La semilla del conflicto se plantó hace una década, cuando dos de las figuras más influyentes del ecosistema tecnológico acordaron crear una organización sin fines de lucro para desarrollar inteligencia artificial de forma segura y abierta. El vínculo entre Elon Musk y Sam Altman se forjó en 2015, cuando acordaron desarrollar la IA de forma más responsable y segura que las empresas controladas por Google y Facebook. En aquel momento, señaló Musk, Google tenía todo el dinero, todos los ordenadores y todo el talento en IA. "No había contrapeso". OpenAI nació como ese contrapeso.
Los primeros años: una visión compartida
Musk aportó dinero, nombre y urgencia. OpenAI fue fundada en 2015 con el objetivo declarado de desarrollar inteligencia artificial avanzada en beneficio de toda la humanidad. Musk contribuyó con aproximadamente USD 38 millones, lo que representó el 60% de la financiación inicial.
La misión fundacional era clara y comprometida. Desde el principio se debatió sobre fuentes alternativas de financiación más allá de las donaciones. Musk recordó que no se oponía a que OpenAI tuviera una rama con ánimo de lucro, pero que "el rabo no debía mover al perro". Había un límite a los beneficios y, una vez que se "resolviera" la inteligencia artificial general, esa rama dejaría de existir.
La ruptura: 2017 y 2018
La relación comenzó a deteriorarse antes de que OpenAI se convirtiera en lo que es hoy. El vínculo entre Musk y Altman se deterioró en 2017 por desacuerdos estratégicos y, en 2018, Musk abandonó la junta directiva. Tras su salida, OpenAI adoptó una estructura de "beneficio limitado" en 2019, lo que facilitó la captación de capital privado y profundizó las diferencias entre los fundadores.
La defensa de OpenAI cuenta una versión diferente. El abogado de la empresa argumentó que Musk había prometido ayudar a recaudar 1.000 millones de dólares, pero abandonó el proyecto cuando no se le permitió tener control total. "Lo dejó por muerto", sostuvo, y alegó que Musk solo demanda ahora que OpenAI resultó ser un éxito.
La demanda: 134.000 millones de dólares
En 2024, Musk presentó una demanda federal contra Altman, Brockman y Microsoft. Musk alega que la transformación de OpenAI traicionó su misión original de desarrollar tecnología de IA segura y de código abierto para el bien público, y no para el lucro privado. Sostiene que la empresa lucró indebidamente a partir de sus contribuciones, incurriendo en una violación de la confianza benéfica y en un enriquecimiento injusto.
El abogado de Musk dijo al jurado que el juicio demostrará que Altman y Brockman aprovecharon el dinero, la reputación y la orientación de Musk para poner en marcha OpenAI, para luego abandonar sus principios y capitalizar el proyecto para beneficio propio. Alegó que Microsoft fue cómplice cuando inyectó 13 mil millones de dólares a OpenAI a partir de 2019.
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El juicio en curso y lo que está en juego
Musk subió al estrado el 28 de abril como primer testigo. Exige el pago de USD 134.000 millones en indemnizaciones, la destitución de los máximos responsables y que los beneficios de la empresa pasen a su brazo benéfico. Sus palabras ante el jurado fueron directas: "No está bien robar una organización benéfica, esa es mi postura".
Las consecuencias van más allá de los montos económicos. Las ambiciones de OpenAI de salir a bolsa podrían desmoronarse si Musk gana el caso. Altman y Brockman podrían perder sus cargos, lo que allanaría el camino para que xAI, la empresa de IA de Musk, tome la delantera. Se espera que el jurado comience sus deliberaciones para el 12 de mayo.
