Buenos Aires tiene la librería más linda del mundo. No es una exageración porteña: el título lo otorgó National Geographic en 2019. Pero basta con entrar al Ateneo Grand Splendid para entender que ningún reconocimiento alcanza a explicar lo que se siente ahí adentro. Ese edificio sobre Avenida Santa Fe, que supo ser teatro y cine cuando la ciudad todavía estaba aprendiendo a modernizarse, conserva algo más que su arquitectura imponente: conserva memoria.
Desde hace poco más de veinte años funciona como librería, pero no dejó de ser escenario. Solo cambió el tipo de espectáculo. Donde antes había aplausos, ahora hay páginas que se pasan; donde antes sonaban orquestas, hoy se escucha el murmullo suave de lectores que levantan la vista y se quedan mirando la cúpula como si fuera la primera vez.
Y ahora, como si el edificio quisiera contar su propia historia, se inauguró la Experiencia Grand Splendid: un recorrido inmersivo en el tercer piso que invita a mirar hacia atrás para entender por qué este lugar sigue latiendo.
El Grand Splendid nació en 1919 por iniciativa de Max Glücksmann y fue mucho más que un teatro. Fue cine, fue el nacimiento de la radio, fue el espacio donde empezaron a grabarse algunos de los primeros tangos. Fue, en definitiva, un epicentro cultural en una Buenos Aires que crecía con ambición y deseo de belleza.
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La arquitectura, diseñada por Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, y coronada por la cúpula de Nazareno Orlandi junto a las esculturas de Troiano Troiani, no era solo técnica: era una declaración estética. Hoy, desde el tercer piso, esa cúpula parece más cercana que nunca. Se pueden distinguir sus figuras, sus colores, los trazos que sobreviven al paso del tiempo. Las molduras del antiguo escenario casi se tocan. Y debajo, más de 200 mil libros ordenados en lo que alguna vez fueron plateas y palcos.
Experiencia inmersiva y emotiva: de los planos originales a la sala donde ensayaba Gardel
La experiencia comienza con estaciones interactivas que reconstruyen la historia del lugar. El escritorio de Glücksmann, afiches originales, planos y renders permiten imaginar la gestación de ese sueño cultural. Luego, la cúpula cobra vida a través de un mapa animado que explica sus detalles.
Pero hay un momento en el recorrido que cambia el aire. La sala inmersiva, ubicada donde alguna vez ensayó Carlos Gardel, proyecta un video en el que su imagen y su voz guían la historia del edificio. Gardel no es una referencia decorativa: cantó allí, grabó en el mismo edificio gracias al sello Nacional Odeón y se convirtió en una figura inseparable del lugar. Escuchar su voz en esa sala, mientras su holograma acompaña el relato, genera una sensación difícil de describir: es como si el pasado se negara a quedarse quieto.
Cada estación revela una capa distinta del alma del ex cine-teatro: la industria cultural argentina en sus inicios, el vínculo entre arte y técnica, la transformación que permitió que el espacio no se convirtiera en reliquia sino en algo vivo.
El recorrido también habilita el acceso a las antiguas bambalinas, un espacio que nunca antes había sido abierto al público. Desde allí se puede mirar el escenario desde arriba y entender la maquinaria invisible que hacía posible cada función. Hay algo conmovedor en ese detrás de escena: el teatro sin actores, el silencio que sostiene la historia.
En el año 2000, el edificio se transformó definitivamente en librería. Desde entonces, el Ateneo Grand Splendid recibe a diario lectores y figuras de la cultura nacional e internacional. En el nuevo café del tercer piso, las fotos de esas visitas conviven con imágenes de archivo encontradas durante la remodelación. Pasado y presente no compiten: dialogan.
La sala inmersiva puede albergar hasta 25 personas por función, que se renueva cada quince minutos. Antes o después, se puede recorrer libremente las estaciones interactivas y el espacio Tras Bambalinas. Pero más allá de la logística, lo que queda es otra cosa: la sensación de haber habitado una historia que no terminó. Porque el Ateneo Grand Splendid no es solo la librería más linda del mundo. Es un edificio que aprendió a transformarse sin perder su esencia. Y ahora, por primera vez, permite que el público no solo lo admire, sino que lo escuche.
Días, horarios, valor de las entradas
- Lunes a sábado: 11 – 20 hs. Último ingreso: 19.30 hs.
- Domingo: 13 - 20hs. Último ingreso: 19.30 hs.
Entradas (se adquieren en el momento)
- No residentes mayores a 10 años: $30.000.
- Residentes argentinos mayores a 10 años: $20.000.
- Jubilados y estudiantes universitarios residentes, con acreditación: $10.000.
- Niños menores a 10 años y discapacitados con CUD: Gratis.
Experiencia Grand Splendid es apta para todo público. El café y el sector de escenas interactivas son accesibles para personas con movilidad reducida. Hay un ascensor disponible en Planta Baja.
La sala inmersiva y las antiguas galerías (donde observa el escenario desde lo alto) se encuentran en un nivel superior al que sólo es posible llegar por escalera. No cuentan con acceso adaptado debido a que forman parte de la estructura original del teatro, que no puede ser modificada.
Todo el recorrido, más una pausa en el café, puede llevar una hora aproximadamente. Cada visitante puede tomarse el tiempo que guste, no hay límite de permanencia. La visita a la librería El Ateneo Grand Splendid es libre y gratuita
