Andrés Montero: la literatura como tribu, los desafíos de escribir en la era de la IA y “la necesidad de defender los relatos humanos”

El autor de Taguada y El año en que hablamos con el mar conversó con El Destape sobre cuentos orales, memoria, comunidad y por qué la literatura todavía puede funcionar como un espacio de encuentro.

14 de mayo, 2026 | 18.06

Hay escritores que construyen historias y otros que, además, parecen empeñados en recuperar la forma en la que esas historias circulaban antes de convertirse exclusivamente en libros. Andrés Montero pertenece a este segundo grupo. El autor chileno, reconocido por novelas como Taguada, La muerte viene estilando y El año en que hablamos con el mar, convirtió la oralidad, la memoria colectiva y las tradiciones populares en el corazón de su obra literaria. Sus textos, atravesados por múltiples voces, leyendas y relatos comunitarios, dialogan constantemente con una pregunta que atraviesa toda su producción: qué lugar ocupan hoy los cuentos y la narración oral en un mundo cada vez más acelerado e individualista.

En su paso por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde, entre otras cosas, presentó Por qué contar cuentos en el siglo XXI, editado por Los Confines, Montero conversó en exclusiva con El Destape sobre el vínculo entre escritura y oralidad, la lectura como experiencia colectiva, el rol de la literatura en tiempos atravesados por la inteligencia artificial y la necesidad de defender los relatos como espacios de encuentro humano.

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La construcción de una literatura atravesada por la oralidad

Hay algo en tu escritura que no se encuentra facilmente: tienen un gran nivel de descripción pero con buen ritmo. ¿Cómo lo trabajás?

Yo releo siempre lo que escribo, voy corrigiendo, corrijo mucho, pero sobre todo corrijo en voz alta. O sea, lo que escribo lo leo. Ahora es un poco más difícil con Gaspar (su hijo), pero antes yo le leía a Nicole (su pareja) en la noche. Mis textos tienen como una parte muy oral; a veces le pido a alguien que me lea para entender cómo está leyendo otra persona las palabras, las entonaciones. 

Por lo tanto es un trabajo que obviamente es literario, de escritura, que es lo primordial, pero hay un trabajo oral también. Y no sé si será eso lo que puede que de un cierto ritmo más parecido a cómo hablamos las personas; quizá por eso son libros que entran por los ojos pero también tienen una dimensión de oreja.

Después de leerte en varios de tus libros y varias de tus entrevistas más que nada, pude deducir que sos un defensor de la lectura en comunidad. ¿Crees que deberíamos volver a esas bases, lo coral, para consumir literatura?

Pienso que todas las dimensiones de la literatura, la oral, la escrita, la auditiva, como el podcast, el audiolibro, la lectura digital, forman parte del mismo ecosistema y me parece bien que coexistan todas al mismo tiempo. Pero sí me pasa que en los cuentos populares, las tradiciones orales, en esos cuentos que a veces ni siquiera se han escrito porque son muy antiguos, hay como una sabiduría humana ahí que se va transmitiendo, entonces cada abuelo o tío o niño que cuenta la historia le agrega algo. 

A mí me encanta la idea de que nos hagamos parte de esas cadenas de sabiduría y que esos cuentos que nos vienen acompañando hace tanto tiempo no se pierdan, porque son como un condensado de sabiduría humana, simbólica. Y después a mí me divierte mucho, me entretienen esas historias, esos cuentos, las leyendas por ejemplo también y de alguna forma también es mi oficio porque me dedico a contar.

Entonces cuando escribís ¿pensás en escribir para que se cuente en voz alta?

Es como paradójico, porque yo tengo libros que no han llegado aquí, que son los juveniles, como Alguien toca la puerta, que son sobre leyendas y están pensados para que alguien lo lea y lo cuente. También tengo proyectos relacionados con ese tipo de historias, como leer y contar. Pero en el caso de los libros que han llegado acá, que son los libros para adultos no he pensado que después tenga como un fin oral, como que yo ya hice el trabajo escrito.

Pero sí ha pasado que me han escrito por ejemplo narradores de acá de Buenos Aires que querían contar oralmente en un bar una parte de El año en que Hablamos con el mar. Entonces como que siempre se vuelve al oral. Y aunque yo no lo haya escrito para que se relate de forma oral, si sucede, bienvenido sea.

Escribir con una búsqueda vital: "Antropológicamente me parece más cuando todos contamos una misma historia"

Acaba de salir un libro tuyo acá, fresquito, editado por Los Confines,  donde en el título básicamente te preguntás 'por qué contar cuentos en el Siglo XXI'. ¿Qué encontraste en el género de cuentos que no encontraste en otros géneros como para formar tu personalidad de escritor?

