación de empleo en general y aumento de la informalidad, además de importantes caídas salariales”, agregó el centro de estudios.

¿Qué muestran los datos? las cifras oficiales evidencian que la mayor desregulación laboral no crea empleo: un antecedente claro es entre 1990-2001 cuando la reforma menemista redujo las Contribuciones Patronales y privatizó la Seguridad Social pero la desocupación pasó del 7,5% al 20% y la informalidad llegó al 43%. A diferencia, entre 2003-2015 (reactivación económica, estatización AFJP) se generaron 3,1 millones de puestos de trabajo registrados privados y la desocupación se redujo (6%). Más cerca en el tiempo, entre 2016-2019 en el macrismo (destrucción aparato productivo, beneficios impositivos para grandes empresas y fomento de contrataciones precarias) se perdieron 276 mil puestos de trabajo registrados privados y el desempleo pasó de 5,9% a 10%, mientras que luego de la pandemia por Covid, en 2022 la reactivación económica permitió la creación de 360 mil puestos de trabajo (desocupación del 6,9%).

En materia de ingresos, las cifras oficiales evidencian también que, en este tiempo, se amplió la desigualdad salarial entre trabajadores al punto de que el salario efectivo (recibido en mano) del empleo registrado privado se incrementó por arriba del promedio de los convenios colectivos. Esto quiere decir que el Gobierno nacional buscó (ahora lo haría amparado por la ley) romper la negociación colectiva y profundizar la brecha salarial, con un promedio que oculta que los laburantes de abajo pierden mucho más. Así, la desigualdad salarial en el empleo formal creció 8,0% entre 2017 y 2025, el salario real promedio de convenio se contrajo un 20% y si bien el promedio de los salarios efectivos (percibidos y abonados por los empleadores), medido a valores constantes, también se redujo, lo hizo en menor medida (-10%), según informó la Secretaría de Trabajo nacional.

Por su parte, un documento de la consultora C-P sobre la situación de las paritarias evidenció que el 70% de los convenios cerró 2025 con actualizaciones debajo del 2% (es decir, perdiendo contra la inflación). Pesd a aceleración de las paritarias en el último tramo del año (por ejemplo, vía sumas fijas extraordinarias) la inflación mensual continuó al alza y las paritarias siguen quedando debajo. El índice de precios se aceleró tanto en los últimos meses que la gran mayoría de los acuerdos, “no llegan a superar los niveles actuales de inflación (entre 2,5 y 2,8%) y, por lo tanto, a compensar la caída acumulada”, señalaron los especialistas y agregaron que “esto lleva a esperar que la tendencia al estancamiento (o caída) de los salarios continúe en el marco de las dificultades del Gobierno de bajar la inflación por debajo del 2% mensual”.

Esto ocurre en un escenario donde según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC, se consolida una clara tendencia: una economía que no cae, pero tampoco avanza, sostenida en pocos sectores ganadores mientras el resto se hunde. Tras la caída del 0,3% en noviembre, datos privados de la consultora Analítica anticiparon que para el cierre del año se espera un resultado “muy moderado” de apenas un 0,2% y con mayor brecha entre sectores. De hecho, la mayor parte del crecimiento económico se explicó por Impuestos e Intermediación Financiera, dos sectores que no crean empleo y que no compensan la profunda caída del aparato productivo.

Reforma laboral: qué implica el nuevo proyecto

El proyecto de “modernización laboral” tendrá en caso de aprobarse varias consecuencias claras sobre el mercado laboral, aunque -dvierten especialistas- diferentes a lo que argumenta el oficialismo.

Según coinciden diferentes centros económicos, este tipo de reformas, una vez más no generará más empleo registrado, ya que -por ejemplo- otorga más subsidios y beneficios a empresas, pero sin controles ni programas específicos para la creación de empleo. “Recortará derechos individuales y ampliará las facultades empresariales, mediante la flexibilización y alargamiento de la jornada de trabajo a través de bancos de horas o similares y el fraccionamiento de los tiempos de las vacaciones” alertaron desde CIFRA. Asimismo, cuestionaron la posibilidad de que los salarios se abonen con “ticket canasta” y el recorte sobre el pago de indemnizaciones por despido.

Entre los puntos más rechazados por los especialistas laborales aparece también el desfinanciamiento del sistema de Seguridad Social y del sistema de obras sociales, mediante la reducción de las contribuciones patronales a estos destinos, en 3 puntos porcentuales y 1 punto, respectivamente.

Otros espacios como el Instituto Argentina Grande (IAG) y el CETYD-UNSAM, aseguraron que “la reforma laboral de Milei no plantea soluciones para los problemas de los trabajadores, por el contrario, los profundiza”. Y mencionaron la situación de lls ingresos, ya que “se dejaría de pagar adicional por horas extra, dejan de garantizar se los pisos de convenios por actividad y se pueden reducir horas por baja de productividad”. A su entender, también podría “aumentar la conflictividad al interior de las empresas, ya que la discusión salarial se traslada al interior de los lugares de trabajo”. Por último, un documento firmado por dichos centros junto con CEDA, Fundación SES, Futuros Mejores, Cepa y Grupo Paternal destacó “creemos que otra reforma laboral es posible, una que cuide al trabajador y que tenga programas que incentiven a las empresas a generar empleo registrado”.

De cara al debate que se abrirá en estos días en el Congreso, el contraste es evidente: las cifras oficiales convierten al propio Gobierno en el principal testigo en contra de su diagnóstico. La mayor desregulación laboral, presentada como condición necesaria para crear empleo, no produjo más trabajo registrado ni mejores condiciones, sino un mercado laboral más fragmentado, con menos derechos y salarios que siguen corriendo detrás de la inflación. La experiencia reciente vuelve a señalar que la creación de empleo de calidad no depende de abaratar despidos ni flexibilizar contratos, sino de un nivel de actividad sostenido, políticas productivas y un esquema de derechos laborales que funcione como piso.

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Eugenia Rodríguez

Periodista especializada en Economía.