Con ingresos en retroceso y sin señales de recomposición, 6 de cada 10 hogares recortaron gastos, cambiaron hábitos y resignaron calidad para llegar a fin de mes. En este escenario se consolidó lo que una consultora privada definió como “triple infidelidad”: los consumidores rompieron con marcas, comercios e incluso con el origen de los productos, en una búsqueda permanente por abaratar la canasta de subsistencia.
El quiebre no es solo coyuntural. Según el informe del primer trimestre de 2026 de la consultora Moiguer, si bien la economía mostró una recuperación parcial en términos de actividad, está desacoplada del consumo masivo. Mientras tanto, el comportamiento de los hogares cambia de forma estructural ya que si durante los años de alta inflación predominaba el “adelantar compras” para ganarle a los precios, hoy la lógica es otra: se administra peso por peso, se comparan promociones, se combinan canales y se arma un circuito de consumo fragmentado en busca del menor precio.
Aun así, en un contexto de ingresos deteriorados, el ajuste en el consumo no alcanza y cada vez más hogares recurren al endeudamiento para sostener gastos básicos. El problema no es solo el acceso al crédito, sino su creciente imposibilidad de pago: la morosidad alcanzó niveles récord, con el 13,2% de los créditos personales y el 11% de las tarjetas en situación irregular a comienzos de 2026, acumulando más de un año en alza y reflejando una dinámica donde la deuda dejó de ser un alivio transitorio para convertirse en un problema estructural de la economía argentina.
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El ajuste es cotidiano
Con ingresos en franco deterioro, 6 de cada 10 hogares ajustaron gastos, resignaron canales tradicionales y cambiaron de producto. En ese contexto emerge la “triple infidelidad” –según lo definió el relevamiento de una consultora privada- que puso el foco en cómo los consumidores rompen con marcas, comercios y hasta con el origen de los productos para cubrir el mes. Al respecto, luego de años donde el consumo fue el motor de crecimiento, esa dinámica se desarmó: se erosionó el poder adquisitivo y el bolsillo no logra recomponerse.
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De acuerdo con los datos que surgen del informe del primer trimestre de 2026 de la consultora Moguier, en la gestión de Javier Milei, el crecimiento económico se desacopló del consumo masivo.
Al analizar los últimos 20 años y la evolución por períodos de gobierno se evidenció que durante la presencia de Néstor Kirchner (2003–2007) tuvo lugar un fuerte crecimiento tanto del PIB como del consumo, posteriormente entre 2007-2015 (presidencia de Cristina Fernández de Kirchner) continuó la suba y el consumo acompañó, pero algo por debajo del PIB. En el lapso de 2016–2019, con el gobierno de Mauricio Macri se observó estancamiento y luego caída, con un consumo que retrocedió más que el Producto.
Por su lado, entre 2020-2023 (mandato de Alberto Fernández) se destacó la caída significativa del primer año, con la crisis de la pandemia por COVID-19 y con una recuperación posterior parcial. Ya en la gestión de Javier Milei (2024–actualidad) se produjo una nueva caída fuerte del consumo, con un PIB que rebotó en el segundo año de mandato pero con un consumo que no recuperó los niveles previos a la asunción del actual Gobierno y se ubica hoy más próximo a los registros del 2002.
El informe al que accedió este portal destacó que en este marco “el consumo recuperaría los niveles de 2023 hacia el 2030”. En este escenario, es que se producen cambios en los patrones de consumo de la población que evidencian que si antes se adelantaban gastos para “ganarle” a la inflación ahora se “administra peso por peso” en la medida en que se comparan y combinan promociones, medios de pago y distintos comercios.
El relevamiento realizado en formato online a población de 16 a 75 años del país, precisó que el 61% de los hogares ya redujo -en apenas tres meses del año- gastos en el presupuesto de su hogar (4 puntos más que en igual trimestre del 2025). En ese sentido, aparecen cambios cotidianos como en el canal de compra: no hay una compra única y se fragmenta entre súper, mayoristas, barrio, online (desde noviembre de 2023, las ventas en supermercados y mayoristas se desplomaron 11,0% y 19,0%) en un intento de buscar el mejor precio en cada lugar y armar “el propio circuito de consumo”.
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De igual modo, aparece la “infidelidad a la marca” ya que el 9 de cada 10 dejó de ser fiel a marcas que antes eran habituales y el 83% optó por incorporar opciones más baratas. En cuanto al consumo de productos importados en góndola señalaron que “el 43% prioriza precio sobre nacional/importado”. Con la apertura desregulada de productos finales importados que llegan a la góndola se debilita la elección de marcas locales y, por ende, de producción nacional.
En un contexto donde el poder adquisitivo sigue deteriorado, el informe de Moiguer presentó también un indicador simple pero contundente: el “índice pizza”, que mide cuántas unidades de ese consumo se pueden comprar con un salario mínimo. El resultado expuso el rezago argentino: en 2026, el ingreso mínimo apenas alcanza para 12 pizzas, muy por detrás de otros países de la región (Uruguay 51 pizzas, Chile 34 pizzas y Brasil 19 pizzas) y lejos de reflejar una mejora sustantiva frente a años anteriores (en 2015 eran 33 pizzas). El dato se da además en un panorama donde el salario mínimo cayó en términos reales —de 550 dólares en 2012 a 240 en la actualidad— y el 50% de los hogares tiene ingresos menores a USD 1.000 y la mitad de los hogares cree que sus ingresos están por debajo de la inflación.
Otras “estrategias” de subsistencia
Frente a la crisis económica para muchas familias argentinas no alcanza solamente con cambiar hábitos de consumo, marca o productos, sino que terminan recurriendo a estrategias que complementen ingresos, tal el caso del endeudamiento, que llegó a niveles récord en este último tiempo.
La situación es tal que la mitad de los hogares tuvo que desplegar al menos una estrategia complementaria a sus ingresos: un tercio gastó ahorros, un porcentaje similar pidió plata a conocidos o se endeudó, y el 10% llegó a vender pertenencias. Los datos surgen de un informe del Instituto Argentina Grande (IAG) desde donde apuntaron que el problema se agrava cuando además no se llegar a pagar esas deudas: la morosidad en las familias está en niveles récord: en enero de 2026 el 13,2% de los créditos personales y el 11% de las tarjetas están en irregularidad, acumulando 14 meses al alza y marcando un récord histórico desde 2010. La mora se triplicó en todas las provincias.
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El despliegue de estrategias complementarias de ingresos crece en un contexto de contracción sostenida de salarios reales que se encuentran hoy por debajo, incluso, de los niveles de 2023: al cierre del 2025 el sector privado registrado había perdido 3,5% de poder de compra, el público provincial un 14,2% y el público nacional un 37,2% (es decir: perdieron más de un tercio de su salario real contra 2023).
No obstante, la crisis de ingresos de los hogares nos se explica solamente por el golpe al poder de compra sino también por el mayor peso de gasto fijos que reducen el ingreso disponible: mientras que en noviembre de 2023 el gasto de una factura promedio de luz, gas y agua en el AMBA (más un uso medio de transporte público) representaba el 4,8% de un salario mediano del sector privado registrado, hoy representa un 10,8%. Es decir, “luego de pagar las tarifas y cargar la sube, la gente tiene menos plata en el bolsillo”.
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En definitiva, el cuadro de situación pone sobre la mesa salarios que no alcanzan, gastos fijos en alza y un endeudamiento que se vuelve estructural. Más que conductas excepcionales, los datos exhiben una Argentina donde el bolsillo sigue en retroceso, y donde consumir dejó de ser una elección y pasó a ser un ejercicio permanente de ajuste.