Cuando yo me defino a mí mismo como cuentero o cuando hablo de por qué contar cuentos en el siglo XXI me estoy refiriendo al cuento oral, tradicional, no me estoy refiriendo tanto, aunque también se puede contar, al cuento como el género contemporáneo. Y lo que he encontrado, y es un poco lo que te decía antes, es esta sabiduría acumulada de los años, los simbolismos.

En los cuentos de ahora hay muchísima pose; y eso que me encanta leer un cuento al que un autor o autora le puso su firma porque tiene su visión de mundo, de hecho lo hago todos los días. Pero también me gusta mucho leer o escuchar o compartir un cuento que tiene tantos autores que no tiene autor, porque es de todos. Siento que en esos cuentos hay una pista para el futuro.

Estos de la multiplicidad de voces es también una búsqueda tuya ¿no? Lo digo pensando en libros como Taguada (donde se trata de recolectar la historia completa de una popular leyenda chilena) que es un libro básicamente escrito desde muchas perspectivas y con muchas voces

Es verdad, en Taguada hay muchos personajes, muchas voces con visiones como contradictorias incluso sobre una misma historia. Y En el año en que hablamos con el mar es un narrador colectivo donde todos están tratando de encontrar y consensuar una historia. O en La muerte viene estilando son como seis perspectivas distintas sobre la muerte. Y lo que estoy escribiendo, ahora que tu lo dices, también viene por ahí.

Sí, quizás tengo la idea de que una historia la puede contar una persona, pero también la pueden contar muchas.  Y es bien interesante eso que pasa, a mí me encanta. Yo lo llamo como lo que pasa con el 'pololo' nuevo: cuando el novio nuevo llega a la casa de la novia y lo presenta a todos y entonces la familia aprovecha de contarle algo que todos conocen menos el nuevo. Le dicen '¿tú sabías que Fulanita cuando era niña hizo tal cosa?' y empiezan a contar la anécdota, pero como todos la conocen empiezan a interrumpirse: 'no, no fue así, yo estaba acá, no sé qué, no, cuéntala acá, yo te voy a decir, eso no fue'. Todos tienen algo que decir sobre la historia.

Cuando alguien te cuenta una historia solo y de forma lineal puede ser estéticamente más interesante, pero antropológicamente me parece más interesante lo otro, cuando todos contamos una historia.

Andrés Montero: la literatura como tribu, los desafíos de escribir en la era de la IA y “la necesidad de defender los relatos humanos”.

Pero ¿no es difícil llevarlo a la escritura eso?

Puede ser, digo, a mí no me resulta fácil. Yo trabajo mucho para que todas las perspectivas tengan cabida y que el libro se disfrute y se entienda. Pero sí, sobre todo es difícil porque la escritura no es la oralidad y eso yo lo tengo muy claro. O sea, yo cuando estoy escribiendo no estoy haciendo oralidad, sino que lo que trato es utilizar algunos recursos de la oralidad en la escritura y ver qué pasa. Esa es la búsqueda.

Con esto que decías del "novio nuevo" pienso en una situación que nos suele pasar a todos: cuando tenés un recuerdo que no sabés si es real o solamente lo "recordás" de tantas veces que te lo contaron

Y así funciona la memoria humana y de alguna forma así funcionan también los relatos. Cuando uno cuenta un cuento, hablando de la técnica, el consejo que siempre se da es contar como si fuera un recuerdo. Entonces uno tiene primero que vivir la historia. No hay guion, lo que hay es un cuento y uno lo que tiene que hacer es tratar de que ese cuento ya uno lo haya visto tan vívidamente que después lo cuente como un recuerdo. Ni siquiera tiene que ensayarlo ni prepararlo. 

Más allá de la oralidad, ¿hay algo en particular que te inspire a escribir?

Cada vez soy más consciente de que me inspira mucho la naturaleza. Cuando estoy en espacios como naturales, entre desconexión, aire puro. Pero cualquiera, puede ser mar, nieve, montaña, huertos, ríos, cualquiera me viene bien. Antes yo podía escribir una historia que transcurriera en Santiago pero me venía muy bien la naturaleza por la concentración, qué sé yo. Ahora me pasa como que me dan ganas de escribir sobre la naturaleza, osea veo un río y me dan ganas de escribir sobre el río. Eso es un poco más reciente, como después de la pandemia.

Lo que pasa, por ejemplo, en El año que hablamos con el mar es que la naturaleza aparece mucho, la isla habla, dice cosas, da señales, el mar es un personaje importante. Esa observación después se traduce en elementos de los cuentos y de las novelas.

En tus libros está muy presente Chile y sus tradiciones. Por un lado, consultarse si vos te sentís un representante de tu país y, si es así ¿cómo vivís esto de llevar la figura de Chile al resto del mundo? 

De alguna forma me siento como alguien que comparte la historia de su tierra. Ahora como se están traduciendo mucho los libros me tengo que ir a otra tierra y me preguntan por Chile entonces de alguna forma sí soy un representante. En general lo que me pasa, depende del país, pero en Europa, generalizando un poco, les llama mucho la atención de que mis libros no se traten de la dictadura. La lógica es que para escribir en América Latina tenés que hablar de dictadura.

