Triple lesbicidio en Barracas: los discursos de odio se cobran víctimas concretas

Se cumplieron dos años desde que un hombre le prendiera fuego a cuatro lesbianas que eran sus vecinas en un hotel familiar. Tres de ellas murieron, una sobrevivió para convertirse en querellante de la causa que llega a juicio oral el 18 de mayo. El barrio de Barracas hizo memoria por Pamela, Roxana y Andrea, asesinadas por lesbianas en 2024.

06 de mayo, 2026 | 21.27

La memoria reciente tuvo la forma de una columna que serpenteó entre los autos y terminó cortando una de las manos de la Avenida Montes de Oca, en el barrio de Barracas, al sur de Buenos Aires. El canto que marcó el ritmo de esa marcha de un centenar de personas apeló a los vecinos y vecinas: “no sean indiferentes, mataron a lesbianas en la cara de la gente”, decía para marcar en el día en que se cumplieron dos años desde que un hombre echó suficiente combustible en el cuarto en el convivían cuatro lesbianas, Andrea, Sofía, Roxana y Pamela, para quemarlas hasta la muerte. Sólo Sofía sobrevivió, para ella, desde el megáfono, se pidió “reparación”.

La escena de terror sucedió en un hotel familiar, una vieja casona cuya dueña nonagenaria conservó después de heredarla, memoria también de un barrio de migrantes y fábricas que fueron quebrando como Alpargatas o Bagley y ahora se se rinde a la gentrificación. El hotel Canarias está rodeado de bares similares a tantos otros, con sus luces colgando en las veredas. Habitaciones pobres para gente pobre: los dos tachos de basura de la cuadra siguen clavados frente a esa puerta donde nadie es propietario, donde el 6 de mayo de 2024 una vecina se paró para decir frente a la cámara de Crónica Tv que había sido un hombre el que había prendido fuego a cuatro mujeres porque eran lesbianas; aunque tuvo que pedir ayuda para pronunciar la última palabra.

Este contenido se hizo gracias al apoyo de la comunidad de El Destape. Sumate. Sigamos haciendo historia.

SUSCRIBITE A EL DESTAPE

“En este barrio mataron a cuatro lesbianas, las mataron porque eran visibles, porque vivían juntas, porque eran pobres”, se repitió desde el único megáfono, para narrar lo que en 2024 se fue reconstruyendo después del primer impacto, “tres mujeres incineradas por una pelea entre vecinos”, había sido el guion inicial. Pero esa palabra escuchada en un canal de televisión movilizó a muchas que fueron al hotel a preguntar, que supieron así que Fernando Barrientos ya las había hostigado, que les decía “engendros”, entre otras palabras despectivas, que le molestaba que se rieran, que fueran cuatro en una misma habitación ¿qué hacían cuatro lesbianas con una sola cama?

Barrientos, un jubilado gastronómico, convirtió en acto discursos de odio que ya se habían escuchado suficiente desde que Javier Milei se había convertido en presidente. Que ser homosexual era como tener piojos, como había dicho la entonces canciller Diana Mondino, que eran “personas enfermas y autodestructivas”, tal como describió sin re preguntas Nicolás Marquez en una radio, presentado como el biógrafo del presidente. O que daba dolor de estómago ver a personas del mismo sexo besándose, frase repetida del economista que entonces era parte de los preferidos de Milei, Carlos Rodriguez. La violencia “anti woke” estaba habilitada y en mayo de 2024 se cobró tres víctimas.

Desde Plaza Colombia, en el centro elegante de Barracas, hasta el hotel Canarias, los nombres de Roxana, Pamela y Andrea se fueron repitiendo, se dijo “¡Presente!” cada vez para recordarlas, la palabra “lesbicidio” estaba anotada en los carteles que llevaron les manifestantes, una palabra necesaria para nombrar una violencia letal destinada a aniquilar a cuerpos en particular, a sus formas de vida, a sus vínculos otros. La pregunta sobre la única cama en ese cuarto compartido es para meter el dedo en la llaga del imaginario del odio que no concibe la identidad lesbiana más que como una práctica sexual a la que le falta algo, la heterosexualidad obligatoria.

“Roxana Figueroa, Pamela Cobbas, Sofía Castro Riglos y Andrea Amarante eran lesbianas pobres, habían vivido en la calle, este cuarto había sido su refugio”, se dijo en la puerta del hotel donde se prendieron velas en memoria de las tres asesinadas. En los paradores se las separaba porque si eran lesbianas no podían estar juntas, denunciaron una vez Sofía y Andrea, seis meses antes del crimen de Barrientos, en una fiscalía de la Ciudad como una forma de maltrato que también incluyó un abuso sexual, una denuncia que quedó en nada. Sofía Castro Riglos, la única sobreviviente es ahora también la única querellante en el juicio que se va a iniciar el 18 de mayo y estará a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°5 de Capital Federal, presidido por el juez Adrián Augusto Pérez Lance. Su abogada, Luciana Sánchez, logró que se la reconozca como querellante también en nombre de Andrea, su pareja, vínculo que el juez de primera instancia negaba por no estar casadas ni tener un certificado de convivencia ¿cómo tenerlo sin un domicilio? ¿cómo tenerlo cuando el fuego letal que inició Barrientos se llevó a sus amigas, a sus cosas, a todo lo que tenía y amaba?

En el juicio se espera que también se reconozca que “fue lesbicidio”, tal como lo califica el artículo 80 inciso 4°, del Código Penal, que es el homicidio agravado por odio, en este caso por orientación sexual. Esa demanda atraviesa el activismo que sostiene la memoria de estas cuatro lesbianas, no sólo por el tamaño de la pena para el perpetrador, sino para que se entienda que hay una violencia estructural contra las lesbianas -y otras identidades disidentes- que se exacerba cuando los discursos de odio son avalados desde la propia presidencia de la Nación. Fue después de ese discurso homofóbico en Davos -que encendió una gigantes movilización del Orgullo Antifascista y Antirracista- que la casa de una familia de lesbianas en Cañuelas fue prendida fuego por otro vecino, por mencionar un hecho entre tantos que dan cuenta que no se trata de “formas”, como a veces se pretende. Se trata de palabras que incentivan la violencia, que vuelven sentido común que algunas vidas valen más que otras.

Acá vamos a estar cada 6 de mayo, para recordar que en este barrio, en 2024, los discursos de odio alentaron a un hombre que le prendió fuego a cuatro lesbianas”, se escuchó desde el megáfono cuando la marcha se metía en calles más pequeñas de Barracas, un compromiso que se selló con una cuerda de tambores que no dejó lugar para ninguna indiferencia.

MÁS INFO
Marta Dillon