“Venías al pueblo de visita y te traías tus libros esos tan grandes que leías porque querías, y te sentabas en el tresillo una hora y sin moverte, callada y leyendo; y yo pensaba qué lástima de no poder leerlo yo también porque ni te meneabas, tenía que ser bueno el dichoso libro. Eso nunca lo iba a saber yo porque era bien analfabeta y nunca iba a saber”, dice uno de los fragmentos finales de Tocan a muerto, el primer libro de Laura Vivar, recientemente publicado por Blatt & Ríos. En esa voz aparece condensado todo lo que la novela propone: una memoria atravesada por la falta, por lo que no pudo ser, por aquello que quedó vedado para siempre.
Este debut rescata las atrocidades a las que debieron enfrentarse las mujeres durante y después de la Guerra Civil Española, pero lo hace desde un lugar particular: el de la intimidad, el de la transmisión oral, el de una historia que no fue escrita en su momento porque muchas de sus protagonistas no tenían acceso a la palabra.
La historia está narrada por una abuela que decide contarle a su nieta cómo era la vida en aquel entonces. Y aunque muchos de los relatos aparecen teñidos de un humor áspero, casi como un mecanismo de defensa, lo que los atraviesa es el dolor persistente de una mujer que, incluso cuando intenta disfrazarlo, nunca desaparece del todo. En ese relato aparecen, casi como parte de la rutina, las formas en que se organizaba la vida de las mujeres: el luto como destino, los matrimonios arreglados, la imposibilidad de acceder a la educación, la violencia física y sexual naturalizada, y la presión constante para ocupar un único lugar posible: el de la casa, el del servicio, el del silencio. Frente a eso, también emerge algo más: la red entre mujeres, una forma de sostenerse colectivamente en medio de un sistema que las quería aisladas.
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El título Tocan a muerto no es solo una imagen potente, sino también una clave de lectura. El repicar de campanas que anuncia una muerte (dos veces si es un hombre, tres si es una mujer) marca desde el inicio una desigualdad que atraviesa todo el libro. Incluso en la muerte, el género determina el modo en que se es nombrado.
Sin embargo, uno de los mayores aciertos de la novela es su voz. La decisión de narrar desde alguien que no tuvo acceso a la educación formal construye un lenguaje propio, oral, directo, que no busca embellecer lo que cuenta. Al contrario: esa aparente simpleza vuelve todo más contundente. No hay distancia entre lo narrado y quien lo dice. Todo está dicho desde un cuerpo que lo vivió y en la actualidad puede entender por qué estaba tan mal. Sin dudas un libro que no es de teoría feminista pero ayuda a entender por qué este movimiento es tan necesario.
Sobre la autora
Laura Vivar nació en Guadalajara, España, en 1986. Estudió Filología Clásica en Madrid con una especialización en Sintaxis Latina. Publicó textos en diversas revistas literarias, como ArtNoir y Ligeia. Trabaja como profesora. Tocan a muerto es su primer libro.
