Oscar Barney Finn: la conexión secreta entre las tragedias griegas y el desastre de Milei, su crítica a los espectáculos "descartables" y su emotiva despedida Marta Lubos

En una entrevista con El Destape, el dramaturgo y director Oscar Barney Finn presenta su osado nuevo trabajo en el Teatro San Martín con una tragedia griega contemporánea y con lectura feminista.

27 de mayo, 2026 | 15.33

“Estar en el Teatro San Martín hace crecer a un director, lo hace ponerse a prueba”, dice Oscar Barney Finn desde el hall Alfredo Alcón, en una animosa charla telefónica con El Destape a raíz de su nuevo trabajo en el mítico teatro porteño, meca de prestigio para los artistas. Su primera vez en la sala Casacuberta lo tiene adaptando La niña sobre un altar, una tragedia griega con mirada contemporánea y feminista protagonizada por Analía Couceyro y Paulo Brunetti, y gran elenco. La puesta sigue a una comunidad atravesada por tradiciones ancestrales y mandatos inquebrantables, como el sacrificio de una joven que desata una serie de revelaciones que ponen en crisis los vínculos familiares, la fe y el poder.

¿Cómo llegás a este texto de Marina Carr?

- Siempre estuve buscando obras irlandesas, un poco por mi origen y por mis antepasados, y en ese camino empecé a conocer autores nuevos, que se habían desarrollado entre los ‘80 y los 2000 y ahí encontré a Martín McDonagh, autor de la obra La Reina de la Belleza. Después de esa obra que hice dos veces (una con Aída Luz y otra Marta Lubos) di con Marina Carr y este texto, que cuando lo leí me fascinó.

Marina atravesó una etapa de búsqueda en los textos griegos en varias obras. A mí me gustó La niña sobre un altar porque propone un desafío en el tratamiento con los actores y en la puesta en escena, porque yo no quería hacer una reconstrucción griega y porque el texto tiene tres instancias: una donde ellos (el elenco) cuentan, como lo hacía el coro griego, la historia; en otro plano actúan y en un tercero reflexionan sobre los que tienen delante.

La niña sobre un altar (Crédito de foto: Carlos Furman):

En los clásicos griegos, la muerte está más ligada a cuestiones como el heroísmo o el sacrificio y en esta obra el planteo es absolutamente diferente. Se cuestiona el asesinato y los efectos que produce en una comunidad…

- Exactamente. No te olvides que más allá de la grandilocuencia que puede tener un nombre como Agamenón, hay un padre y una madre, y hay un sacrificio con la muerte de una mujer. Los personajes cuestionan que si la ofrenda hubiese sido el hijo varón, su destino habría sido diferente. Ahí hay un tema y una variante interesante porque no es que Marina Carr sea una feminista a ultranza, pero es una mujer de su época que no deja de observar lo que ocurre en su tiempo y esa mirada la plasma en Cassandra, Clitemnestra y de la criada Cilisa, que también plantea cuestiones de libertad cuando se enfrenta con ella.

La obra plantea otras cuestiones interesantes en torno a la pareja y las relaciones familiares con los hijos que me resultaron muy seductoras para transitar y abordar, buscando una apuesta y escenografía operística. La música acompaña, yo lo quería así. Mi tránsito por la ópera me ha dado esa posibilidad y a veces hay puestas que me llevan hacia ese lado. De todas maneras, yo soy un privilegiado en tener la sala Casacuberta, porque en los teatros del off en los que estoy acostumbrado a estrenar obras el espacio es mucho más reducido y no puedo tener esas ambiciones.

¿Fue una búsqueda pensada la conexión entre la tragedia clásica y la actualidad argentina?

- Sí, eso es un elemento más. Nada está subrayado, pero todo está dicho. El que quiera entenderlo lo va a entender. 

La niña sobre un altar (Crédito de foto: Carlos Furman):

¿Qué elementos te permitieron lograr esa conexión?

- Para empezar, los sentimientos. A mí me interesó siempre traer los sentimientos de esos personajes y esos actores, sino no tenía sentido porque nunca quise hacer una reconstrucción histórica. Yo quería poner seres que trasciendan el espacio y las épocas para hablar de cosas que son eternas como los vínculos, los sentimientos y las batallas que no terminan nunca. La obra te permite pensar en el desastre que estamos viviendo ahora en Argentina y brindarle al espectador una posibilidad de una lectura dinámica -y no entregar una ventaja porque sí, sino hacer que el público se mantenga activo- es algo que me entusiasma mucho.

¿Cómo ves la oferta teatral de Buenos Aires en materia de búsqueda de públicos activos?

- La veo pobre, porque muchos productores quieren hacer creer que lo que hacen es lo que el público quiere. Yo me resisto a ir donde va la corriente, porque a veces no expresa lo que la gente quiere. En La niña sobre un altar la gente se siente gratificada si los considerás seres inteligentes y no les das un espectáculo nada más que para pasar un rato. Si bien esas obras son necesarias y yo disfruto algunas, no quiero que se me malinterprete, la mayoría de lo que hay suele ser descartable y son espectáculos que subestiman al público. Lo triste es que hay muchos actores maravillosos que terminan optando por este camino ante la falta de trabajo… Hay de todo, también tenés cosas de muchísima calidad. Yo estoy esperando con ansías Billy Elliot y Charlie y la fábrica de chocolate, porque disfruto mucho los musicales.

En la función de estreno mencionaste a Marta Lubos, que murió en marzo del 2026. ¿Habías pensado en ella para un personaje de esta obra?

- Marta iba a ser Cilisa y hasta el mes de enero estuvo involucrada en la obra. Por suerte tengo también a otra maravillosa mujer, que es Mercedes Fraile, para terminar ocupando ese rol con una excelente actuación. Pero sí, ese personaje lo habíamos pensado para Marta Lubos y ella estaba muy feliz de ser parte, pero cuando vio que no tenía la recuperación que yo deseaba tuvo que decirme que no iba a ser de la partida. Y a los pocos meses nos dejó. Su muerte fue muy penosa para mí, porque Marta fue una persona diferente y con otra luz, que tuvo otra forma de ser, de expresarse, de vivir, de comprometerse, y esas cosas en el teatro o en la vida no se encuentran todos los días.

Oscar Barney Finn y Marta Lubos, protagonista de El Diccionario. En la foto también aparecen Daniel Miglioranza y Roberto Mosca.