Lo entiendo, no me siento ofendido por eso, pero sí me ha tocado decir que la dictadura es muy importante en la historia y hay muchos escritores hablando de eso, pero también es un país de 5.000 kilómetros de largo que tiene desierto, cordillera, mar, campo, personas muy distintas, mitos muy antiguos, que hay una diversidad, sobre todo como en su riqueza lingüística y de historias que a mí me encanta compartir. Aparece como otra forma de compartir que no es solamente desde el dolor. Siempre nos relacionamos con otros países diciendo "ah nosotros también tuvimos una dictadura, nosotros también tenemos desaparecidos", pero realmente es lindo también decir "nosotros también nos gusta juntarnos a contar historias".

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¿Cómo te definís a vos mismo en relación a la literatura?

Yo me defino como narrador porque lo que hago es contar historias. A veces las cuento oralmente, a veces las escribo, a veces las escucho y a veces también hago mi parte de gestión cultural, aplico muchísimo tiempo a propiciar espacios para que las historias tengan un lugar. Me siento como un narrador, como alguien que está ayudando a que los relatos encuentren un lugar.

¿Y como lector cómo sos?

Yo leo mucho, es algo tan importante en mi vida que a veces se me olvida mencionarlo, porque la gente me pregunta más por qué cuento historias, pero yo leo, todos los días estoy leyendo. Soy un lector bien curioso, leo un poco de todo. Pero también soy un lector lento, no me identifico mucho con los lectores que devoran, que leen muy rápido, ¿cómo lo pueden hacer? A veces un libro de 150 páginas, cortito, me cuesta mucho rato, porque me pasa como que también leo cuando no estoy leyendo.

O sea, como que leo, a veces tres páginas, me encanta algo, sigo el libro, me quedo mirando para el cielo, o sigo haciendo mi vida y después vuelvo al libro y lo miro de nuevo. Siempre digo 'me falta mucho para leer', pero no me quiero apurar.

¿Creés que hay límites dentro de la literatura?

Lo primero que me tienta a decirte es que no. Pero creo que sí, por ejemplo la literatura escrita deliberadamente con intención como de romper algo, una comunidad, de hablar en contra de un determinado pueblo  o determinado tipo de persona. Se que ese tipo de literatura existe, pero me parece que es un límite que no debería cruzar. Usar esta expresión artística tan milenaria y tan hermosa para la destrucción no me parece.

Después hay un límite, que lo estoy pensando ahora y es un límite personal, que es un libro escrito con inteligencia artificial, aunque sea una parta de él. No me interesa nada, puede que me engañe alguna vez pero por ahora siento que es difícil. Ese es un límite para mí, yo no la voy a usar en términos creativos. Si la uso para preguntarle cosas cotidianas pero no para cosas creativas que es lo único que nos queda. La otra vez escuchaba a Martín Kohan decir 'si dices que eres escritor, ¿cómo le vas a pedir que te haga la parte más divertida?' Si yo sé que alguien escribió algo con inteligencia artificial no me interesa.

Cuando éramos niños había un piano en la casa que había que afinar. Cada uno o dos años venía un señor que lo afinaba con una maquinita y cuando terminaba, que ya estaba perfecto, desafinaba un poquito. Entonces una vez mi papá le preguntó por qué hacía eso en lugar de dejarlo perfecto; y el contestaba que la perfección no emociona a los humanos, lo que emociona a los humanos es lo humano; lo humano es imperfecto.

Por último, ¿qué creés que tiene que lograr la literatura en el mundo?

Yo pienso que lo que tiene que lograr la literatura es existir. Todo lo que trae la literatura, el encuentro, la imaginación,  el error, la emoción, todo lo que sabemos y lo que nos gusta leer lo estamos dando por hecho, y no sé si eso está tan bien. La literatura siempre ha existido y nos ha acompañado pero, justo lo que estamos hablando antes, por muchas razones puede perder espacio o puede dejar de ser literatura y convertirse en otra cosa, puede ya directamente ser escrita por inteligencia artificial.

Yo creo que lo que le toca a la literatura es hacer lo que viene hacienda hace 40.000 desde que los humanos empezaron a contarse historias: generar el encuentro, la tribu, la comunidad, el tejido social. Su misión  es seguir existiendo, y la tenemos que defender los lectores, todos los humanos, pero especialmente los lectores.

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Valentina Quinteros

Soy periodista cultural y lectora de toda la vida. Toda mi vida me relacioné con los libros, pero nunca pensé que mi trabajo me iba a dar la posibilidad de hablar sobre ellos. Hoy me pueden leer en mis reseñas, entrevistas a autores, contando historias de vida (más si tienen que ver con animales) y cubriendo recitales. Solía ser la más joven de la redacción. Siempre voy a bancar a la cultura.